Los naufragios como evidencia de una política fallida

El 24 de abril del año en curso, los venezolanos recibimos una noticia lamentable, la cual ya no es novedad, ni una excepción, es una realidad. Esta fue la del hundimiento de una embarcación proveniente de Delta Amacuro, la misma llevaba a más de 15 venezolanos, quienes buscaban llegar a Trinidad y Tobago huyendo de la crisis política, humanitaria, social y económica que existe en el país.

Naufragio. Foto: Composición Todos Ahora

Ante estos acontecimientos, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional de Migraciones (OIM), expresaron su preocupación por la pérdida de vidas humanas en esta embarcación, incluso expusieron que a medida que se agravan las condiciones en el país, por la pandemia causada por la COVID-19, mayor cantidad de personas buscarán alternativas para emigrar, tomando en cuenta que el cierre de las vías convencionales incrementa el uso de alternativas poco seguras y legales para desplazarse, según informa el portal oficial de noticias de la ONU.

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Si bien, se han dado pronunciamientos por parte de las autoridades, en especial de la gobernadora del estado, esto no disminuye la aplastante realidad que se vive en las zonas costeras del país, la mayoría de estas personas impulsadas por la desesperación por una crisis económica, política, humanitaria y de servicios, se aventuran en un peñero hacia aguas internacionales, lo que ha degenerado en desapariciones, un negocio de trata de personas, crimen organizado y lo que es peor, en muertes. Pero esto no es algo que solo afecta a quienes se montan en la lancha, sino a quienes se encuentran en suelo de estas zonas costeras, donde secuestran niñas y niños, prostituyen mujeres, e incluso han instaurado lo que hoy en día conocemos como “formas de esclavitud moderna”.

Al final, cuando estos venezolanos que logran sobrevivir al mar abierto llegan a Trinidad y Tobago, se consiguen con una política restrictiva y poco inclusiva para los migrantes, que tiene que ver con diversos factores, dentro de los cuales se encuentran la falta de cooperación y presión internacional y la carencia de articulación en la región para atender este tema. Sin embargo, El representante especial conjunto de OIM Y ACNUR para Refugiados y Migrantes de Venezuela, Eduardo Stein, estableció que las muertes por los naufragios son evitables “solo si se moviliza una acción internacional inmediata y concertada para encontrar soluciones pragmáticas” y como solución propuso “el establecimiento de vías regulares y seguras, a través de visas humanitarias y la reunificación familiar, así como la puesta en marcha de sistemas de acceso sensibles a la protección y mecanismos de recepción adecuados, pueden evitar la utilización de rutas irregulares, el tráfico y la trata” según el portal web oficial de noticias de la ONU.

Si bien soy admiradora de la disposición de las organizaciones internacionales para ayudar a las poblaciones vulnerables y esta es una de las alocuciones más coherentes, con un llamado a la acción importante, no deja de pasar por mi cabeza la crisis de las embarcaciones en libia, con migrantes provenientes de África en su mayoría, la acción internacional desplazada, el llamado de la ONU a la Unión Europea y a los Estados para que tomen acciones al respecto y finalmente la cantidad de personas que han sido condenadas a la miseria por aspirar a un futuro mejor. Esta situación de los naufragios en Venezuela puede escalar como en Libia, llevando a consecuencias sumamente lamentables e irreparables, por lo que es necesario este apoyo propuesto por Stein de inmediato.

Aunque quisiera decir que esto resolvería esta lamentable situación, no es así, desafortunadamente estos “pañitos calientes” no son suficientes para erradicar este sufrimiento, es una política necesaria por parte de Naciones Unidas, pero no resuelve la causa del problema. Los esfuerzos de esta organización, de los Estados del mundo y en especial de la región, deben orientarse hacia la cooperación para atender esta contingencia, pero más allá de esto, es prioridad que se articulen para generar presión al régimen que es el que coloca a estas personas al borde de la desesperación, dejándolos sin opción más que abandonar su tierra por vías inseguras, esto es solo la muestra de un Estado fallido, pero además, es la oportunidad de acabar con esta política errada de atacar las consecuencias y no la causa de estas situaciones, que es el gobierno de turno.

Por lo que el compromiso en pro de la acción de la comunidad internacional sobre este tema, es más que fundamental en este momento, pero debe enfocar sus esfuerzos en dos áreas, tanto en resolver la consecuencia que son las vías ilegales de emigración, como presionar a Maduro y su cúpula para el cambio político en el país, ya que son quienes originan esta crisis estructural.

 

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