Día 165: La historia detrás de una cola para surtir gasolina en Venezuela

Para ningún venezolano es secreto que, Venezuela, un país rico en petróleo e hidrocarburos, esté pasando una situación sin precedentes con el combustible. Esto ha generado caos, reventas de este y colas de hasta cinco días para poder abastecerse, sobre todo los transportistas. Los cuales, son los que ven afectado su día a día por esta situación con la gasolina.

Este es el caso de Wilmer Suárez, taxista y padre de: Luciano, 5 años de edad y Gael, 6 meses de nacido. Este padre de familia, se las ha visto difíciles para poder trabajar y llevar la comida a su casa, dado a que la problemática con la gasolina se ha agravado a tal punto de hacer colas por días.

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Cinco días, es lo máximo que ha durado este padre de familia en una cola para poder tener la materia prima de su trabajo, el combustible. Noches sin poder dormir bien, solo como único lugar para poder descansar su carro. Y con un ojo abierto y el otro cerrado, no sabe en qué momento podía aparecer la delincuencia, debido a la soledad y oscuridad de la noche en el lugar.

Temor por contraer la COVID-19 en una cola

La cantidad de personas haciendo cola para abastecerse de gasolina, superaba las 300 y todos aglomerados en un lugar, compartiendo bebidas, comidas, jugando algún juego de cartas, sin algún tipo de distanciamiento social. Todo esto para que pase el tiempo rápido y les toque surtirse, sin medir las consecuencias de estas actividades.

Situación a la que le tenía pánico Suárez, siempre estaba en su vehículo, encerrado y solo. Sólo pensando en sus hijos y en evitar a toda costa contagiarlos. Mas que todo por Gael, el pequeño de la casa, ya que los bebés son más susceptibles a enfermarse.

Pasar hambre para poder trabajar

Wilmer, nunca se esperó durar cinco días en una cola para poder tener con que trabajar. Se había llevado unas arepas, un termo de café y otros bocadillos que su esposa le había preparado, para sustituir las tres comidas diarias, mientras esperaba su turno. Ya para el tercer día, no tenía absolutamente nada que comer.

Encerrado en su carro con calor, el rugir de un estómago con hambre y con la esperanza de no perder todo el esfuerzo. Este padre, se apegaba a Dios de que tuviera clemencia y que pudiese ir a su casa con su tanque lleno, debido a que un camión del ejército llegó y anunció “no hay gasolina para nadie, lo que queda es para los funcionarios”.

Revendedores al asecho

No obstante, después de que los funcionarios al ver la molestia de todos los que esperaban su turno, cedieron y permitieron surtir. Los que no faltaban eran los vendedores informales que, apenas al empezar a surtir ya te empiezan a decir “véndeme 10 litros, te lo pago a dólar”, para estos luego revenderlos hasta el triple, tres dólares el litro.

Luego del mal rato de pensar que todo el esfuerzo de días de este transportista se iba a ir por la borda, sus oraciones fueron escuchadas. Y a la madrugada del último día, su carro fue anotado y surtido. Al fin iba a poder trabajar luego de casi dos semanas paralizado y poder llevar algo de comida a su casa. “Si no nos organizamos todos como venezolanos, seguiremos en esta situación. Primero fue la comida, luego el dólar paralelo, luego el agua, luego el gas y luego gasolina. ¿Qué más nos van a quitar para que reaccionemos de una vez y se acabe este sufrimiento para el que de verdad le quiere echar un camión de ganas?, enfatizó.

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