Crónica | De regreso a mi país 

El deseo por irse de Venezuela se convirtió en una urgencia para Ana Cristina Guzmán. Ella es una joven oriunda de Anzoátegui y que toda su vida ha conocido un solo sistema de gobierno: el chavismo; el mismo que le ha arrebatado los sueños de estudiar medicina y vivir feliz. 

De regreso a Venezuela. Foto: Cortesía

Tiene 21 años y nació bajo un régimen que ha hecho de su vida una realidad desesperada y sin esperanzas. 

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Ana Cristina se fue a Colombia en el 2017 con una tía materna y luego de un año en ese país, emigró a Ecuador por tener una mejor oferta laboral. Pero, las cosas no resultaron como pensó, el desempleo y falta de oportunidades la hicieron regresarse a inicios de 2.020 a Venezuela.

Una huida desesperada de Venezuela

“Me quiero ir de Venezuela”, era la frase que más repetía Ana Cristina a sus familiares y amigos. No poder seguir con sus estudios, y no tener los recursos económicos para estudiar odontología, fueron su principal motivo para huir. 

No contar con los servicios básicos estables, como internet, electricidad y agua constante, no ver un futuro con certeza, sentirse infeliz con lo que veía en la calle, la hacían sufrir constantes episodios de ansiedad, que la llevaron en varias ocasiones a padecer de enfermedades de la piel, caídas abruptas de cabello y pérdida de peso con regularidad. 

Tener un trabajo que solo le alcanzaba para un pequeño mercado, llegando a ser una carga para su familia y no el apoyo que quería. No poder salir con sus amigos o simplemente no poder llevar una vida de joven normal, hicieron que Ana Cristina, en contra de la voluntad de su madre, decidiera irse vía carretera a Colombia. 

El regreso a casa

Tomar la decisión de irse es tan importante y crucial como la de regresarse. Los que se van de Venezuela, no salen en su mayoría por tener algo mejor esperándolos afuera. La mayoría se va sin tener una ruta clara, un lugar donde llegar o suficientes ahorros para mantenerse.

Ana Cristina, al verse a sí misma perdida y frustrada por no haber logrado lo que soñó, se cuestionó si realmente valía la pena regresar al lugar de donde salió huyendo. Pero su familia le insistió que era mejor estar con ellos, que en otro país, sin empleo y apoyo familiar. 

Extraña en su propio hogar

El inicio de la pandemia hizo de las suyas para que esta joven no lograra conseguir trabajo. Sentirse una carga nuevamente para sus padres, y no hallarse en su casa, ha sido de los retos más difíciles que le ha tocado superar. “En el proceso de volver a tu país de origen, se comienza echando de menos a la que fue tu casa, y que ahora no sientes ese lugar como tuyo”, reflexionó Ana Cristina. 

El retorno a Venezuela fue marcado por la emoción de reencontrarse con sus familiares y amigos (los pocos que quedan) y las primeras semanas fueron llevaderas y casi imposible de darse cuenta de las emociones que comenzaría a experimentar con el paso de los meses. 

¿Qué amistades me quedan? ¿Dónde están los negocios que solía visitar? ¿Cómo ha podido cambiar tanto la gente a la que amábamos? Todas estas preguntas, sumadas al hecho de que con el tiempo las personas de nuestro círculo social han ido desacostumbrándose a pasar tiempo con viejas amistades, comenzaron a rodear la mente de Ana Cristina, mientras pasaba por un proceso de adaptación que le costó mucho. 

El hecho de regresar al hogar y no sentirnos enteramente ni de un lugar ni del otro, hace que los sentimientos de esta joven, sean de desarraigo y la hacen readaptarse a la vida en el país que la vio crecer, aceptando cada uno de los desafíos que implica ser joven en Venezuela.

Redescubriendo sus raíces

Además, le ha tocado descubrir nuevas caras, nuevos rostros, aprendiendo que disfrutar de los tuyos y de los lugares que extrañabas, son tu mejor medicina para curar el desarraigo que puede quedarse en la piel de quien se va y le toca o decide regresarse a su patria. 

Para Ana Cristina, no fue fácil aceptar que regresar a Venezuela, era por ese momento su mejor opción, para mantenerse con salud y estabilidad emocional. Aunque sus deseos de irse a otro país aún permanecen en ella, su familia le ha devuelto la sonrisa y el ánimo de seguir adelante, ahora en su país. 

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