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Oro venezolano. Foto: Cortesía
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Oro de sangre para “salvar vidas”

Recientemente, se dio a conocer que Nicolás Maduro está buscando obtener liquidez monetaria a través de la venta del oro de la nación. Así lo relató el portal de noticias Panam Post. “El régimen de Nicolás Maduro vuelve a usar como excusa la pandemia de la COVID-19 para obtener ingresos. En esta oportunidad, pidió a banco de Inglaterra vender oro venezolano a través de la ONU para atender las necesidades, supuestamente, generadas por el virus”, afirmaron.

Esto se hizo debido a que desde el año 2018 funcionarios del Banco Central y del régimen están buscando movilizar el oro que equivale a unos 1.600 millones de dólares. La razón por la cual esta negociación no ha dado frutos, es que el Reino Unido no reconoce a la dictadura como el gobierno legítimo de Venezuela. Según lo explicó el sitio web A simple vista.

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¿Qué dice el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo?

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la agencia a la cual el régimen quiere destinar el dinero, dialogó con este para dicha acción.

Según informó Infobae, citando a un vocero del PNUD, “recientemente se ha contactado al PNUD para explorar mecanismos. Así como utilizar los recursos existentes en poder del Banco Central de Venezuela en instituciones financieras fuera del país. Todo con el objetivo de financiar los esfuerzos en curso para abordar las urgentes necesidades humanitarias, de salud y socioeconómicas derivadas de la COVID-19”.

Este programa ayuda a los Estados, a través de asesoría técnica, a alcanzar según su realidad los objetivos del desarrollo sostenible. Si bien, el PNUD puede recibir este dinero y destinarlo a la urgencia máxima que es tratar la pandemia, no hay garantías. Si se logra solventar esta situación se destinarían los fondos para varios asuntos. La erradicación de la pobreza, la aceleración de las transformaciones estructurales y la construcción de resiliencia ante crisis y conflictos, según su plan estratégico (2018-2021).

Sin embargo, no existe una garantía de que la dictadura dará condiciones óptimas para esto, porque no deja de ser lo que es, un régimen violador de DDHH que persigue a cualquier persona o institución que busque defender estos derechos fundamentales.

Imagen cortesía

¿Qué implica esto?

Nicolás Maduro y su cúpula están moviendo todas las fichas necesarias en el área diplomática, aprovechándose de la pandemia, para buscar de manera desesperada reconocimiento internacional. Esto, debido a la manera en la que se han cercado sus accesos a recursos por parte de sanciones económicas de Estados Unidos en primera instancia.

Pero, también por parte de la Unión Europea. Además, de lo mal que es visto el régimen ante la comunidad internacional debido a la incautación de estupefacientes provenientes del país suramericano, desde que EEUU reforzó su presencia en el Caribe. Asimismo, tiene que ver con la crisis de legitimidad que tiene la dictadura por las estrategias, tanto internas como externas, que ha tenido el gobierno del presidente interino.

Al igual que por la creciente violación de derechos humanos. Sumado a la falta de servicios básicos como el agua y la gasolina, factores que están haciendo al régimen más inestable no solo a lo externo, sino también a lo interno, por lo que el poder es cada día menos manejable.

¿Cuál es la idea?

La idea es involucrar al PNUD como el receptor del dinero producto del oro. Algo brillante. De esta forma, Venezuela evadiría las sanciones de la potencia del norte y no tendría que molestarse en buscar con quién hacer negocios ni cómo hacer que el dinero llegue a manos del Estado.

No obstante, si el Programa de las Naciones Unidas acepta esto se encuentra bajo una alta responsabilidad con respecto al manejo de estos recursos. Teniendo en cuenta que trabajar de la mano con dictaduras, en estos casos, es saber que realmente no quieren lo mejor para la población. Ahí es donde el papel protagónico de las organizaciones internacionales tiene gran importancia. Ya que, pueden trabajar de la mano de la sociedad civil organizada y no de la mano de los violadores de DDHH que controlan hospitales e instituciones.

Por ello, lo que debe hacerse es un acuerdo previo sobre las condiciones de estos fondos, si el PNUD acepta. A pesar de esto, aunque la ONU reconoce a la dictadura, el Reino Unido no, por lo que es una decisión que no solo pasa por el régimen y la ONU, sino que también por parte de la presidencia encargada y el banco de Inglaterra.

Imagen cortesía

La conclusión

Es importante recordar que cualquier oro o dinero que provenga del régimen está manchado por la sangre de los indígenas que asesinaron para apoderarse de Bolívar. Viene del apoderamiento de grupos paramilitares de este Estado. Además, del abuso sexual y trabajo forzado de niños y mujeres.

Finalmente, esto es producto de que el régimen se está quedando sin opciones. Ha intentado buscar dinero, legitimidad y recursos de diversas maneras usando como excusa la pandemia.

Primero, intentando solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional. Luego, haciendo declaraciones, en días recientes, asegurando estar dispuesto a recibir ayuda humanitaria de cualquier Estado o institución.

Todo aquello aún y cuando desde el 2014 niegan la crisis humanitaria compleja que tiene el país. Adicionalmente, esto tiene que ver con la caída de los precios del petróleo. Lo cual ha llevado a los mandatarios a sacar el oro del BCV haciendo que las reservas cayeran en más de 500 millones de dólares, para, supuestamente, obtener servicios básicos como el combustible.

En realidad, hoy no es posible confiar en que este oro sería usado en beneficio de la ciudadanía. Sobre todo, teniendo en cuenta la historia de esta dictadura.

Se quedaron sin dinero hoy, por múltiples razones, pero la pandemia no es la raíz de esto. Es la corrupción desenfrenada que ha cobrado vidas de inocentes desde hace muchos años y que hoy quieren ocultar bajo la imagen del coronavirus.

Hoy requieren un oro manchado con la sangre de los venezolanos, haciendo ver como transparente esta petición si se hace con ayuda de las organizaciones internacionales. Definitivamente, son ellas las que deben elegir si cooperar con el Estado o con quiénes han luchado, por años, para reducir los efectos de la emergencia humanitaria compleja que es la sociedad civil organizada.

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