El Esequibo y la amnesia histórica del venezolano

La disputa territorial entre Guyana y Venezuela sobre la región esequiba ha sido un asunto circunstancial en la conciencia del venezolano, añadiendo el deficiente papel de los últimos gobiernos al no poseer una estrategia diplomática homogénea, y actuar de conformidad con los intereses ideológicos del momento, careciendo de una política de Estado sólida que ostente la defensa irrefutable de nuestro territorio continental y marítimo que fue despojado arbitrariamente por los ingleses, mediante un laudo arbitral de naturaleza irrita vulnerando los principios del Derecho de Gentes.

El Esequibo y su disputa. Foto: Composición Todos Ahora

La dirección diplomática del Esequibo ha ido por itinerarios  inesperados, debido a la venalidad y enervo de los gobernantes de preservar el territorio que está siendo dominado infundadamente por los guyaneses, poniendo en peligro la única salida al Atlántico que poseemos en desembocadura del río Orinoco, lo cual perjudicaría  los cursos de navegación y representaría un cambio radical y peligroso en las demarcaciones de áreas marinas y submarinas, pudiéndose delimitar la zona.

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No obstante, Guyana ya absorbió toda la ayuda que Venezuela podía proveerle (Petrocaribe), y aún peor conoce el lugar donde se encuentran los recursos y/o riquezas naturales al establecer acuerdos de exploración y explotación con las magnas petroleras del mundo, razón por la cual, resulta difícil en estos momentos pretender la mediación, por ello la actitud insolente de Guyana de romper su compromiso con el Acuerdo de Ginebra, trasladando el plano bilateral que se  sustentaron ambos países a un plano contencioso, siendo incompatible con la esencia, propósito y objeto de este acuerdo, y  a su vez se entiende el repentino y renovado interés del gobierno venezolano en ocuparse del Esequibo tras años de abandono.

Como consecuencia de no considerar prioritaria la defensa de nuestros derechos soberanos, en razón a años de inercia de las políticas diplomáticas para reclamar nuestro territorio despojado, la Corte Internacional de Justicia de La Haya se declaró competente para conocer parcialmente de la demanda unilateral interpuesta por la República Cooperativa de Guyana, en contra de la República Bolivariana de Venezuela, en base a la remisión efectuada por el Secretario General de la ONU, en la cual sugiere se dirima la controversia por ante ese tribunal. 

Todo esto, a pesar de la rotunda negación de Venezuela de consentir resolver el caso por la vía jurisdiccional, pues a diferencia de lo que ocurre en el derecho interno de los Estados, donde todas las personas que se encuentren bajo su jurisdicción están igualmente sometidas a la jurisdicción de sus tribunales, en Derecho Internacional, ningún Estado puede ser obligado a litigar en un tribunal internacional si previamente no ha aceptado la competencia del mismo; en el caso de la Corte Internacional de Justicia, su jurisdicción está condicionada al consentimiento de los Estados, que podrá ser expreso o tácito, pero bajo ningún concepto se puede presumir. 

 Por estas razones consideramos cuestionable y lamentable la decisión de la CIJ, al relativizar de manera bastante osada lo que se constituye como un principio fundamental del sistema de justicia internacional, a partir de una interpretación muy subjetiva y parcial, realizada del alcance del acuerdo de Ginebra de 1966 y de una carta emanada del Secretario General de Naciones Unidas de enero del 2018, y no propiamente del consentimiento expreso del Estado demandado (Venezuela).

Aunado a ello, la Corte dispone que son dos los únicos puntos resolutorios sobre la competencia de la CIJ  contemplados en la sentencia en su párrafo final (i) la validez del Laudo Arbitral de fecha 3 de octubre de 1899 y (ii) el asunto referente al arreglo definitivo de la disputa territorial entre ambos Estados. 

  1. El Laudo de París no es nulo como consecuencia de lo que pueda revelar el memorándum de Mallet-Prevost, sino porque, independientemente de la existencia de ese documento, el laudo fue adoptado por una instancia más política que judicial, en donde una de las partes en la controversia estuvo representada (Reino Unido) y la otra no (Venezuela) ese juicio arbitral se caracterizó por no respetar el debido proceso y la igualdad de las partes, ocultando pruebas, falseando mapas cartográficos, e impidiendo que evidencia relevante se ventilara en el Tribunal. En otras palabras, referido laudo estuvo irremediablemente viciado desde su inicio; al leerlo, salta a la vista su desprecio por las reglas acordadas por las partes, por el exceso de poder, por decidir sobre asuntos que no se habían sometido al conocimiento del tribunal, lo cual es denominado en derecho como “ultra petita” y en general  por una falta absoluta de motivación de lo decidido. 
  2. No cabe duda de que el territorio Esequibo nos pertenece, de acuerdo con  los  legítimos  títulos que  se conservan y proceden desde el  siglo XVI, títulos que heredó la República a partir de 1811, en virtud principio del Uti Possidetis Juris. Basta con recordar que nuestros derechos se remontan a los días del Descubrimiento por Cristóbal Colón, cuando sus bajeles recorrieron desde el río Esequibo hacia el Norte, haciendo escala en Macuro, donde el gran almirante bautizó esa comarca bañada por el Atlántico con el nombre de Tierra de Gracia.

A pesar de las pifias del pasado, consideramos que Venezuela debe participar en el proceso de fondo del litigio, resulta impertinente y cobarde no comparecer en esta fase, debemos de demostrar que el laudo arbitral de París, es inexistente, ese Laudo fue producto de un fraude que impidió la mejor defensa de los derechos de  nuestro país. De esta forma Venezuela puede contrademandar y pedir la nulidad absoluta, del Laudo Arbitral de 1899, tal como lo ha planteado el profesor Victorino Tejera  en el  Libro homenaje al profesor Eugenio Hernández Bretón, Caracas, Academia de Ciencias Políticas y Sociales, 2019,Venezuela debe acudir ante la CIJ para ejercer su defensa en la demanda intentada por Guyana respecto al laudo arbitral de París de 1899”.

Las circunstancias actuales llevan a tratar de enderezar el oprobio del arrebato imperial de la región esequiba como parte de la integridad territorial de Venezuela, siendo la ocasión propicia para reflexionar y actuar en consonancia con nuestro país. 

No podemos seguir siendo estoicos con nuestra propia historia, la  menguante y endeble memoria histórica ha  llevado  al  pueblo venezolano a no conocer de sus tradiciones y derechos soberanos, esta lucha es de todos los venezolanos, sin exclusiones.

Por: Mariana Linares 

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