Formemos alianzas para la naturalización: El espacio público y la juventud de la comunidad LGBTIQ+

Los miembros, aliados y activistas de la comunidad LGBTIQ+ deben luchar por la naturalización de la diversidad sexual, en los diferentes ámbitos de la vida pública. En miras a garantizar el disfrute pleno de los derechos humanos de todos, todas y todes, sin importar su orientación sexual, identidad de género y forma de expresión.

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Durante décadas, hemos conversado sobre la inclusión de la diversidad sexual, también hemos sido protagonistas de procesos de integración, considerados por algunos, como una evolución positiva de la sociedad. No obstante, debemos hablar es de la naturalización, y esto tiene que partir de un proceso educativo que se geste en los diferentes espacios de la vida pública. Espacios donde se cuente con la participación de los jóvenes, como promotores de cambio.

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Naturalización de la diversidad sexual

En la sociedad actual, heteronormada, es usual calificar a las personas con etiquetas sociales, relacionadas con su expresión, identidad y sexualidad. A ello, se le suma un panorama donde se habla de igualdad, tolerancia, respeto y aceptación. Esto es irrisorio, porque ambas nociones no congenian, especialmente, cuando se observa la realidad de la comunidad LGBTIQ+, concebida por algunos como un rompimiento de lo normal. Por tanto, esas etiquetas dejan en evidencia la desigualdad social que impera hoy en día, enfocada a la sexualidad y al género.

Lo correctamente “normal”, es un constructo social que se ha formado y legado durante generaciones. Todo aquel que rompa con el canon establecido, se convierte en partícula, expuesto a una gran diversidad de eventualidades como el silenciamiento, la marginación y la humillación. En consecuencia, referirse al respeto a la dignidad humana, es una gran elocuencia. Además, si se incluyen las luchas sociales para la inclusión y el disfrute pleno de los derechos humanos, se observará que todavía hay mucho camino por recorrer, pero no por la inclusión, sino por la naturalización.

Para alcanzar la naturalización de la diversidad sexual es imprescindible que los jóvenes, como actores y gestores del presente y del mañana, formen alianzas sólidas con las diferentes figuras que conforman el espacio público. También que, a su vez, compartan su visión de futuro, valores y creencias, en un proceso activo de desconstrucción social.

LGBTIQ+

La juventud de la comunidad LGBTIQ+ tiene un compromiso consigo misma y con los demás miembros de su colectividad, sincrónico y diacrónico, sobre todo en Venezuela. No solo es por el matrimonio igualitario, la identidad de las personas trans, la adopción de las familias homoparentales, sino por una sociedad segura para aquellos que rompen con el sistema de la heteronorma. No obstante, como colectivo social, para generar el cambio, se requieren de aliados que ayuden en su proceso de planificación y operacionalización.

Con base a lo anterior, los aliados tienen que pertenecer a los diferentes espacios públicos. Esto ayudará a que los proyectos y políticas públicas, que puedan surgir, tengan un resultado positivo y un alcance masivo.

Al materializar un capital social entre las instituciones del Estado, las organizaciones de la sociedad civil y la empresa privada, con un enfoque de diversidad sexual y de juventud, se logrará transformar el pensamiento colectivo y las formas de expresión social.

La juventud es el motor de la sociedad. Para inspirar cambios y lograr la naturalización de la diversidad sexual (orientación, identidad, expresión…), hay que hacer redes con instituciones, organizaciones y empresas diversas. Esto permitirá que las personas actúen de manera conjunta y eficiente, para el logro de objetivos comunes, donde la dignidad humana es el epicentro.

La juventud es sinónimo de creatividad, comunicación, cambio y transformación. Por ello, para lograr la naturalización de la diversidad sexual, tienen que desarrollarse alianzas que promuevan la incidencia social, con situaciones relacionadas con la comunidad LGBTIQ+. Donde el mundo no tenga espacios seguros, sino que sea, en su totalidad, un lugar seguro; en sus diferentes dimensiones (educativa, social, económica, política, cultural…).

Jóvenes de la comunidad

La interacción entre los jóvenes de la comunidad LGBTIQ+ y el espacio público debe ser activa. Esto ayudará al desarrollo, proyección y alcance de cada política pública que pueda surgir. El mundo es una red social. Para lograr el empoderamiento de un colectivo, considerado negativamente como disidencia, hay que apostarle a ellas para:

1. Mejorar el diseño de políticas públicas de diversidad sexual con enfoque juvenil.

2. Reducir costos de inversión.

3. Lograr un enfoque integral para abordar problemas que una vez solucionados conlleven a la naturalización de la diversidad sexual.

Los jóvenes tienen voz y voto, son actores activos de la sociedad. La muestra de esto, la juventud de la comunidad LGBTIQ+, la cual lucha contra la marginación e invisibilidad de sus creencias, hecho legado durante siglos. Aquí la libertad y la identidad han sido coaccionadas por una sociedad heteronormada, que rechaza a todo aquel que rompa con la masa social.

La juventud de la comunidad LGBTIQ+ está en el deber de defender sus derechos humanos y el de su colectividad, pero no por la inclusión, sino por la naturalización. Para lograrlo hay que afianzar las redes, donde participen los diferentes actores de la vida pública, por y para una mejor sociedad.

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