Internet es un lugar lleno de odio, violencia y extremismos

La polarización, el radicalismo, la violencia, los insultos, los comentarios ofensivos, las amenazas de todos los tipos y el odio de todas las formas hacia las diferentes ideologías políticas, culturas, posiciones religiosas es la representación del día a día que tienen los diferentes usuarios de las diferentes redes sociales. De hecho, desde la perspectiva personal de cada usuario muy seguramente le resultará bastante normal ver todos los días usuarios que generan estos comentarios de odio contra una persona y/o grupos de personas y estas personas y/o grupos los reciben solo para devolverlo con más odio aún. Esto representa una realidad a lo largo y ancho del mundo interconectado, realidad que puede estar llegando al mundo no digital. 

De hecho, en el documental que ya lleva varios meses en Netflix bajo el nombre de “El dilema de la redes sociales” se pueden detallar una frase acerca de este tema dada por Tristan Harris, el cual es un ex trabajador de Google y presenta al espectador argumentos como “La tecnología supera las debilidades humanas. Este punto yace en la raíz de las adicciones, la polarización, la radicalización, la promoción de la ira y la vanidad.” Y es que por un lado las personas nunca habíamos estado tan conectadas como lo estamos actualmente. Pero a su vez nunca antes habíamos estado tan polarizados políticamente, y nunca antes las noticias falsas, los discursos de odio y el fanatismo se habían esparcido de manera tan veloz y eficaz en todos los niveles de la sociedad.

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Como un duro golpe de realidad, se puede revisar como es prácticamente un hecho –y como hay realmente mucha información y estadísticas verificadas- que las noticias falsas o fake news se esparcen mucho más rápido por el internet que las noticias verdaderas. Esto sucede debido a que las noticias falsas son puestas en nuestro “camino” según nuestro perfil en redes sociales; este perfil de consumidor de contenido habitual es determinado por nuestros gustos, es decir, se determina por el contenido al cual le damos like o que solemos ver, lo que compartimos, lo que solemos publicar, donde solemos estar y básicamente todo aquella información que aportemos a cualquier red social haciéndonos ver lo que queremos ver y no la realidad. 

El problema de todo esto es que genera en nosotros algo llamado la posverdad. La posverdad es definida por la Real Academia Española como “La distorsión deliberada de una realidad, que  manipula creencia y emociones con el de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales.” Es decir, se generan y son puestas en nuestro “camino” noticias apostando a los que creemos, lo que nos gusta y sentimos que es la realidad y no a lo que realmente es; logrando así encerrarnos en burbujas y comunidades donde lo único real será la alimentación y reafirmación de nuestra posverdad; y es precisamente en estas comunidades digitales que van desde pequeños grupos de WhatsApp hasta comunidades digitales completas en plataformas de todo los tipos donde los excesos de información falsa hará crecer el odio, la polarización y la violencia y que estos problemas pasen del mundo digital al mundo no digital.

De hecho, es muy común ver en redes sociales como Twitter que se desaten discusiones llenas de insultos y amenazas cuando se tocan temas de política mundial, temas como feminismo, sobre la comunidad LTBGI+. En fin, estas discusiones -y los insultos- son tan variadas como los temas que tienen personas a favor y en contra. En este punto es necesario aclarar que expresar nuestras opiniones nunca está mal y es un legitimo derecho que todos tenemos por el simple hecho de ser personas, el problema es que, más que dar una opinión critica que invite a la reflexión simplemente se desatan comentarios cargados de odio, extremismo y polarización, donde cualquier idea, comentario, medio de comunicación que sea contraria a la postura del radical debería ser eliminada, cancelada -o incluso en los casos más extremos erradicada y/o encarcelada-.

Como un ejemplo claro de todo lo anterior y de que las noticias falsas, la polarización y el odio está pasando la barrera del mundo digital e invadiendo el mundo no digital, lo podemos observar cuando leemos que uno los mayores temores que existían antes y durante e incluso después de las más recientes elecciones de Estados Unidos -elecciones en la cual se terminó alzando Joe Biden como presidente- es que el país se tornara violento. Y de hecho, en un reportaje de la Corporación Británica de Radiodifusión (BBC) Estados Unidos se acercaba a un “peligro desconocido”. 

Y es que las posverdades se están apoderando de las personas y del mundo, y en el caso Estadounidense se puede detallar muy bien, las posverdad en este caso es presentadas como una especie de fraude en las elecciones –fraude que muy difícilmente se haya dado- donde los medios de comunicación tienen una especie de dictadura informativa –cosa que no es así- y solo el actual presidente Donald Trump y sus seguidores tienen la verdad; aunque la verdad sea que Donald Trump y sus seguidores no quieren aceptar los resultados y lo único que han hecho es desinformar, llevando a Estados Unidos a estar a la expectativa de la sentencia que emita la corte sobre el fraude que tanto alega el actual presidente y que si por algún motivo esta sentencia llegase a ser desfavorable al actual presidente, probablemente esto llevará a que se desaten una enorme oleada de seguidores de Donald Trump buscando defender sus posverdades –en algunos casos de  maneras mucho más radicales que en otros- de la peor forma posible, con odio, violencia y extremismo, atentando contra la democracia e institucionalidad del país del norte. 

Ante todo esto surge una interrogante enorme ¿Cómo se combate contra la desinformación y el odio? Si bien es cierto que no existe una guía máxima con todas las respuestas para acabar con el odio y la desinformación, no exime del hecho de que si existen maneras de luchar en la actualidad contra estos problemas, de hecho, hay propuestas individuales y colectivas.

En cuanto a lo individual queda de nuestra parte de nosotros pensar dos veces antes de compartir una noticia, además de evitar dejarnos llevarnos por nuestra postura política o ideológica a la hora de compartir una noticia, ya que las fake news nos hacen leer lo que queremos leer, como otro punto siempre es necesario revisar el medio de cual estamos compartiendo información, aunado a todo esto, entender que muchas veces esas personas que esparcen odio por redes son violentos porque están en el anonimato pero en una discusión en persona nunca difícilmente se comportaría de la misma manera, entender también que muchas veces esas personas que logran hacer mucho eco con su odio en redes terminan representando una minoría en la sociedad fuera de las redes sociales. 

Desde una visión más colectivista debe dividirse en dos formas, Estado y sociedad, por parte de la sociedad es necesario que nos organicemos para generar movimiento completos en contra de la intolerancia y exigir a los Estados que mejoren cada vez mas y mas los procesos para poder denunciar estos sitios de noticias falsas y odio, a su vez los Estados tienen que seguir promoviendo leyes que castiguen la difusión de mensajes de odio y que los mecanismos de denuncias sean efectivos con respecto al tema. Como último punto, la educación que incentive los mensajes de paz, la multiculturalidad, el respeto, la convivencia y sobre todo, el respeto en redes. 

Como reflexión final, solo me queda decir que queda mucho camino por recorrer, pero al final de todo esta es una lucha perfectible y que ante esta gran cantidad de problemas lo que queda y también lo mejor que podemos hacer es seguir en la búsqueda de propuestas innovadoras para seguir enfrentando al odio y las noticias falsas.

Por: Luis Ángel Ceballos

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