#YoTeCreo, un movimiento inmerso entre falta de educación, excesos mediáticos y fallas institucionales

En el país se comenzó a desplegar durante las últimas dos semanas, una ola serial de denuncias sobre acoso, abuso sexual, estupro, entre otras violaciones en contra de mujeres y diversas comunidades vulnerables; quienes se atrevieron a contar sus experiencias, algunos hablaron desde el anonimato, otras sin esconder su nombre.

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Y hasta ahora, lo que inició con la valentía de algunas mujeres expresando y denunciando casos aislados, parece convertirse en algo mayor; un aumento en la concientización de muchas personas, para repensar y analizar sí durante sus vidas normalizaron situaciones de abuso, acoso y violación, y no lo sabían, preferían ignorar las señales de alarma, o simplemente callaron su voz.

Twitter, fuente de odio y de paz frente al abuso sexual

Ha sido Twitter el medio central donde se realizaron las denuncias; los primeros señalamientos se dieron en el gremio artístico, hacia los músicos Alejandro Sojo, Tony Maestracci y el escritor Willy Mckey. Posteriormente resonaron algunas en el ámbito académico y político.

Lo que no es de sorprender porque, las situaciones de acoso y violación no son categóricas de determinados círculos sociales. Por el contrario, y muy lamentablemente están presentes en cualquier ámbito social.

Esta red social pues, comenzó a concentrar un movimiento de mujeres, comunidad LGBTIQ+ y otros ciudadanos indignados con las situaciones sucedidas. Aquí la velocidad de comunicación y la interconexión entre los ciudadanos que es siempre exponencial e inmediata, hizo sus efectos y las denuncias levantaron consigo una ola de reacciones y opiniones encontradas, como una fuente de odio y paz.

Al punto de que el lamentable suicidio del escritor Willy Mckey, posterior a que se conociera su caso como victimario; fue considerado de forma errónea como una reacción de aquel, ante las críticas. Opinión con la cual disiento francamente.

Ahora lo cierto es que, este medio se convirtió en espacio o reducto, para que las víctimas contaran su historia de acoso sexual, con toda la exposición emocional que eso implica; lo que paradójicamente puede tener los efectos contrarios a los esperados y en vez de apoyo, sobre ellas pesa el rechazo, una reacción negativa que da luces sobre lo normalizado que la parte de la sociedad venezolana mantiene él sobre estos delitos mencionados. Aunque la solidaridad ha sido por suerte la respuesta más inmediata de la comunidad ante las víctimas.

“Me too” y “yo te creo”

Internacionalmente se han sucedido situaciones similares en el pasado, donde denuncias sobre abuso y acoso; iniciaron de forma digital y crearon un eslogan o etiqueta, como bandera, que identificase al movimiento y sus exigencias. Como «Me too» (Yo también) en EE. UU., cuyo hashtag en las redes sociales se ha hecho viral en repetidas oportunidades.

Surgió en octubre de 2017 para denunciar la agresión y el acoso sexual; a raíz de las acusaciones contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. Y se internacionalizó con otros casos y bajo otros nombres; en general para como bandera que visibiliza las situaciones de violación que sufren las mujeres y otras comunidades vulnerables.

“Me too” creó una consciencia colectiva, para condenar y alcanzar la pronta justicia en los casos denunciados, además de incentivar y promover la educación y cultura que elimine estos patrones de conducta negativa por parte de los perpetradores.

Y ahora tal parece que en nuestras latitudes surge “Yo te creo”, un movimiento que, al similar, iniciado por un grupo de mujeres que integran el gremio del entretenimiento y de la prensa venezolana, acompañadas de gran parte de la sociedad. Quizá uno de los elementos más centrales de este es que igualmente busca visibilizar y hacer solidaridad con las mujeres que han sufrido este delito.

Educar en materia de sexualidad y un buen trabajo institucional es lo necesario

Si hay algunos elementos genéricos causales en el país, que hayan permitido las situaciones de abuso conocidas; ha sido la falta de cultura para la denuncia, la ausencia de educación sexual y familiar que fomente la convivencia positiva. Y el respeto estricto de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, mujeres y otras comunidades vulnerables, por parte de las instituciones del Estado y sus representantes.

Ante lo que es necesario hacer siempre un llamado al Estado venezolano a investigar las denuncias emitidas a través de las redes sociales para establecer responsabilidades, aunque se deba acudir a instancias del derecho internacional público, según sea el caso. Y fomentar la cultura de procesos transparentes, sin vicios, que solo alejen a las víctimas de las instancias. En estos casos se debe ser implacables y sentar precedentes realmente fuertes para prevenir a futuro el abuso sexual y otros delitos relacionados.

La educación sexual es una tarea pendiente en Venezuela

Por otro lado, el creer a las víctimas es fundamental, el brindar la asistencia a estas es muy necesario. Y que ellas asuman el valor de tener confianza en sus familiares y las organizaciones que puedan brindarle asistencia para hacer las denuncias en los órganos correspondientes.

En este sentido, sí hay un elemento que sí podría crear una ruptura sobre la incidencia del abuso sexual y acoso infantil; es educar y hablar al respecto, pues es eso lo que rompe la barrera del silencio sobre la sexualidad en las familias.
Y como ya lo han señalado organizaciones sociales de protección a menores; son importantes tres puntos: enseñar a los menores de edad a decir “no” cuando una situación los incomode sin juzgarlos por sus decisiones, enseñarles sobre autoprotección, y enseñar la importancia del reporte y la denuncia, así como saber qué hacer y a dónde acudir. En este sentido la prevención siempre es la clave para frenar el abuso.

Denuncias responsables

Por último, es sumamente importante mencionar que las denuncias que se han recibido y las que se sabe se seguirán generando, han debido y deben estar necesariamente fundadas en la responsabilidad y en la sinceridad. En este punto el Estado tiene un rol fundamental es realizar investigaciones precisas. Y los denunciantes siempre la responsabilidad de apegarse a las realidades vividas para lograr la justicia a sus casos y los de otros.

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