Finalmente el Me too llegó a Venezuela

El movimiento #MeToo, se originó en Estados Unidos en el año 2017, a raíz de una serie de denuncias de abusos y violencias de índole sexual, realizadas por muchas famosas de Hollywood, en contra del productor de cine Harvey Weinstein. Cuatro años después, se viralizan mediante las redes sociales casos similares en nuestro país, en los que presuntamente se acusa de violadores, acosadores sexuales y/o pedófilos a varios hombres conocidos en diversos gremios sociales (artistas, músicos, escritores, comediantes, actores, políticos, profesores) quienes aprovechándose infamemente de su fama, poder o condición social,  abusaron sexualmente de sus víctimas, en su mayoría menores de edad.

Yo te creo, el movimiento Me Too Venezuela. Foto: Cortesia

Estas valientes mujeres decidieron contar sus espeluznantes historias públicamente, reviviendo indeseables momentos, sin formalizar denuncias penales, ante los organismos competentes. En virtud, de la total desconfianza de las víctimas de ejercer sus derechos por la evidente ineficiencia del sistema judicial, aunado a la falta absoluta de empatía de los llamados a ejercer la justicia, e incluso de la sociedad. Sin embargo,  tales hechos más que notorios llevaron al fiscal general de la República -nombrado por la desaparecida ANC- a iniciar de oficio una investigación de carácter penal sobre esta ola de violaciones, situación bastante acertada, que es de aplaudir en un país como el nuestro donde todo está tan viciado, politizado y podrido, pues que la persona encargada del organismo que ejerce la acción penal, haga su trabajo, resulta sorprendente.

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Ahora bien, muchas víctimas y personas en redes han tildado estas miserables conductas bajo la figura de “estupro”, y aunque no estén errados, existe una importante confusión en cuanto a la terminología técnica- jurídica aplicable en estos casos, pues jurídicamente  el delito “estupro” no existe en nuestro ordenamiento, sin embargo, tanto el Código penal venezolano, como la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNA) y la Ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una vida libre de Violencia (LODMVLV) tipifican varios supuestos de delitos de índole sexual, cada uno con términos distintos.

Aunado a lo anterior, en el Código penal se tipifica la violación (artículo 374)- siempre que haya violencia y constreñimiento-, para la LOPNA se considera abuso sexual (artículos 259 y 260) –siempre que no sea consentido por la víctima- y para la LODMVLV, se aplicaría la violencia sexual, para las víctimas mayores de edad (articulo 43) o el delito de violencia sexual bajo la modalidad de acto carnal con víctima especialmente vulnerable, cuando esta sea una menor de edad (artículo 44).  Siendo importante decir que este último, además de establecer una pena de 15 a 20 años de  prisión, se diferencia de la violación (código penal) y del abuso sexual (LOPNA) porque se aplica “aun sin violencia o amenazas”.

Por ello, al tratarse de femeninas abusadas sexualmente (sean niñas, adolescentes o mujeres), estos delitos se regirán mediante esta última ley, pero si se tratare de un hombre adulto, se aplicarían las normas del código penal y si fuese un niño o adolescente del sexo masculino, la ley aplicable sería  la LOPNA.

Sin embargo, a diferencia del estupro, que se produce cuando una persona mayor de edad, mantiene relaciones sexuales con una persona adolescente, que consiente la relación, mediante el engaño o el abuso de superioridad sobre ella, en la violación impera el constreñimiento de la víctima.

En concordancia con lo anterior, algunas víctimas sostuvieron una relación consensuada con su agresor, a pesar del abuso. Por ello, no es considerado jurídicamente como violación (CP), ni abuso sexual a un adolescente (LOPNA), pero podría encajar en los supuestos de acto carnal con víctima vulnerable, si la víctima es una mujer menor de 16 años,  o en otros delitos como acoso sexual, y violencia psicológica, tipificados en la LODMVLV.

