“Saca tus cosas o te las saco yo rapidito”: El indignante desalojo de jóvenes venezolanos en Argentina

Alfredo Reverón y Kevin Moreno, dos jóvenes venezolanos de 22 años de edad que emigraron a Argentina como muchos, buscando un mejor futuro. Pero este lunes, vivieron un episodio donde la agresión se hizo presente: fueron desalojados de la peor manera por María Esther Sosa, ciudadana de nacionalidad paraguaya, propietaria del lugar donde alquilaban desde hace más de un año en Acoyte 735, en la Ciudad de Buenos Aires.

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Jóvenes venezolanos en Argentina

No se trató de un acto de xenofobia sino de un hecho individual “una persona que agredió a otra persona”, esto lo recalcaron Alfredo y Kevin en varias ocasiones, dejando muy en claro que el trato para los extranjeros en Argentina ha sido increíble y muy receptivo en todo momento.
Según cuentan los chicos, la mujer habría llegado molesta porque llevaría a otro joven a ver las instalaciones y aunque no avisó previamente, se “descontroló” al encontrar supuestamente cosas fuera de lugar.  “Llegó y vio en el living una computadora que no era de nosotros, preguntó de quién es, y le respondimos que no era nuestra. Ella agarró todos los elementos que encontró de la computadora que era de uno de mis compañeros y la estrelló contra la pared del pasillo. La computadora quedó toda rota”, detallaron.

Momento de tensión para los jóvenes venezolanos en Argentina

Alfredo en ese momento tenía una ropa en el suelo porque estaba preparando para lavarla, y eso fue lo que rebosó el vaso de agua para que Sosa empezara una serie de insultos y agresiones contra él, mientras que la única respuesta de los chicos fue que no les gritara que podía pedir “por favor” que recogieran la ropa si venía alguien de visita y no pasaba nada; pero esto la puso peor.

Las agresiones y humillaciones de la dueña hasta el último minuto

La mujer valiéndose de la propiedad que tenía en la casa lo agredió. “Me agarró por el brazo, me sentó en la cama y me jaló por el cabello y me dijo que ella era la que mandaba”, en ese momento el joven venezolano solo pensó en grabar la situación con su celular para guardar las evidencias del maltrato que estaba sufriendo y poder denunciar lo sucedido.

“Prepara tus cosas pendejo de mierda y largate de mi casa. Prepara todo o te saco todo rapidito yo… Este es un puto de mierda por eso es así. Apúrate y largate de mi casa, a mí nadie me falta el respeto en mi casa, me están volviendo loca porque no les importa un carajo. Hoy me dijo que les diga que por favor para que limpien la pieza, así me dijo. Seguí jodiendo y te tiro todas las cosas por la ventana, ojalá te salga cáncer en la garganta por ser hijo de mil putas. Te dije que te callaras”, fueron apenas algunos de los insultos que gritó la mujer mientras les tiraba las cosas a la calle.

No eran los únicos

En total eran cinco los jóvenes que vivían en ese departamento, y estaban organizados con un listado para turnarse la limpieza. “Como no le gustaba como limpiábamos y nunca quedaba conforme, le propusimos que ella se encargara de esto y le pagamos. Pero cada vez que venía a limpiar había un problema, se quejaba del desorden que según encontraba. Ella tiene un carácter poco manejable como pudieron ver, de hecho todos los demás se iban a la calle cuando ella venía, el único que se quedaba ahí dando la cara era yo”, puntualizó Alfredo.

“La relación con esta persona comenzó muy bien, compartimos, le enseñábamos de nuestra cultura,  le hacíamos arepas, nuestra comida, y muchas veces era ella que nos invitaba. Pasaba a limpiar  los viernes o sábados y nos cobraba un adicional por eso”

 No hubo un antecedente con ellos, pero sí con otros compañeros de casa que tuvieron que presenciar y donde siempre eran los que trataban de mediar para evitar problemas mayores y por ser solidarios. “Pero ese tipo de acciones no las toleramos”, sentenciaron.

También contaron las agresiones y discriminación que sufrió otro de los residentes del lugar por su inclinación sexual. Desde hace al menos cuatro meses sentían una tensión en el departamento por las quejas constantes de la señora y las incomodidades por sus tratos. Sin embargo, directamente no habían tenido ningún altercado hasta este lunes.

“Estoy preocupado más por mis amigos que siguen allí, no tienen dinero, no tienen ayuda, nada. Con todo esto que estamos haciendo, queremos crear una cuenta para poder reunir el dinero suficiente para sacarlos de allí”, expresó con la voz entrecortada Alfredo.

 

Denuncia en la Fiscalía

“Algo que nos enseñaron en nuestras familias desde pequeños es no agredir a una mujer”, resaltó Kevin y por esta razón decidieron simplemente grabar el hecho y salir del lugar.

Cuando ya estaban fuera de la casa, acudieron a la policía y recibieron asistencia inmediata del 911 y les ayudaron a bajar sus cosas. “La policía nos ayudó a llevar todas las cosas a la comisaría donde pusimos la denuncia. Estuvimos desde las seis de la tarde hasta la una de la mañana esperando”.

Además de todo el apoyo que recibieron por las redes sociales y medios de comunicación, Dennis Portillo, abogado venezolano en Argentina les tendió la mano sin costo alguno. Esto con la total disposición de hacer justicia porque un desalojo de esta forma y más en medio de la pandemia cuando existe un decreto de prohibición de desalojos en todo el territorio argentino.

Introdujeron la denuncia tanto en la policía de la Ciudad, como en la Defensoría del Pueblo y ahora esperan que la dueña se disculpe públicamente. Además que puedan recuperar el dinero que pagaron por adelantado.

“Nos dijeron que lamentablemente no hay contrato de por medio lo que dificulta un poco las cosas, pero se comprometieron en hacer todo lo posible para ayudarnos. Con la denuncia no queremos ir en contra de esta señora, sino evitar que a otras personas les siga pasando. Solo queremos que se disculpe públicamente y aprenda a tratar a las personas”, recalcaron.

Maletas llenas de sueños

Hace más de dos años, Alfredo emigró al país sureño. Luego al tiempo, llegó Kevin y se unió a este camino de buscar oportunidades en una tierra ajena a la que los vio nacer. Son amigos de toda la vida, de esos amigos que se convierten en familia; afrontaron el reto de emigrar juntos, y ahora les tocó afrontar un episodio difícil pero lleno de lecciones.

Ambos tienen planes de estudiar en este país que los ha recibido de la mejor manera, y aunque la pandemia ha retrasado un poco los planes, siguen con todas las ganas de trabajar duro por lograr todos los sueños que se plantearon a la hora de salir de Venezuela.
Kevin trabaja actualmente como asistente de cocina y Alfredo como repartidor, quién está pronto a presentar el examen de admisión para ingresar a la universidad y dedicarse al periodismo deportivo que ha sido su meta desde que pisó la tierra dónde el fútbol es casi una religión.

“Cuando estás en el extranjero solo empiezas a extrañar mucho a tu familia. Espero en algún momento reencontrarnos con ellos y contarles todas las enseñanzas y éxitos que hemos tenido acá”. La mejor parte de todo esto ha sido ver en cada mensaje la solidaridad de tanta gente que se ha ofrecido a tenderles la mano en este duro pero aleccionador momento para los jóvenes venezolanos en Argentina.

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