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La creciente tendencia a desvincularse de la política

En oportunidades pasadas dediqué tiempo a contrastar la opinión de expertos en sociología, psicología y teoría política respecto la creciente conducta individualista del venezolano. Que podría reflejarse en un retraimiento o tendencia a alejarse de las problemáticas del país y la de sus nacionales por variados motivos. Ahora siguiendo esta línea de análisis; quisiera dar cuenta de cómo esta conducta también se refleja en una creciente tendencia a desvincularse de la política; y en el interés por todo este escenario.

Si la sensación de fatiga lo ha embargado, si la desesperanza por el cambio del país se le ha hecho cada vez más creciente. Incluso si asegura usted que estamos lejos de poder lograr una transición democrática, o que el desgaste mental y físico que le ha consumido los últimos veinte años, le hacen alejarse de forma consciente e inconsciente de la atmosfera política. No existe usted en solitario y ni nada contra la corriente.

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La apolitica se normaliza

De hecho, es una tendencia que se asienta y se normaliza cada vez más en Venezuela y América Latina en general. Y nos aleja de la máxima aristotélica según la cual “El hombre es un animal político”; que además de advertir la capacidad del hombre de vivir en sociedades organizadas políticamente; supone para la humanidad la relación siempre constante y obligatoria del hombre con el Estado. Relación en la que participa en mayor o menor medida.

Y el crecimiento de esta disposición de alejamiento que podría catalogarse de apolítica o apoliticista; siendo esta definida como la apatía o desinterés más o menos radical respecto a las cuestiones política e ideológicas; de forma consciente o como consecuencia del entorno. Tiene muy variadas causas y en muchas de ellas coinciden algunos autores.

Mencionando que se puede dar porque los ciudadanos son cada vez menos interesados y capaces de comprender la gran cantidad de problemas que la política tiene por resolver. Por las crisis de los partidos políticos como instituciones representativas y de liderazgo, lo cual aleja a los ciudadanos de su participación y compromiso.

Por las crisis sociales y económicas profundas que apartan a los hombres del plano de las libertades, centrándose en sus necesidades; o por la sobreexposición a regímenes dictatoriales y autoritarios que desgastan la autodeterminación de los hombres y su convicción en el progreso, entre otras.

Todo lo cual llega a socavar la creencia de los hombres y comunidades enteras, en la posibilidad de que sus acciones pueden conseguir un cambio o bien común. Venezuela en este marco de ideas, podría ser el caso y allí las razones de su tendencia a desvinculare de la política.

Como se refleja esta creciente tendencia de desvincularse de la política en el país

Por su convulsiva realidad marcada por profunda crisis económica y social, junto con un sistema de Gobierno antidemocrático; donde han sido innumerable la cantidad de impunidades, ilegalidades y casos de corrupción, por tan largo de tiempo. Sería normal admitir un creciente desinterés y desconfianza en la política.

Y no quisiera alabar, criticar o justificar su postura; porque llego a comprender hasta cierto punto que tal posición existe como un recurso psicológico; para mantener el equilibrio emocional, sabiendo las ya muchas situaciones de estrés y desesperanza que han debido pasar los venezolanos. Y que su asombro o indignación ante la realidad nacional, ha disminuido por la normalización rutinaria de los abusos y excesos.

Debo sugerir la necesidad y la obligación ciudadana, que tienen muchos venezolanos de hacer el esfuerzo físico y mental por detener esta creciente tendencia a desvincularse de la política. Porque la esta última no es lo que muchos hacen o dicen para obtener objetivos personales. La política como dijera Maquiavelo es «una voluntad social de determinación histórica, una afirmación de creencia en la libertad».

Y para la transformación hacia un futuro mejor y diferente, que es totalmente posible, se comienza por hacer frente al yugo molesto de las dictaduras; y nunca dejar se expresar el malestar que nos genera. La indignación debe siempre expresarse por cualquier vía, la solidaridad con aquellos que sufren debe ser una exigencia moral. Por qué el silencio y la inamovilidad serán los cómplices silente del enemigo.

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