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EEUU y Unión Europea. Foto: Todos Ahora
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EE. UU. o Unión Europea, dos estrategias para la transición en Venezuela

En la sociedad mundial coexisten dos tipos de países: centrales y periféricos, los primeros son aquellos que tienen gran influencia en la agenda internacional, mientras que los segundos se caracterizan por sustanciales limitaciones políticas, económicas o militares que le restan protagonismo en el escenario mundial. EE. UU. es un país que se enmarca dentro de la primera tipología mientras que la Unión Europea, si bien es un gran bloque de países, para efectos del presente análisis se puede considerar un actor central.

Como actores determinantes dentro de la política internacional (EE. UU. y UE) no han desestimado la crisis multidimensional del sistema político venezolano, todo lo contrario, más bien han centrado sus esfuerzos en apresurar la redemocratización de Venezuela. Sin embargo, sus acciones no han estado exentas de obstáculos, las presiones y gestiones diplomáticas de los dos han sido insuficientes para allanar el camino a la transición, incluso hoy algunos pesimistas pudiesen decir que el cambio en Venezuela está “más cuesta arriba que nunca”.

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Dos formas de abordar la crisis multidimensional venezolana

Una falla continua en la política exterior tanto de EE. UU como de la Unión Europa es la falta de coordinación entre ambas respecto al abordaje de la crisis venezolana. Por un lado EE. UU., que siempre ha percibido a Latinoamérica como una zona de influencia e interés, atendió el conflicto venezolano mucho antes que la UE, y con la llegada de los republicanos a la Casa Blanca (2016) se intensificó y se sistematizó la presión hacia Venezuela con un paquete de sanciones comerciales y financieras que buscaban restringir el flujo de capital venezolano en mercados internacionales mermando la capacidad de compra del régimen, a su vez, empujó una campaña de desprestigio en la opinión pública internacional señalando a los principales jerarcas del régimen como actores no enmarcados en el estado derecho, finalmente, el objetivo de esta estrategia sería posibilitar el quiebre de la coalición dominante.

Del lado de la Unión Europea, la presión hacia Venezuela ha sido menos intensa, las decisiones más agresivas pueden ser las restricciones al tránsito de actores de la coalición dominante y sus familiares en el territorio europeo o la prohibición de importar desde el viejo continente armas que puedan ser utilizadas en contra de la población, cabe resaltar el énfasis que ha hecho la Unión Europea en atender la Emergencia Humanitaria Compleja donando importantes recursos a ONG que se encargan de atender el impacto humanitario de la crisis. Con relación a su discurso sobre el régimen, ha sido menos altisonante que el de EE. UU. caracterizándose por buscar la mediación entre el régimen y las fuerzas democráticas, para ello ha coadyuvado en la creación de diferentes mecanismos de mediación como el Grupo de Contacto Internacional o el apoyo de iniciativas independientes como fueron las reuniones de Oslo.

Posturas de EE. UU. y la Unión Europa sobre las venideras parlamentarias

Ante las próximas elecciones parlamentarias ambos actores continúan con estrategias descoordinadas; desde EE. UU., está en curso una campaña de deslegitimación del proceso electoral basada en las irregularidades institucionales que le restan competitividad a dichas elecciones, se busca aislar internacionalmente al régimen y a su vez brindarle apoyo a la Asamblea Nacional. Por su parte, la Unión Europea, ha reconocido que las condiciones electorales de las parlamentarias no son las más optimas, sin embargo, ha subrayado que la ruta electoral es el mejor camino para solventar la crisis del sistema político venezolano, incluso el lunes Josep Borrel afirmó que faltando sólo tres meses para la elección se está evaluando enviar una misión de observación electoral.

Americanos y europeos deben unir sus estrategias

Los actores de la sociedad mundial que han propugnado una transición pacífica y democrática en Venezuela fracasaron, principalmente, por tomar una política exterior unilateral y descoordinada del resto de países. Es momento de que EE. UU. y la Unión Europea, entiendan que la presión internacional y la búsqueda de mejores condiciones electorales no son estrategias antagónicos ni mutuamente excluyentes, es imperativo que esas potencias eleven la diplomacia y unan esfuerzos coordinadamente para reinstitucionalizar el sistema político venezolano a través de una estrategia compleja y que de cuenta de la nueva realidad venezolana y global.

Por: Ricardo Martínez

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