Primeros señalados por el movimiento Me Too en Venezuela 

Por su parte, los ciudadanos que están siendo actualmente investigados por el Ministerio Público y sobre los cuales ha habido más revuelo, debido a las constantes denuncias y evidencias delictivas son:

  1. Alejandro Sojo: sujeto por el que se dieron a conocer las denuncias, mediante un usuario de Instagram y seguidamente por otras redes como Twitter, su modus operandi se basaba en establecer una comunicación bastante perturbadora con sus fans, en su mayoría menores de edad, se hacía amigo de las víctimas, para luego ofrecerles ir a “reuniones” en su casa con el único fin de sostener alevosamente relaciones sexuales con estas, ofreciéndoles drogas o bebidas alcohólicas, -muchas mujeres en su testimonio alegaron que fueron drogadas sin su consentimiento- y aunque las víctimas se negaban al coito, él insistía hasta inmundamente proceder al acto carnal. Hasta los momentos solo se sabe que reside en Argentina –el MP, debe solicitar su extradición, pues en materia de género y de menores, estos delitos son de orden público-.

Sojo, publicó un comunicado en su cuenta de Instagram, admitiendo sus  lóbregos crímenes, sin embargo,  los minimizo al considerar que para el momento era un “muchacho ignorante e imprudente” además de inferir que sus torcidas conductas vienen arraigadas por el machismo.

No obstante, se considera que referidos hechos bajo ningún concepto tratan sobre un acto de inmadurez,  sino de un concurso de delitos  graves cometidos, penados por la ley.

Por ende, se infiere que al darse cuenta de las repercusiones penales de su confesión, procedió a eliminar su cuenta, y  en consecuencia sus disculpas, que sin duda, no bastan en estos casos, porque los delitos que él afirmo cometer no son simples “errores de muchacho”, son crímenes, y estos no se solucionan con una bizantina disculpa, se sancionan mediante un debido proceso, hasta llegar a una sentencia; pero, por sobre todo, quiero recalcar que, muy a pasar de su derecho a la defensa y garantía de presunción de inocencia, son tantos los indicios y evidencias de sus aberraciones, que absolutamente nadie, –ni él- puede negar que este hombre a utilizando perversamente su perfil de músico para abusar de adolescentes, mediante actos premeditados de pedófilo y depredador sexual.

  1. Willy Mckey: Escritor venezolano, acusado socialmente de pedófilo y acosador sexual, quien abusando esta vez de su profesión e ilusionando a su víctima de 15 años de edad, tuvo una relación consentida llena de viles falacias y prosas aberrantes. Luego de admitir sus infames delitos, mediante una seguidilla de publicaciones maquiavélicas y retorcidas, elaboradas detalladamente en su cuenta de Instagran, -en las que también justificó sus aberraciones, a la cultura de la normalización del machismo, considerándose un “deconstruido”- procedió a suicidarse, pudiendo más su ego y presión social, que su arrepentimiento. Por ello, estas pavorosas acciones jurídicamente quedan impunes, tras su muerte. Sin duda, era un hombre admirado y respetado por muchos, era un hombre académico, pero eso no lo exime de ser un depredador sexual, y ahora una decepción para muchos, incluyéndome.

Del mismo modo, están siendo investigados, los ciudadanos Tony Maestracci, ex -baterista de Tomates Fritos, así como los periodistas: Víctor Amaya y César Batiz, debido a las denuncias públicas de mujeres víctimas de violencia psicológica y acoso sexual, delitos tipificados en la ley Orgánica Sobre el Derecho de las Mujeres a una vida libre de Violencia

Mientras tanto los testimonios aumentan progresivamente, basta con abrir Twitter y leer a infinidad de venezolanos, hombres y mujeres que cuentan sus aterradoras historias,  al no confiar en las instituciones, lo que impera son las redes, tristemente. También está la otra cara de la moneda, esas personas que viven para hacer daño en el mundo digital, que hacen que denunciar anónimamente se vea terriblemente fácil, pues claro que algunas denuncias podrían ser falsas y allí existe una línea delgada entre la denuncia, la amenaza y la difamación e injuria, pero para ello está la investigación.

Las víctimas deben formalizar la denuncia ante los organismos competentes. Se debe de disipar el temor, aunque cueste, aprovechemos la reacción sorpresiva del MP. La denuncia es un paso importante para la justicia y esta es nutritiva para la recuperación de una víctima. Por ahora, me too…

Para finalizar, quisiera cerrar con una interrogante ¿Por qué nadie está hablando de todo el trabajo que tenemos que hacer como sociedad para detener la cultura del abuso sexual?

Por: Mariana Linares

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