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San Juan, una festividad por la que se rompió la cuarentena.

Venezuela: tierra de fe, magia y religión

La religión tiene en Venezuela tan alto arraigo personal y cultural que, al momento de expresarse las creencias, la devoción y la fe, generalmente los esquemas racionales y necesidades prácticas, pasan a un segundo plano. Lo que para algunos puede parecer absurdo, incómodo y riesgoso para otros es parte de la necesidad, responsabilidad y compromiso con su tradición y formación personal. Y para entender esto hay que conocer cómo se forman y expresan religiosamente los venezolanos y por qué son capaces de romper con las restricciones más elementales, para participar en cultos y tradiciones. 

Como sucedió esta semana, en vísperas de la celebración de la fiesta de San Juan Bautista. El día martes 23 de junio, donde algunos pobladores en localidades, sobre todo de la cinta costera venezolana, se reunieron para celebrar los acostumbrados ritos, procesiones, bailes y toques de tambor en honor al santo. Generando concentraciones de personas, que están prohibidas y restringidas debido a la necesidad de distanciamiento social, obligatorio en cuarentena para evitar el contagio de la COVID-19. 

Qué significa en Venezuela la fe en San Juan Bautista 

Esta expresión cultural y religiosa, a la que se dieron cita gran cantidad de devotos, aunque no como en años anteriores. Fue la máxima representación de lo que la Dra. en Ciencias Sociales Luisa Rojas Hidalgo, entendió como el alto arraigo del venezolano con su religiosidad; para ella nuestra formación histórica y social ha estado ligada siempre al sincretismo religioso, influenciado por elementos españoles, indígenas y africanos, por lo que las creencias se pasean libremente entre componentes mágicos, místicos y católicos; los cuales forman en sentido personal e incluso ciudadano. 

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Y esta determinación, que pudiera parecer básica, no lo es, pues la creencia en San Juan Bautista de los poblados costeros de Venezuela “va más allá del simple entusiasmo propio de una tradición; está cargado de fervor y devoción expresada en magno ritual mágico-religioso”. Por lo que, comprender las razones que llevaron a los pobladores a reunirse este 23 y 24 de junio en plazas, casas y otros, tiene que pasar obligatoriamente por desligarse de los principios más racionales y científicamente estrictos y, vincularse con los fundamentos de la fe. 

En este sentido, hay que mencionar que este es un evento sin parangón que simboliza la fe, la piedad y el respeto. Y estos poblados son estrictos al dejar en claro que son ellos quienes marcan la pauta sobre su sentir y expresar los asuntos religiosos.  

Y una de las creencias claves, es la que vincula y crea un sentido de reciprocidad entre divinidades y sanadores, y que relaciona como es lógico la devoción y la fe, con la salud y la enfermedad. Es decir, cómo la creencia en los santos es un eje fundamental de la vida, el convivir y el sentir, se hace lógico que estos determinen la salud de su pueblo y sus creyentes. Por ende, aquella se vuelve un beneficio otorgado por San Juan Bautista, quien también concede fortaleza ante la enfermedad, la detiene e interviene en su sanación. 

Por ende, la omisión de ceremonia al santo puede provocar un castigo divino que acarrea la enfermedad y acerca a la muerte. De allí que “toda expresión de devoción a sus santos son instrumentos que coadyuvan a mantener el equilibrio representacional de la salud” Hidalgo (2013), como sucede con otros santos, en distintas latitudes del territorio nacional como José Gregorio Hernández, Santa Bárbara, entre otros.

La tradición festiva tendrá sus consecuencias

Por ello, esta festividad de tan acostumbrado arraigo tradicional y personal, no podía dejarse pasar; y este opacado 23 de junio, por la crisis sanitaria y la realidad que representa un posible contagio masivo de la covi-19 fue dejado de lado en algunos poblados, como Naiguatá, para celebrar y festejar a tan enaltecido santo. Siendo así, se dio no como producto de una falta de criterios racionales o intelectuales que les hicieran comprender el alto riesgo sanitario; sino más bien, como consecuencia de la decisión razonada de que, los fundamentos de su fe los acompañan y protegen y, al santo deben devoción. 

Sin embargo, sería un desatino, no admitir que los riesgos reales que muchos ciudadanos decidieron asumir, no solo los afectan a ellos, sino también y de forma directa a las personas con quienes conviven y tienen contacto fuera de la celebración. Y aquí es donde, podría juzgarse su acción; y es que al reunirse de forma masiva han decidido por ellos y por otros, una acción cuyas consecuencias a futuro serán evidentes. Ahora bien, no son ellos los únicos con responsabilidad directa, también es necesario mencionar a las autoridades encargadas de la seguridad pública, quienes no lograron evitar estas celebraciones. Tampoco aseguraron al menos las condiciones de distanciamiento mínimas, para que al menos en lo pequeños poblados, se pudiera controlar la situación. 

Con todo esto no quisiera parecer que me atrevo a recriminar su fe, de hecho, intento comprender sus razones. Y sé que, lo que a mi puede parecer imprudente quizá a otros valentía. Y aunque, reza el refrán “si San Juan lo tiene, San juan te lo dará”, también se menciona de Dios “Ayúdate, que yo te ayudare”. 

San Juan

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