Universidades: Entre la esperanza y la desesperanza

Hace unos días se publicó el QS World University Rankings 2021, el cual es un ranking que muestra a las mejores universidades del mundo y de cada una de las regiones del mismo, en este ranking se encontraron 4 universidades venezolanas entre las 100  mejores de América Latina entre las cuales se encuentran:; la Universidad Central de Venezuela (41); la Universidad Simón Bolívar (49) la Universidad de los Andes (75) y por último la Universidad Católica Andrés Bello (76). Si bien es cierto esto no es más que un orgullo para estas universidades y para el país, también es una buena razón para poder hablar de la situación de las universidades públicas y privadas y de sus estudiantes así como de los retos que enfrentan.

Universidades venezolanas. Foto: Composición Todos Ahora

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La crisis del país ha afectado todos los aspectos de la sociedad venezolana, y la educación universitaria claramente no ha escapado de esto, de hecho muchas universidades se han visto fuertemente y el ejemplo más claro es la Universidad Central de Venezuela que se está cayendo, y tristemente eso ha dejado de ser una frase para convertirse en una realidad. Y es que la crisis del país ha afectado a las universidades sin distinción alguna, es decir, sin importar si son privadas o públicas, lo único que queda claro es que las universidades –incluyendo a estudiantes y profesores- tienen un reto tan enorme como el resto del país.

Como un acercamiento general a la situación docente de las universidades públicas, el personal docente tiene un salario que en el mejor y más excepcional de los casos llega a 20 dólares por mes, pero que la generalidad de los casos indica que la mayoría de los profesores ganan Bs. 4.062.812, lo cual solo representa un salario para sobrevivir en la miseria, no para vivir.

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Tampoco se puede dejar a un  lado las condiciones de trabajo que solo se puede denominar precaria y deprimentes, en el caso de las  universidades públicas los profesores tienen que dar clases en unas aulas e instalaciones que solo son un recuerdo de lo que alguna vez fueron, y que se encuentra acabadas por el pasar del tiempo, la falta de mantenimiento, la inseguridad, la falta de estudiantes y sobre todo falta de un gobierno que apoye de alguna manera la educación, ya que el régimen solo se encarga de destruir todo el sistema educativo.

Como un agregado muy importante es que del 100% de los presupuestos presentando por la Universidad Central y la Universidad Simón Bolívar solo le fue aprobado el 2,27% y el 0,4% respectivamente evitando así que se puedan hacer las inversiones necesaria en tecnología para iniciar los respectivos semestres, trimestres o años de manera virtual por la pandemia del COVID-19 llevando cada vez mas y mas  a las universidades públicas a poner el cartel de “cerrado hasta nuevo aviso” por la incapacidad de poder dar clases. Agregando de igual forma el problema sobre la falta de relevo o profesores nuevos precisamente porque  todos los problemas antes mencionados hacen que la  idea de ser profesor no es la que más llame a la juventud venezolana en la actualidad. Esto hay que sumarlo a todos los problemas que tiene el país que afectan  prácticamente a todos los ciudadanos y que no son un secreto para nadie.

Esto son solo alguno de los problemas que afecta a las universidades públicas, pero ¿Qué sucede con las universidades privadas? Las universidades privadas tienen el enorme reto de mantenerse abiertas. De hecho, en la mayoría de los casos las universidades privadas ni siquiera representan una opción para los jóvenes que pueden y desean estudiar por los costos de las mismas. Un trimestre en la Universidad Metropolitana puede costar 780 dólares y la Universidad Católica Andrés Bello puede costar desde los 120-140 dólares al mes u 800 dólares un semestre.

Esto precios han impactado fuertemente en las comunidades estudiantiles de las universidades privadas haciendo que en muchos casos se tengan que retirar de la universidad obligándolos a retomar sus estudios en otras universidades más baratas o directamente públicas o logrando que estas personas tomen un rumbo fuera de las fronteras del país.  Haciendo a su vez la situación más y más complicadas para las universidades privadas que en muchos casos se encuentra llenas de deudas e intentando aguantar y apoyar a su personal de muchas formas distintas por la pérdida constante y acelerada de estudiantes

De hecho, solo para recordar, el 21 de noviembre fue el día del estudiante universitario, y este día sirvió como un recordatorio de que pese a ser las personas que tal vez menos responsabilidad tienen por todo lo que está sucediendo y ha sucedido en el ambiente político que ha llevado a la crisis actual,  hemos decidido afrontar la crisis universitaria y todos los problemas de la universidad que van desde la falta de clases hasta el aumento de las universidades –y mas actualmente las clases virtuales- y además plantar cara a un régimen que solo busca que deje de estudiar y sufra en todas las formas posibles.

En fin, mientras en otros países las campañas sobre la educación son para que las personas no dejen los estudios, sigan sus sueños, estudien, se gradúen e ingresen en el mercado laboral; en Venezuela el mensajes es casi implícito a sentir esa sensación de desesperanza y de saber que cualquier decisión que tomes –estudiar, irte del país o quedarte a trabajar- será una un decisión con muchos problemas de por medio. De hecho, el simple hecho de pensar en estudiar se vuelve un reto lleno de estrés y problemas, y en efecto, para muchos resulta prácticamente imposible y no se encuentra dentro de sus opciones estudiar, dando como resultado que muchos jóvenes que sin la esperanza de un futuro claro en Venezuela, y la desesperanzan de lo que plantea el sistema educativo deciden tomar y afrontar un camino igual de difícil donde hay que luchar aún mas, pero que al final la recompensa es mejor. Y ese camino puede ser definido simplemente como irse del país…

 

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