El poder venezolano: civiles sí, militares no

Venezuela tiene una historia de ejercicio político alternado entre civiles y militares en el poder, cuyas formas de gobierno, han influenciado la cultura política e histórica de la nación.

Y en ese ejercicio a veces de apoyo, otras veces contrapuesto; es necesario admitir que ambas fuerzas permitieron la construcción del país como lo conocemos hoy, con sus rasgos positivos y negativos.

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Sobre los gobiernos militares

Es mucha la literatura que se ha reseñado sobre la influencia de los gobiernos militares en la historia de Venezuela; y de hecho sus efectos en la actualidad son claros. Durante el siglo XIX el poder armado y de ejercicio castrense, fue el que ensambló la voluntad para la independencia, la capacidad para unificar el territorio, mantener el control y la seguridad nacional.

Además de que la modernización del Estado comenzó por el lado de las Fuerzas Armadas, como sugiere Marco Tulio Mérida; ya que la suma del entrenamiento de los oficiales en escuelas especializadas y el establecimiento del servicio militar obligatorio para jóvenes irónicamente trajo el resultado conocido: que el ciudadano fue primero militar y luego elector.

Siendo este un sujeto entonces siempre identificado con las figuras castrenses, que más allá de sus capacidades conscientes dentro de la sociedad; se consiguió en un mundo donde los militares se sienten parte del ejercicio político, con la capacidad y responsabilidad de intervenir.

Cosa que sucede en Venezuela y no es común, ya que los Estados modernos adoptaron desde principio del siglo pasado una política conocida como doctrina del control civil, en la cual los militares debían estar subordinados al control de los civiles.

Pero el rol de aquellos, supo sobreponerse a dicha intención en Venezuela, los militares aquí tienen roles adaptativos y políticos. Por lo que el poder de los civiles sobre las Fuerzas Armadas siempre ha sido un debate abierto; tanto que de veinte años para acá los segundos están subordinados a los primeros.

La actividad civil y política, en 200 años de historia se ha visto absorbida negativamente por el control y la presencia de los militares. Un escenario nada virtuoso, que ha producido la degeneración de la democracia, más precisamente en las últimas dos décadas.

Sobre el gobierno y vida de los civiles

Así el dominio del “hombre fuerte” y su destino militarista de gobernar al país, no ha dejado entrever la importancia de los civiles en la cimentación de la nación y su visión más democrática de la política.

Aunque bajo los gobiernos civiles Venezuela tuvo su construcción democrática formal, el crecimiento de sus instituciones y el auge económico potencial ante la región y el mundo. Sin contar los aportes que los intelectuales civiles brindaron a la formación cultural, social y política del país. En términos generales fueron los arquitectos de las buenas prácticas, avances tecnocráticos y valores republicanos.

En el siglo XIX y XX se cuentan muchos, como Juan Germán Roscio, José Cortés de Madariaga, o el educador, poeta y filólogo Andrés Bello; y otros más comprometidos con lo político como José María Vargas, los ensayistas Picón Salas y Uslar Pietri, e incluso José Gil Fortoul.

Y de una época más reciente los insignes presidentes Rómulo Betancourt, y los autores del nacimiento, éxito y fracaso del bipartidismo puntofijista como Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, que como menciona Rafael Arráiz Lucca son “sendos personajes que demostraron que la civilidad no siempre está destinada a fracasar”.

Militares no, civiles sí

En general han sido los civiles, quienes dieron al Estado de su época democrática más certera; incluso con sus errores conocidos. De los que se debió aprender y continuar, sin desprenderse de dicho empuje y liderazgo de civilidad, ya que lo único que nos dejó el abrazar nuevamente en este siglo; la idea de que la fuerza militar tiene la capacidad en gobernar al país ha sido un régimen autoritario y totalmente falto de equilibrio político.

El creciente papel de los militares en la economía y política venezolana han ido a contracorriente de los objetivos de un mayor control democrático sobre los sectores de seguridad y defensa. Su creciente participación política y actividades empresariales han potenciado el auge de la corrupción y viciado sus principios.

El resultado en general ha sido la desinstitucionalización, la desprofesionalización y la desconfianza social respecto a las Fuerzas Armadas; y la ausencia de democracia a nivel gubernamental y como valor social. Por ello, justo ahora es cuanto más falta nos hacen nuevamente los civiles preparados, profesionales y capaces de tomar las riendas del control nacional, para el equilibrio de la república.

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