Vivir en un barrio: Sentencia de muerte para policías en Caracas

Vivir en un barrio se ha convertido en una sentencia de muerte para algunos funcionarios de seguridad. Tanto ellos como su familia terminan siendo víctimas del control absoluto que tiene el hampa en las zonas populares de Caracas.

Según estadísticas internas de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), 78 % de los funcionarios pertenecientes a ese cuerpo policial habitan en barrios o sectores humildes.

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Esto significa que la mayoría de los policías y sus parientes se encuentran a merced de los delincuentes que controlan los barrios donde viven.

Jhonny era un oficial agregado de la PNB. Él tuvo que irse de su casa. Abandonar el hogar donde creció, y llevarse a su mamá y su esposa a «vivir arrimados» en la casa de un amigo, porque si no lo hacían los matarían a todos.

El funcionario policial vivía en el barrio Primero de Mayo de El Cementerio. Transcurrían los días de abril del 2018 cuando un grupo de hampones lo vieron volver de su trabajo. Aunque estaba de civil, portaba unas botas policiales negras. Detalle que llamó la atención de los delincuentes.

Ocultos

En un bolso llevaba su uniforme y su arma orgánica, pues por seguridad desde el 2015 les prohibieron vestir el uniforme fuera de la guardia, tal como contó.

Los sujetos lo sometieron y le registraron el bolso. Cuando se dieron cuenta  de que era policía lo golpearon, le quitaron el arma y lo amenazaron.

«Si no te vas de aquí te matamos a ti y a toda tu familia, sapo». Esas palabras quedaron grabadas para siempre en la mente de Jhonny, quien negado a abandonar su casa llamó a sus jefes superiores para pedir apoyo policial. La respuesta fue negativa.

«No podemos subir para allá, tú sabes que no nos dejan», le indicaron ante la solicitud.

Sin protección

Totalmente desprotegido, a Jhonny no le quedó más alternativa que agarrar lo poco que podía y salir de inmediato, porque estaba seguro de que los delincuentes cumplirían su cometido.

Esta suerte no la corrió El detective del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), Deivis Quintero, perteneciente a la División Contra Bandas.
Su madre vive en la calle 2 de la parroquia El Valle, y comúnmente iba a visitarla. Los azotes que controlan la zona sabían que Deivis pertenecía a la policía científica y ya le habían dicho a su madre que si lo veían lo mataban.

El 10 de abril del 2020, que casualmente era Viernes Santo, el oficial fue a casa de su madre. Estaba en el balcón del segundo piso de la casa armándole un papagayo a su sobrino cuando varios pistoleros de la banda del “Loco Leo” lo vieron.

Los delincuentes Ingresaron al inmueble y lo sacaron a la fuera. Su familia les rogó que no le hiciera nada, pero los hampones estaban decididos.

Se lo llevaron hasta un sector conocido como La Vuelta del Beso, en El Valle. Allí le dispararon hasta matarlo, y luego arrastraron su cadáver a otro lugar.

El hampa es la autoridad

Según el abogado penalista y experto en temas de violencia afirma que esta problemática es una muestra de cómo el aumento del poder criminal en las barriadas ha afectado a todos sus habitantes, incluyendo, incluyendo aquellos que forman parte de organismos de seguridad.

«Muchas veces no es del agrado de los delincuentes que los funcionarios vivan o visiten a familiares en esas zonas, y eso responde al hecho que las bandas son la verdadera autoridad», dijo Izquiel.

Muestra de esto fue lo ocurrido la mañana y tarde de este 30 de mayo, cuando varios sujetos pertenecientes a las bandas de la Cota 905 ingresaron a la vivienda de un funcionario en la parroquia La Vega para amedrentarlo.

Al policía lo golpearon y a su madre se la llevaron secuestrada bajo amenaza de muerte. En esta ocasión el funcionario pidió apoyo y varios vehículos blindados de la Unidad de Operaciones Tácticas Especiales (UOTE) incursionaron en la zona.

Luego de un enfrentamiento los funcionarios lograron rescatar a la víctima, pero tanto el policía como su familia tuvieron que irse de la zona.

El especialista afirma que desde hace cinco años viene en aumento esta práctica contra los funcionarios, y está estrechamente ligada a la consolidación de las organizaciones delictivas.

Núcleos delictivos

Según fuentes policiales, luego de que las casas quedan solas son tomadas por los delincuentes como núcleo para el secuestro, almacenamiento de armas, municiones y sustancias estupefacientes.

«Depende de donde están ubicadas, si están en zonas estratégicas puedes ser usadas como ‘neveras’ para mantener a personas en cautiverio, garitas de vigilancia».

Soluciones

Izquiel afirmó que la única solución para ponerle fin a esta problemática es que exista una voluntad política y unos cuerpos policiales fortalecidos para enfrentar el poderío de estos delincuentes y devolverles la tranquilidad a los barrios.

Otro factor necesario de reparar es la condición socioeconómica que viven los funcionarios en el país. «Los policías venezolanos son los peores pagados del mundo, con un sueldo de tres dólares al mes», sentenció el especialista.

Mientras no se tomen medidas oportunas los policías seguirán siendo víctimas del hampa. Según la Organización Monitor de Víctimas, desde abril del 2017 hasta abril del 2021 han sido asesinados 137 funcionarios en Miranda y Distrito Capital.

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