Lecciones de El Principito para la política de hoy

“Exacto. Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede hacer -replicó el rey-. La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. Si ordenas a tu pueblo que vaya a arrojarse al mar, hará una revolución. Tengo derecho de exigir obediencia porque mis órdenes son razonables».

El Principito, política

Este pensamiento que estampa Antoine de Saint-Exupery nos resume la gran cantidad de sapiencia que se refleja en esta metáfora de la vida y de las relaciones humanas, poniendo al lector frente a una especie de espejo de quien realmente es. El Principito, más bondadoso que El Príncipe de Maquiavelo, está repleto de lecciones de vida y de un elevado contenido de valores útiles para gobernar y hacer política.

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Política con P de Principito

Especialmente en el capítulo X, cuando se encuentra frente al Rey Universal, quien le explica la importancia de emplear la razón y el sentido común, para evitar dejarse llevar por arrebatos y caprichos, que a la larga serán causantes de revoluciones de los súbditos frente al gobernante. Esta coherencia es la humanización del mandato, que consiste en despersonalizar el ejercicio del poder, contrarrestando la importancia al culto de la personalidad, para no tomar como enemigo a quien no aplauda, o como amigo a quien adule, pues el valor del disenso es parte fundamental de la política, sobre todo en la sociedad occidental que fomenta la vida en democracia.

Para Latinoamérica esta es una lección que ha costado mucho entender, sobre todo porque no existe una clara alineación de expectativas. Si se le exige a  los políticos asumir  promesas que no les son propias de cumplir, no solo ellos están fallando. Culturalmente nos falta entender el verdadero rol del sistema político dentro de la democracia, que es la consolidación y el fortalecimiento de las instituciones, no directamente la disminución de la desigualdad o la repartición de los dineros públicos. Al comprender nuestras propias capacidades y el alcance que pueden tener nuestras acciones, dejaremos de proveer desilusión e insatisfacciones que solo resquebrajan el valor de la democracia y la política de consenso.

Y así pues, también los ciudadanos deben aprender de la actitud crítica de Él Principito, quien nunca dejó de cuestionar las razones por las que debía obedecer al supuesto Rey, y que cuando concluyó que en él solo había autoridad sin fondo, decidió alejarse de él ¡qué admirable es tener claro que ante la autoridad sin poder real, no hay más alternativa que dejarlo atrás!

Por: Georgelina Guerrero

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