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Dosis de Amor, una porción de afecto para los pacientes oncológicos de Venezuela

Dosis de Amor es una fundación sin fines de lucro consolidada desde el año 2018, por su presidenta y fundadora Rosenny Liccioni, una mujer que decidió apostar por este proyecto luego de su experiencia personal con el cáncer.

De acuerdo con su testimonio, Liccioni fue diagnosticada con cáncer de mama en el año 2016 y luego de un proceso de tratamiento, recibió la noticia de su metástasis. Situación que la llevó a hacer «un pacto de amor con Dios en el que solo pidió tener un poco de calidad de vida».

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Tras varias experiencias con la realidad de los pacientes oncológicos, comentó que decidió emprender en esta iniciativa para ayudar a «sus compañeros de conquista de vida».

«En mis redes sociales siempre manifesté mi proceso. Un día hice un escrito solicitando ayuda solidaria para mis compañeros de conquista de vida a través de una dosis de amor. Y gracias al aporte de muchas amistades en el exterior, comencé de forma particular a llevar lo que denominé meriendas solidarias, a mis compañeros de oncología», comentó sobre los inicios de este proyecto.

Más tarde este esfuerzo se transformó en todo un equipo logístico con el aporte de un grupo de voluntarios que bajo la directrices de Liccioni, desarrollan diferentes campañas de apoyo a los pacientes con cáncer del país.

¿En qué consisten las campañas?

Dosis de amor desarrolla diferentes campañas de apoyo. Estas son algunas de ellas:

– Merienda solidaria. En esta campaña desarrollan jornadas para repartir alimentos a los pacientes oncológicos de distintos centros de salud de Caracas.

– Nutri amor. Se hacen entregas de insumos alimenticios para niños con condición crónica.

– Dosis de belleza. Con la finalidad de mejorar el autoestima de las pacientes, esta campaña recolecta y entrega, productos de maquillaje, accesorios, pelucas, etc.

«En esta campaña hemos contado con apoyos importantes como la del estilista Carlos Aguilar y Spa Manos», comentó.

– Galletazo navideño. A propósito del mes decembrina, la ONG asiste a las unidades oncológicas para la entrega de galletas y la realización de actividades logísticas en compañía de un santa, con la finalidad de regalar alegría.

Destacó otras asistencias a niños sanos, hijos de esas pacientes que reciben tratamientos, e incluso, animales.

«Asistimos directamente a los oncológicos del Domingo Luciani en El Llanito, el Razetti, Padre Machado, y en hospitales de Barinas, Barquisimeto, Guanare y Maracaibo. Pero además, asistimos a niños sanos, porque también ayudamos a esas madres que se paran a las cuatro de la mañana para agarrar un numerito para ser atendidas. Apoyamos a los niños de la Cínica Popular Lebrón de Petare, el Materno infantil de Petare, Hospital San José de Maiquetía, José León Tapia en Barinas y para niños en Barquisimeto. Así como en recolectas de medicinas para otras patologías como tensión o insulina», dijo.

Adicionalmente, y apropósito de la pandemia, la ONG han realizado entrega de insumos de bioseguridad. Entre estos: máscaras faciales, tapabocas, y productos de higiene.

Para Liccioni, la labor que hace desde Dosis de Amor, representa ese elemento de afecto y motivación que le ha ayudado a «eliminar el estigma de que el cáncer significa muerte«

¿Qué representa padecer de cáncer en Venezuela?

Liccioni aseguró que ser paciente oncológico en Venezuela «es muy difícil», puesto que no existen políticas públicas que garanticen el acceso a un tratamiento completo.

En este sentido, resaltó los altos costos que representa recurrir a medios privados para recibir tratamientos para esta condición

«Es duro porque lamentablemente no tenemos las políticas públicas en las que el paciente oncológico, como enfermedad crónica, el Estado le garantice el 100% de tu tratamiento. Si no se tiene el dinero para costearlo en el sector privado, por lo menos lo referente a radioterapias y quimioterapias, es complicado», expresó.

Destacó que de forma privada, los precios de una radioterapia «representan un exabrupto en el costo, que exceden incluso, los 3.000 dólares«.

Por otra parte, resaltó la calidad de servicio en esta materia en algunos centros públicos, como es el caso del también conocido como hospital de El Llanito.

«Sería hipócrita decir que la parte pública no funciona. Yo tengo cuatro años y 10 meses asistiendo al complejo hematológico de El Llanito y funciona al 100% y no es porque lo maneja el Estado, sino por la calidad y compromiso del personal que hay allí. A veces no hay los insumos y ellos te avisan. Sin embargo, es bien sabido que en otros hospitales con este servicio, el personal no trata de manera adecuada al paciente», señaló.

Escasez de insumos

También, se refirió a la escasez de insumos que requieren en las farmacias del Seguro Social.

«Hemos tenido momentos críticos porque lo que es la farmacia del Seguro Social muchas veces no cuenta con los medicamentos que se requieren y que tienen gran demanda para nuestro tratamiento. Por lo menos ahorita no hay radioterapia y hay todo una lista de personas en espera», informó.

Además, lamentó la labor de algunas ONG afines a esta causa, sobre las cuales aseguró, que las ayudas no son ciertas.

«Esas famosas ayudas de ONG son mentira. Los aportes de ONG como Senos Ayuda, Senos Salud, llega solo a un sector. Son personas que no se acercan a un oncológico para ver la realidad que hay. Esta enfermedad no es tan rosa como lo pinta el mes. A esas organizaciones las invito a ir al oncológico y patrocinar a unos 15 pacientes y pagarle estudios de hematología por ejemplo, para que puedan recibir radioterapias», manifestó.

¿Cuáles son los requerimientos de un paciente con cáncer?

La activista comentó que un paciente con cáncer, requiere realizarse constantemente una serie de estudios que representan un alto costo en el país.

«Nosotros como mínimo debemos hacernos exámenes de sangre cada 15 días y un perfil 20 que da un promedio de 25 dólares semanales. Pero además, cada tres meses debemos realizarnos radiografías, resonancias y tomografías», dijo.

En este sentido, lamentó las condiciones del sector salud venezolano, que no cuenta con las disponibilidad de equipos para realizar los estudios pertinentes.

«Si en la parte pública funciona algún tomógrafo, no tiene el contraste y resulta que llevarlo cuesta de 120 a 160 dólares. Es la rutina para poder colocarnos radioterapias o quimioterapias», aseveró.

Además, destacó gastos adicionales como los representados por el pasaje o alimentación que necesita un paciente oncológico para llevar a cabo su tratamiento.

«Muchos compañeros van al oncológico con una botella de agua porque no tienen para cubrir la canasta alimenticia. Para nadie es un secreto que la alimentación es fundamental en esta condición. El coronavirus no conoce de cáncer. Es una enfermedad compleja», concluyó.

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