La vacuna de Pfizer: ¿Luz al final de túnel?

La COVID-19 es la enfermedad que marcará por siempre nuestras vidas y todo el año del 2020 (y parte del 21’). Fue tan de pronto y tan de golpe que cuando llegó a nosotros casi no nos dimos ni cuenta. Apenas oíamos una que otra mención allá en las noticias de Oriente y si bien parecía grave, también nos pareció algo completamente ajeno a nosotros. Llegó marzo y el panorama fue otro: ahora debíamos vivir entre las cuatro paredes de nuestra casa, usar tapabocas al caminar o, sencillamente, arriesgarnos a enfermar.

Es trágica la experiencia que hemos tenido que vivir. Después de todo, van 1.32 millones de fallecidos por aquel virus (entre ellos familiares y amigos), que lejos de verlos como una estadística más, debemos recordarlos con su rostro, nombre  y personalidad. En cierto sentido, a lo largo de este año algo también ha fallecido en nosotros –los que seguimos aquí- y algo, a su vez, ha revivido en nosotros que define a la humanidad: esperanza en la adversidad.

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Recientemente, a inicios de noviembre, la compañía farmacéutica Pfizer junto BioNTech ha anunciado tener el primer gran avance a lo que podría ser una posible vacuna contra la covid, que resultó ser un 90 % efectiva contra la enfermedad en las primeras pruebas preliminares. Esto no son más que buenas noticias y olas de entusiasmo para el Mundo; pero…

¿Cómo es y cómo funciona esta nueva vacuna?

Lejos de intentar pretender explicar el complejo proceso de esta vacuna –puesto que esta no es mi área especializada-, me remito a parafrasear a la bioquímica Andrea Martos, egresada de la universidad de Cambridge, entrevistada en el programa La Contra Crónica por el periodista e historiador Fernando Díaz Villanueva.

Martos nos explica que la compañía estadounidense ha usado un nuevo método de vacuna –distinto a todas las anteriores que hemos conocido-, milagro de la ciencia moderna y sus avances tecnológicos: el ARNm., una especie de puente o mensajero entra la síntesis de proteína y el ADN.

Las vacunas –de forma simplificada- consisten en inyectarle al paciente una parte del virus ya “muerto”, para que el cuerpo mismo sea quien desarrolle los anticuerpos contra la enfermedad. Sin embargo, el ARN mensajero –como se le denomina- funciona como intermediario entre el ARN y el ADN de cada individuo, el cual les da ciertas instrucciones al cuerpo para que este produzca directamente el antígeno y genere los anticuerpos contra el virus. O de forma más clara: en lugar de suministrar al paciente una pequeña dosis del virus muerto para que sea este quien genere los anticuerpos, se busca suministrar moléculas modificadas que ordenen directamente al cuerpo a desarrollar defensas contra la enfermedad sin tener que contagiar previamente al paciente. 

Las pruebas ya se han realizado en 44.000 individuos, de los cuales a una mitad de ellos se les ha inyectado esta vacuna y a la otra mitad sólo placebo. Los resultados, como ya señalamos, fueron un 90 % de efectividad en aquellos pacientes que le fueron suministradas las dos dosis, con tres semanas de diferencia entre la primera y segunda inyección, de la vacuna contra la covid.

¿Ya podemos cantar “victoria”?

Aunque sin duda esto es un primer gran avance contra la pandemia, aún falta camino por recorrer. Nuestro añorada “normalidad” parece no estar ya tan lejos de lo que recordamos, pero todavía deberemos esperar algunos meses para que la COVID-19 pase a la historia como tan sólo un terrible recuerdo.

Si bien esta vacuna preliminar ha demostrado ser bastante efectiva contra la enfermedad, lo cierto es que aún se desconoce los efectos que pudieren conllevar con el tiempo así como cuánto perdurara la inmunidad en el cuerpo.

Asimismo, existe la “Vía de Urgencia” que es cuando estas empresas podrían solicitarle a los organismos competentes una facilitación para saltarse un sinfín de trámites burocráticos, sin dejar de lado los pasos de seguridad necesarios para que las vacunas sean probadas en la población. Por ahora, la farmacéutica Pfizer no ha considerado esta opción, puesto que prefieren esperar al menos dos meses para observar y estudiar el desarrollo de la mitad de los pacientes desde la última inyección hecha. 

Por otro lado, aún de ser aprobada esta posible vacuna por la FDA y otros organismos competentes del área farmacéutica, quedan muchos retos por delante: la manufactura de hacer cada dosis, su distribución global y la conservación y almacenamiento de las mismas.

En todo caso, la compañía ya ha asegurado que para finales del año 2020 tendrán listas al menos cincuenta millones de dosis a nivel global y estiman para el año 2021 que tendrán, al menos, unas ciento treinta millones de dosis más. 

Luz y esperanza

Parece que cada vez estamos más cerca de ver el fin de esta pandemia. Todo debido a la ardua labor de miles de médicos, científicos y gente valiente que ha puesto su vida para el provecho de la ciencia.

Quiero cerrar el artículo con un mensaje positivo que dijo Martos en su entrevista… y es que no existe una sola vacuna contra la covid. Pudiesen existir múltiples respuestas contra la enfermedad. A estas alturas hay docenas de compañías en el Mundo buscando vacunas contra esta. Y es que si bien Pfizer parece ser la compañía que más lejos ha llegado por ahora, eso no debe dejar de lado el trabajo investigativo de empresas como Moderna, Johnson & Johnson y Astrazeneca; por el contrario, este avance de Pfizer en conjunto a BioNTech pudiera servir de impulso para conocer más sobre posibles vacunas contra la COVID-19, la extinción del SARS-CoV-2, y una autentica lluvia de vacunas que dejen definitivamente a atrás esta terrible pandemia. 

Personalmente me siento optimista. No ha sido un año fácil para ninguno de nosotros ni para la humanidad. Creo que falta poco, pero sobre todo… creo que lo vamos a lograr, y una vez que pase y debamos reconstruir sobre los cimientos de nuestra golpeada sociedad, también lo haremos y lograremos porque siempre hay luz y esperanza en la adversidad.

Por: Leonardo J. Aristigueta

 

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