Biden y su diplomacia más profesional, multilateral y menos volátil

El mundo observa con atención y preocupación la coyuntura electoral del sistema político norteamericano, y no es para menos, la política mundial está influenciada por quienes durante los próximos cuatro años se encuentren en la Casa Blanca. La economía mundial, la seguridad, las relaciones interestatales, el cambio climático; son sólo algunos de los temas en los que la postura de Washington es importantísima para el devenir global.

Venezuela no escapa a ello, incluso se ha visto como los venezolanos han seguido acuciosamente la contienda electoral entre republicanos y demócratas; acaloradas discusiones en redes sociales entre connacionales, han sido lo común en los últimos días.

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El futuro político de Venezuela está signado por la estrategia que desde EE. UU se elabore para coadyuvar a la transición democrática del país. Para apreciar en su justa dimensión la enorme influencia de EE. UU sobre Venezuela, es menester puntualizar su estrategia en materia de política exterior; tanto de la administración Trump como presumiblemente la que tendrá Biden.

Trump: volatilidad, disuasión militar y máxima presión  

La política exterior de Trump hacia Venezuela se caracterizó por su volatilidad, su discurso, enmarcado en el “todas las cartas están sobre la mesa”, no definía una postura clara acerca de cuál sería el camino para coadyuvar a la transición democrática en Venezuela, ¿sería acaso la negociación o una opción de fuerzas?

Cabe destacar, que este vacío en su estrategia fue reforzado con un discurso estridente y de confrontación hacia el oficialismo, que derivó en la consolidación de las alianzas del oficialismo con sus socios iraníes, rusos y chinos, que hasta hoy le ofrecen un soporte más que económico, geopolítico y nutren con eso su narrativa “antiimperialista”.

La diplomacia norteamericana no estuvo tampoco exenta de escándalos, fue el caso de John Bolton (exasesor de seguridad de Trump), quien afirmó la presunta intención de Trump de reunirse con representantes del oficialismo.

Quizás el elemento más sobresaliente de la estrategia hacia Venezuela fue el plan de “máxima presión”, que consistió en una batería de sanciones comerciales y económicas para obstaculizar las operaciones de PDVSA. En este sentido, se le impidió a las empresas norteamericanas y europeas comerciar crudo y otros productos derivados con la estatal petrolera.

Biden: diplomacia más profesional, multilateral y menos volátil

Con Biden iniciará un proceso de recomposición de la diplomacia norteamericana, no solamente nominalmente, toda transición de mando cambia unos cargos por otros, sino también una modificación en su posición respecto a la sociedad mundial.

Bajo la administración Trump, hubo un distanciamiento de EE. UU de organizaciones multilaterales, por ejemplo, la salida de Washington de la OMS y del Acuerdo de París. Por su parte, Biden y su equipo diplomático, aplicaran una política más multilateral e intentaran reivindicar la influencia de EE. UU en esas instancias.

Sobre Venezuela habrá una revisión de la estrategia adoptada hasta ahora, y pueden venirse algunos cambios quizás no de fondo, pero si de forma, y la forma en diplomacia es un elemento importantísimo.

Estrategia de los demócratas hacia Venezuela

En primer lugar, se revisara la batería de sanciones, si algunas sanciones impactan más en la vida de los venezolanos que en la presión hacia el oficialismo posiblemente podrán ser levantadas. En segundo lugar, el discurso hacia Venezuela se matizará un poco, ya no se escuchará una narrativa altisonante y belicista sino un discurso más sosegado que, sin minimizar la crisis de Venezuela y sin dejar de señalar a los responsables, busque un punto medio.

En tercer lugar, los esfuerzos tenderán al diálogo más que ha a la estrategia de “máxima presión” y disuasión militar aplicada por Trump, buscaran acercamientos con algunos miembros del oficialismo para conocer de primera mano sus intereses y a partir de allí construir una estrategia para el cambio político.

Finalmente, la mejor relación que tendrán los demócratas con sus socios de la región, así como con la Unión Europea, reforzará las intenciones de diálogo y posiblemente los esfuerzos para conocer las posturas del oficialismo cuenten con el apoyo enérgico de esos aliados.

Afirmar que el carácter bipartidista de la política exterior hacia Venezuela la vuelve intocable es un error, el tratamiento demócrata será notablemente diferente y eso hay que asumirlo.

Una pandemia que aún se encuentra latente, una recesión económica mundial y la coyuntura electoral en Estados Unidos trasladan la crisis venezolana a los últimos lugares de las agendas de exteriores. Por último, toca seguir resistiendo y asumir que las transiciones son procesos lentos.

Por: Ricardo Martínez

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