Día 221: Una hora de sexo para llevar comida a casa

El olor fuerte a una fragancia dulce, unas clinejas adornando el cabello, un short que deja ver mucho y una blusa de licra muy escotada es el uniforme que viste Estefanía desde hace cinco años.

A  Estefanía no le gusta que le pregunten porqué comenzó a vender su cuerpo, solo sabe que su mamá desde los 14 años, le decía que saliera a la calle a buscar comida y en esa “búsqueda” encontró una manera que la envolvió desde hace cinco años.

Tiene un hijo de dos años, quien debe mantener sola porque su novio al enterarse de su estado, desapareció y no volvió a saber de él. Su hermana lo cuida y se encarga de su atención la mayor parte del tiempo.

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Vender sexo

Prostitución es un término que procede del latín prostitutĭo. Se trata de la actividad que realiza la persona que cobra por tener sexo o intimidad con otros individuos.

La vida de Estefanía, una joven de 22 años, lleva en su día a día la marca del sexo a cambio de algo para su supervivencia. Sí, nada de lujos, todo lo que hace en el día le alcanza solo para comprar pocas cosas para ella y su hijo.

El hambre como sombra

Con 22 años, y una mirada llena de tristeza, esta muchacha habla del hambre como si fuera parte de su vida. Los días que ha pasado sin comer, las noches que se ha ido a la cama sin darle de comer a su hijo, son parte de su día a día.

Perdió la fe y las esperanzas en tener una mejor vida. Cada vez se vuelve más incrédula en pensar que puede ser una mujer exitosa que le de un mejor futuro a su hijo.

Ha tenido que aprender a pelear, usar navajas, cuchillos y tijeras para defenderse de cualquiera que quiera violentarla como ya en otras ocasiones le ha pasado. También para exigir su pago, después de haber culminado sus servicios.

Las miradas que juzgan

Todos los días, cerca de su lugar de encuentro y búsqueda de clientes, pasan personas de todo tipo, que lanzan miradas de reproche y con feas palabras denigran su cuerpo. Los hombres en su mayoría, le lanzan palabras de toda índole, desde jóvenes hasta adultos mayores, los cuales son crueles y muchas veces las maldicen con gritos diciendo “que Dios te perdone por lo que haces”, mientras Estefanía solo siente que Dios la olvidó hace mucho tiempo.

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