Ser joven, una mala condición en Venezuela

Ser joven es quizás la más dura condición que hay que sufrir en Venezuela. Debido a que nos vemos casi de manera obligada a vivir constantemente entre la esperanza, y la desesperanza, la frustración, y la calma La felicidad y la tristeza, la ansiedad, y la tranquilidad. Y esto, solo por mencionar unos pocos sentimientos y emociones de una gran mezcolanza que tenemos que afrontar día a día.

Y es que, ya sea que hayas decido quedarte en el país, o tomar un camino fuera de las fronteras de esta nación; o incluso, que te encuentres en la complicada situación entre la espada y la pared sobre decidir sí quedarte o irte. Lo único que queda claro es que los retos a afrontar van a ser tan grande como la decisión que tomaste o que estés por tomar.

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¿Cuál  es el escenario de un joven venezolano?

Pensar en opciones como acceder a la educación, posibilidades de avance social y e independizarte, suena como algo totalmente extraño y lejano para cualquier joven en Venezuela. Además de esto, en unas estadísticas presentadas por el Diario podemos ver que la población entre los 15 y los 35 años de edad son los que presentan más síntomas de estrés, depresión y ansiedad ante situaciones como la incertidumbre, la crisis económica.

Estos escenarios han llevado a que se vuelva algo cotidiano ver a jóvenes comiendo de la basura ante la imposibilidad de conseguir dinero. También, forzando a otros a emigrar de manera prácticamente obligada. Situación que ha aumentado la tasa de depresión y suicidio en Venezuela, país que solo cuenta con un fármaco para atender estos problemas, y que no suele conseguirse. Además, con unas condiciones hospitalarias que nunca permitirían ayudar en este problema.

¿A qué se enfrentan quiénes apuestan por quedarse?

De hecho, si eres de aquellos que se decidió quedar, inevitablemente te tocará enfrentar una economía de crisis, acabada y estancada, que empeora día tras día, semanas tras semana y año tras año. Sumado a ello, con la llegada la pandemia de la COVID-19 esta crisis solo se profundizó más y más rápido.

También se suman los problemas de falta parcial o total de cualquier servicio básico, ya sea agua, luz, internet, gas y un sinfín de servicios públicos. En cuanto a la educación universitaria, por un lado están las universidades públicas que solo son incertidumbre, control y a la vez descontrol. Además de ser solo un recuerdo de lo que alguna vez fueron. Por otro lado, están a las universidades privadas con precios tan altos que resultan incosteables para una población. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) estas tienen un índice de 96% de pobreza y 80% de pobreza extrema. Razones que hacen que la educación en Venezuela en cada trimestre, semestre, año y periodo, pierda cada vez más y más estudiantes y profesores.

¿Hay oportunidades laborales?

Pero ¿Qué sucede si quieres un trabajo? Esta podría ser una opción, pero en Venezuela faltan muchas cosas menos problemas, por lo que la situación laboral tampoco escapa de ello. Y es que en medio de una Emergencia Humanitaria Completa las oportunidades laborales son terriblemente escasas. Según el Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) 1 de cada 6 jóvenes se encuentra sin trabajo a raíz del Covid-19. Asimismo, el Fondo Monetario Internacional alertó que varias empresas quebrarán y el desempleo durante la etapa de reactivación económica se hará notar más.

El desempleo el país alcanzará un 50% en términos formales. Ya sea que hayas estudiado o no, pareciera que nos encontramos condenados por la terrible situación laboral, a tener un trabajo informal en cualquier hobby, labor, o un “rebusque” adicional que sepamos hacer o para poder sobrevivir.

Un ambiente político hostil

A todo esto se puede agregar estar constantemente rodeado de un ambiente político que solo está lleno de frases y consignas vacías sin ninguna acción real para ayudar a los venezolanos. Con un estado de derecho establecido en nuestra constitución que señala que todos somos iguales en derechos, pero con una realidad que tiene a la justicia tan viciada que, el único aspecto donde podemos ser iguales, es en el hecho de que nadie tiene justicia, y que esta es impuesta según lo que considere el régimen, impuesta de la peor manera a través de un sus órganos represivos. En fin, en todos los aspecto, si bien es cierto que afecta a la generalidad de los venezolanos, terminan siendo a los jóvenes a quienes más afectan todos estos problemas. Se puede decir que somos el grupo más ignorado, vistos por el régimen como carne de cañón, y por la oposición como una ficha más para utilizar en su juego de popularidad.

¿Qué sucede con quiénes deciden emigrar?

Si por el contrario, eres de los que tomó rumbo fuera de las fronteras de la nación, y te encuentras en un país desarrollado como Estados Unidos o España, seguramente estarás luchando contra un fuerte y complicado proceso migratorio. En el que tal vez y con mucha suerte, te puedas legalizar para poder acceder a un trabajo para retomar o empezar tus estudios en alguno de estos países. Pero, si tu rumbo fuera de las fronteras se quedó en Latinoamérica, los problemas no son precisamente menores, de hecho, seguramente sean más.

Ya sea que hayas llegado a ese país en avión, bus, una embarcación o a pie, seguramente te habrá tocado enfrentar problemas migratorios, pagos de servicios, pago de habitación para vivir -habitaciones que muchas veces son compartidas y supera la
capacidad de personas que puede habitar ahí- y un largo etc. Y a todo esto se le tiene que agregar dos problemas más – bastante grandes e importantes-, y son, la xenofobia y la aporofobia. La primera puede ser entendida como odio o rechazo al extranjero, la segunda, como odio o rechazo al pobre.

Es un hecho que la mayoría de los jóvenes venezolanos que emigran, muchas veces lo hacen en situaciones precarias, donde lo que llevan para el camino es lo poco que pueden y tienen, junto con la esperanza de conseguir un futuro digno en otro país.

El rechazo social

Es claro que se vuelve realmente complicado conseguir calidad de vida cuando eres tildado de “roba empleos”, “plaga”, “veneco”, “una persona que no debería estar en mi país” o “una persona que solo viene a traer mayor delincuencia, de robos y mayores problemas que atentan contra la seguridad de mi gente”, entre muchísimos otros adjetivos descalificativos, insultos y comentarios de todo tipo. Así como la incertidumbre de saber si es posible lograr “lo que yo quiero hacer en este país que recién llegué”. incertidumbre que en muchos casos ha llevado a estrés, ansiedad, depresión y algunos casos suicidio.

La población más afectada

Y es que precisamente las mayoría de las personas que son afectadas por todos estos problemas probablemente son jóvenes. De hecho, las edades que se encuentran mayormente entre la diáspora, oscilan sobre los 18 y 34 años. Edades que representan el 63% de la población migrante.

Al final de todo, ser joven en Venezuela quizás es la condición más difícil que hay que enfrentar. Y se debe a la dimensión de los retos que hay que afrontar, y porque lo único que se tiene es una poca esperanza. Pero ¿Dónde se puede colocar esa esperanza? Es una gran duda que surge en cuando se tiene la condición de joven. Tal vez se puede colocar en el país apostando a un cambio dentro de Venezuela. También se pueden colocar fuera de las fronteras apostando apoyarte a ti, a tu proyecto de vida, a tu familia y sobretodo a tu dignidad. Y en todo caso, esa decisión nunca es y ni será fácil.

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