Violencia psicológica: Insultos que lastiman

Son muy pocas las personas que denuncian formalmente el maltrato psicológico, quizás sea porque lo tangible tiene mayor credibilidad. En efecto,  las  lesiones corporales cometidas a una persona- sea hombre o mujer- son evidencia de maltrato, pero está no es  la única forma de violencia.  ¿Qué ocurre en aquellos casos donde la amenaza,  acoso y  el daño son dados  mediante “inocentes” conversaciones? ¿Qué sucede cuando una persona que parece inofensiva despliega todo su poder para lastimarte?

Violencia psicológica. Foto: Cortesía

Nuestra sociedad actualmente no comprende estos términos, y mucho menos los  encargados de ejercer la justicia en el país. La violencia psicológica para muchos es una “ridiculez” considerada como un delito desmedido, exagerado o irrelevante. Frases como “ahora todo es violencia en esta generación de cristal”. Nos llevan a inferir que nos falta aún mucho por avanzar, primero como personas y luego  como  garantes de la justicia –en el caso de los profesionales del derecho-.

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Como seres humanos en cualquier relación afectiva es normal que se discuta, y a veces, exaltadamente se generen ofensas. Pero, por lo general son casos esporádicos que terminan en conciliaciones y compromisos para mejorar.  La violencia psicológica es muy diferente. Este tipo de violencia es cotidiana, persistente, sutil. Los agresores usan como armas a las palabras, las miradas, los mensajes y los gestos.

Estos abusos, la mayoría de las veces pasan casi imperceptibles, pero cada insulto y cada humillación dejan su traza emocional, pues están destinados a negar la manera de ser del otro, a denigrarlo, someterlo, menguar  su autoestima, a  simplemente maltratar. El objetivo de los maltratadores es poseer el control y poderío de su víctima mediante ataques emocionales.

En otras palabras, las agresiones psíquicas son sutiles, no dejan huellas aparentes, pero afectan gravemente a la víctima.  Es verdad, que no son tan  visibles como el maltrato físico -aunque uno lleve al otro, e incluso  se puedan cometer ambos simultáneamente- , pero los síntomas son tan evidentes como las lesiones físicas, y suponen un peligro para la salud mental de las víctimas, ya que las secuelas psicológicas suelen perdurar mucho tiempo  e incluso de por vida, por lo que exigen un tratamiento psicológico extenso para su curación.

De acuerdo con la psicóloga Magdymar León, la segunda más relevante forma de agresión contra la mujer venezolana suele ser la psicológica, que implica desde humillaciones verbales hasta situaciones más complejas como manipulación, chantaje,  extorsión, e inducción al suicidio. Ante un caso de violencia de psicológica se planten muchas dificultades  en la carga de la prueba, siendo en la mayoría de los casos  limitada solo al testimonio de la víctima, sin embargo, los órganos competentes deberían de realizar un examen psicológico al respecto.

Resulta muy angustiante que actualmente nuestra sociedad  niegue o  minimice el maltrato psicológico, lo normaliza y no lo exterioriza como un crimen. Por ello, es sumamente difícil que sean enjuiciados estos delitos, a pesar de estar tipificados en nuestro ordenamiento penal desde ya hace varios años. Sucede como muchas otras leyes, son letra muerta, simples ideales, pifias utópicas, enmarcadas en papel, que son burladas por el sistema de justicia e incluso por nuestra sociedad, lo cual produce una cólera entristecedora.

De las mujeres se espera erradamente que guardemos silencio siempre, se supone que “por naturaleza”  somos pasivas y pacientes, mientras que los hombres son agresivos e impulsivos- y no es así- Esa es la clase de pensamiento patriarcal que, por un lado, nos hace ignorar a los hombres víctimas de violencia y por otro, hace que las mujeres internalicemos una actitud sumisa hacia los hombres, que termina en revictimizar a los afectados. Una sociedad que se precie de “civilizada” y que disponga de un ordenamiento jurídico eficiente, no alcanza tal magnitud cuantitativa de violencia como la sociedad venezolana, muchos menos la plantean como una situación habitual.

Como consejo siempre he apelado a la denuncia formal, a pesar de que los encargados de ejercer la justicia no sean en su mayoría personas sensibilizadas con el tema, a pesar de que muchas veces las víctimas desean no revivir la situación. Se debe de disipar el temor aunque cueste, la denuncia es un paso importante para la justicia y esta es nutritiva para la recuperación de una víctima.

Por: Mariana Linares

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