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La violencia en el lenguaje político

En las últimas dos décadas más de 300.000 venezolanos fueron asesinados, lo que arroja un promedio de al menos 41 homicidios por día. Si bien Venezuela es un caso de estudio particular, estas cifras arrojadas por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) reflejan cómo en el mundo actual la violencia política continúa siendo un medio para dominar a otros; y para establecer, cambiar o preservar determinado orden social.

Esta constante relación conflictiva entre el poder y la violencia hace que la violencia política sea un tema complejo con consecuencias sociales, políticas y psicológicas, que afectan directamente a los ciudadanos, y también a las instituciones del Estado. La cuestión fundamental con respecto a este tema parece ser que su uso está normalizado, por ejemplo en el lenguaje y la retórica política, incluso cuando se tienen dudas sobre la justificación moral del mismo.

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Sobre la violencia

En palabras de Hannah Arendt, la violencia es “muda por definición”, pero en política hace mucho ruido. De hecho, es común en la actualidad ver cómo se usa el discurso como continuación de la violencia por otros medios. El uso del odio y la violencia en el lenguaje se confunde con el acto de hablar, cuyo fin debe ser construir sentido, y no destruir. Por esta razón, el lenguaje en una democracia funciona como un canal de expresión en una esfera autónoma y separada de la coacción, colocándose al servicio de los ciudadanos; pero cuando se trasgrede con la proliferación de insultos, ofensas, injurias y amenazas sin sentido, se convierte en un arma contra el orden social.

Las discusiones y debates basados en el lenguaje violento eliminan la posibilidad de diálogo, pues no están fundamentadas en argumentos sino en meras descalificación es, que evidentemente rallan en la subjetividad, impidiendo que el juego político se desarrolle; Esto además fomenta que los actores resalten por su histrionismo, y no por los aportes e ideas que tienen. En ese sentido, es necesario recordar que no se puede reconstruir un país si las palabras de la política como negociación, elecciones, dialogo, acuerdos, etc., son miradas con desdén, mientras que los discursos cargados de odio y resentimiento que se multiplican, logran captar la simpatía del ciudadano común. Así pues, ese lenguaje debe ser desterrado de la política simplemente porque es incompatible con ella.

Por: Georgelina Guerrero

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