Estado homofóbico y transfóbico

La Organización de Naciones Unidas proclamó el 17 de mayo como el Día Internacional en Contra de la Homofobia, Bifobia y Transfobia en conmemoración a que en 1990 se eliminó la homosexualidad de la clasificación internacional de enfermedades mentales por la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

Homofobia y transfobia

Este día es una conmemoración y un llamado al respeto por parte de una sociedad en la que la diversidad y los derechos humanos son opcionales cuando se habla de individuos pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+. Es de vital importancia acotar que las personas homosexuales, bisexuales, intersexuales y transgénero son víctimas diariamente de acoso, violencia, tortura, detenciones arbitrarias y discriminación. Casos que en su mayoría, quedan impunes. En la actualidad la homosexualidad sigue siendo un delito o un crimen en más de setenta Estados y se castiga con la pena de muerte en, dentro de poco, once de ellos. En algunos países, la homosexualidad y la transexualidad aún son consideradas enfermedades. 

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Actualmente en nuestro país, la homosexualidad no está penada con muerte, pero aun así somos de los gobiernos más atrasados en derechos LGBTIQ+, donde aún no hay derecho al aborto legal, seguro y gratuito; aún está prohibida la adopción homoparental, la ley de identidad de género sigue inexistente, la terapia de reconversión sigue siendo legal y el matrimonio igualitario restringido. 

En Venezuela, la homofobia es una política de estado, en múltiples ocasiones el chavismo ha usado términos homofóbicos a manera de insultos. “Mariconsones”, “pargos” y “patos” son solamente algunos de los comentarios que algunos dirigentes del gobierno de Nicolás han usado para referirse a personas de la comunidad o personas de la oposición, dándole a este adjetivo una carga peyorativa. 

Y si estas son las palabras que usan estas personas en su léxico común, ¿qué podemos esperar de sus políticas públicas? 

Ya que este es un problema social que incomoda a unas pocas personas hablamos de un problema que hiere, discrimina y asesina. Según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), Venezuela es el cuarto país de Latinoamérica con el mayor índice de asesinatos de personas LGBTI, sumando 109 asesinados por casos relacionados con discriminación y odio a los integrantes de este movimiento social. Además en más del 50% de estos casos están implicados fuerzas de seguridad del estado, bien sea la Policía Nacional Bolivariana o la Guardia Nacional. 

Ante este problema, la sociedad civil no puede ser más indiferente. Si se exhibe cualquier indicio de activismo o de muestra de una lucha social en pro de nuestros derechos, de manera automática salta el comentario “hay cosas más urgentes y esto no es importante” porque ante los ojos de la opinión pública, solo son personas que quieren que les pongan sus derechos en un papel y ya, pero estamos hablando de reconocimiento legal, jurídico, amparo ante las leyes e instituciones que nos defiendan. 

En Venezuela carecemos de los recursos que nos permitan a las personas LGBTIQ+ desarrollar nuestra vida como el resto, ya que como muchos dicen “aquí no hay homofobia”, pero salir con hombres es visto como algo denigrante y ofensivo, si una mujer tiene el pelo corto es marimacha y si al niño le gustan las muñecas pues es una mariquita. Todos estos estereotipo de género son un cáncer que poco a poco destruye nuestra sociedad, dejándonos cada vez con menos espacios. 

En nuestra ley que protege a las minorías ante todo tipo de discriminación, solo se habla de defender y respetar la orientación, etnia, y credo del mismo. Pero cuando de habla de la identidad de género nos encontramos ante un vacío legal, y si se presenta un caso de discriminación , las autoridades no actúan y si lo hacen, lo hacen por mera cortesía, ya que en palabras de los mismos oficiales de la PNB: “los problemas de los transfor son problemas de prostitutas y ahí nosotros no nos metemos”. Demostrando así toda la discriminación que empapa nuestras instituciones. 

Las personas de la comunidad somos personas, con derechos y garantías que deben ser respetadas y el estado debe hacerlas respetar, pero simplemente no le importa esta minoría. No le importan los derechos civiles de la pareja homosexual que lleva una década viviendo juntos y ante el fallecimiento de uno de ellos, el sobreviviente se quedó sin nada de lo conseguido en la relación. Tampoco le importan los derechos de Iris, Alejandra y Martina, mujeres trans que no tienen un acceso a la salud garantizado por el estado y tienen que conseguir sus hormonas por medios alternos a precios elevados. Y mucho menos le importa el derecho a que una mujer pueda tener decisión libre y total sobre su cuerpo. 

La semana pasada, la Asamblea Nacional Constituyente declaró el 17 de mayo como día nacional en contra de la Homofobia, Transfobia y Bifobia para así mostrar un compromiso revolucionario con la comunidad y extender la solidaridad por parte del estado. Esto como parte de la agenda para ser un estado “feminista” y a “favor de los derechos geis”; pero esto es una total y vil mentira. Pero con un día nacional, no nos otorgan derechos, con eso no nos devuelven a las que nos quitaron, esto no es suficiente. No queremos migajas, queremos nuestros derechos.

Por: Michelle Artiles

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