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Venezuela, una tierra de caciques

Intrépidos como Tiuna, valientes como Maracay, estrategas como Catia, negociantes como Manaure y leales como Prepocunate, así son los venezolanos. Cada 12 de octubre se conmemora la lucha de los nativos americanos contra los conquistadores españoles. La denominación de esta fecha está muy relacionada a la política y a la forma en la que se concibe la figura de Cristóbal Colón como conquistador, colonizador o descubridor de lo que ahora conocemos como América.

Mientras que en Colombia y Ecuador conserva el nombre original de Día de la Raza, en Venezuela el 12 de octubre fue declarado Día de la Resistencia Indígena por el Gobierno Nacional desde 2002, en reivindicación de las luchas de los pueblos originarios frente a la llegada de los españoles. Por su parte México le imprime a este día un significado especial de sincretismo cultural y mestizaje. En Argentina, desde 2010 pasó a llamarse Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

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Más allá de una denominación

La conmemoración de esta fecha, reside en la necesidad de rendir homenaje a las culturas ancestrales que representan el pasado de los americanos, y quienes han superado enormes dificultades para mantener sus tradiciones en medio de los procesos de mestizaje, y ahora enfrentan el reto de la globalización. Lograr aún más la diversidad cultural y humana y mantener la lucha por la verdadera conquista de mayores espacios y derechos para estas comunidades debería ser el norte de esta festividad.

Sin embargo, en el contexto de la crisis política, social, económica y humanitaria que ha venido viviendo Venezuela en los últimos años, los pueblos indígenas han sufrido un considerable deterioro y vulneraciones a los derechos al libre tránsito, el derecho a la integridad física, el derecho a la seguridad alimentaria y el derecho a la salud.

Organizaciones como la Asociación Wataniba, han reportado esta situación. Especialmente, ante el aumento de la minería en territorios indígenas y la aprobación y expansión del Arco Minero del Orinoco, cuyas consecuencias ambientales y sociales afectan directamente a esta población.

A pesar de que la situación jurídica de los pueblos indígenas ha cambiado con la Constitución de 1999, donde se fortalecieron los derechos de los pueblos indígenas y se les reconoce un papel activo en el país, la realidad demuestra que la ley es un papel vacío si no existen instituciones que velen por su aplicación y cumplimiento, por lo que aún queda camino que recorrer en pro del bienestar de estos ciudadanos.

Por: Georgelina Guerrero

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