viernes, julio 19

En un tablero de Dominó, La Democracia fue el centro de Discusión.

Jugaron dominó mientras discutían sobre la forma de gobierno con mayor popularidad y ejercicio en el mundo contemporáneo, la democracia. Eso pasó el 25 de abril entre la socióloga Colette Capriles, el politólogo Oscar Vallés y su colega John Magdaleno, con la compañía de Willy McKey en la conversación, todo gracias a “Proyecto Base” y su evento “D*: Un dominó sobre la democracia”.

Si de algo se encargaron estos tres intelectuales venezolanos, fue de derrumbar mitos sobre la democracia, esa cultura que parece extraviada en Venezuela, sobre la cual tienden a oírse clamores desde distintos sectores políticos para que vuelva, se profundice o inclusive emerja por primera vez según la perspectiva de algunos. Y es que de esto se trata la democracia, del pluralismo, de contrastar distintas visiones sobre el mismo fenómeno con la garantía de la coexistencia y el reconocimiento; del derecho de participar cívicamente en elecciones libres, directas, secretas y universales, pero también se trata de la posibilidad de competir por el ejercicio del poder en consonancia con el beneplácito de las mayorías, reconociendo siempre a las minorías, aun cuando estas parezcan no coincidir. Se trata, al mismo tiempo, de la alternabilidad al frente de los cargos como herramienta para limitar las hegemonías; implica la existencia de instituciones capaces de brindar soluciones efectivas a los ciudadanos, que las mismas respeten la esfera privada sin invocar la colectividad impuesta como modelo.

En el debate, intenso por momentos, saltaban obras clásicas, autores como Juan Linz, Robert Dahl, David Held y Giovanni Sartori, frente a una audiencia compuesta en su mayoría por jóvenes interesados en esta gran empresa que necesita de todos: la construcción de una convivencia democrática.

Al trasladar la discusión al entorno venezolano, fue Colette Capriles quien concluyó que si algo se le puede criticar al período de gobiernos civiles entre 1958-1998 fue la acumulación de bondades y derechos atribuidos a la democracia al punto de cubrirla de un manto de omnipotencia, amén de que en su opinión no existen los pueblos democráticos, atribuirle esa categoría a poblaciones como las latinoamericanas que al mismo tiempo comparten cierta creencia en que las dictaduras tienden al desarrollo y al combate de la corrupción, es un mito.

El jefe del departamento de Estudios Políticos de la UNIMET, Oscar Vallés fue categórico al plantear que la democracia no es un ser racional o una institución todopoderosa, sino que es la más compleja forma de gobernar una sociedad, porque en lugar de callar voces, las trata de visibilizar, también la que ha demostrado mayor afinidad con economías sanas y sistemas de justicia competentes.

John Magdaleno concluyó con que la democracia cuenta con tanta legitimidad en la actualidad, que hasta los líderes autoritarios se proclaman como democráticos. Lo que dejó a los asistentes con la duda sobre el caso de Venezuela, donde la palabra democracia es tan usada por los gobernantes de turno como por los dirigentes que se le oponen.

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