La historia de Zaimar: La adolescente hallada muerta dentro de una maleta en Quinta Crespo

A sus 17 años Zaimar Estefany Durán Montilla pasó a formar parte de la lista de víctimas mortales que dejó el accionar de las megabandas de la Cota 905.

Zaimar
Foto: Referencial

Su cuerpo lo encontraron con un tiro en cabeza en el interior de una maleta, abandonada en un basurero adyacente al mercado de Quinta Crespo, en pleno centro de Caracas.

Ahora es noticia: Esclavitud moderna: Así reclutaban a niños y adolescentes en las bandas de la Cota 905

Zaimar creció viendo como la delincuencia se apoderaba del sitio donde vivía, la calle León de El Cementerio. La ausencia del Estado, la falta de oportunidades y de educación terminaron llevándola al camino de crimen organizado.

Según una investigación de la organización venezolana Cecodap, En las zonas de La Vega, El Cementerio, la Cota 905 y El Valle muchos niños, niñas y adolescentes resultaron víctimas de un reclutamiento forzado por parte de las bandas que controlaban esos sectores.

Zaimar formó parte de esa realidad. Tanto a ella, como a muchos otros más les ofrecían «beneficios» por formar parte de las bandas y servir para tareas como: «mandaderos», «gariteros», «traficantes» y «malandros». Ella pertenecía al tercer eslabón de esa mafia, los traficantes.

Cota 905

El principal anzuelo para convencerlos era la oferta de dinero semanal en divisas, con los que pudieran cubrir sus necesidades reales o percibidas, y «protección» en la lógica de la ley del más fuerte.

Realmente esos niños, niñas y adolescentes acababan sumidos en un mundo violento, del que si salían terminaban muertos, y si no, muy probablemente también. Literalmente eran esclavos del hampa.

El trabajo de Zaimar

En la organización la conocieron porque acudía a las fiestas que hacía El Koki. Sus allegados la recuerdan como una jovencita de piel morena, cabello negro y muy guapa; no pasó mucho tiempo para que llamara la atención de la banda.

Su tarea básicamente era traficar droga, armas y municiones a cárceles, y centros de detención.

El 19 de octubre del 2017 Zaimar llamó a su madre. Le contó que estaba en un problema y que no podía volver a casa. Los rumores en el sector aseguraban que la mandaron a llevar un cargamento a una cárcel, y no regresó ni con el dinero ni con el cargamento. Por esa razón los delincuentes de la banda del «Koki» la estaban buscando.

Cota 905. Foto: Cortesía. Referencial.

Durante dos días su familia se mantuvo preocupada; no sabían nada de su paradero. La mañana del sábado 21 de octubre se enteraron de su muerte a través de redes sociales.

A eso de las dos de la madrugada de ese sábado, un indigente hurgaba entre los desechos de uno de los contenedores de basura ubicado frente al mercado de Quinta Crespo.

La maleta

Fue él quien notó la maleta. Quizás habría pensado que se había hecho el día, y que la valija tenía algún objeto de valor. Por eso decidió agarrarla, pero su peso llamó la atención.

Cuando la rodó vio que del equipaje escurría sangre y se aterró. Fue hasta una comisión de PoliCaracas que estaba apostada cerca del lugar, y cuando los funcionarios abrieron la maleta encontraron el cadáver.

El cuerpo de la adolescente estaba desnudo. Sus piernas fracturadas. Sus manos amarradas con un cable, y una mordaza cubría su boca. En su frente presentaba una herida por arma de fuego que daba cuenta cómo la mataron.

Zaimar
Foto: Referencial

Los funcionarios de PoliCaracas se comunicaron con el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), quienes se acudieron al lugar e hicieron el levantamiento del cadáver.

La noticia del hallazgo llegó a los medios de comunicación, que de inmediato publicaron el horrendo hecho. Fue así que se enteró la familia; y aunque muchos en la Cota 905 sabían lo que había pasado, nadie se atrevió a decir nada, y mucho menos a denunciar.

Una realidad latente

Aunque las bandas de la Cota 905 ya fueron desarticuladas, los motivos que llevaron a esos niños y adolescentes a formar parte de esas organizaciones siguen latentes.

No se tiene estadística de cuántos menores de edad fallecieron a manos de estas bandas, o durante los enfrentamientos con la policía.

La pobreza, el hambre, la falta de educación y de otras oportunidades continúa siendo una realidad en esos sectores populares, y aún más si el Estado venezolano no crea políticas para evitar que ese escenario se repita.

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