Así termina la democracia

Qué nos hace pensar y sentir que por ser la democracia el sistema político preferente, no llegará a su fin en la mayor parte del mundo en el siglo XXI, como ha sucedido en varios países ya. ¿Cuánto podemos persistir con unos elementos institucionales en los que nos hemos acostumbrado a confiar sin darnos cuenta de que ya han dejado de funcionar? O bien ¿Cuáles son las formas de gobierno alternativas del futuro, a las que tienden nuestras sociedades?

Democracia en Venezuela. Foto: Composición de Todos Ahora

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Ruciman: los sistemas políticos actuales son seudodemocracias

Estas interrogantes, son un debate reciente, que calzan en lo justo para entender hacia dónde vamos y qué podemos esperar en política. Análisis que bien desarrolla en su texto el politólogo británico David Ruciman cuyo título “Así termina la democracia” deja clara la intención del autor.

Esta, lejos de ser una lectura técnica y llena de términos políticos complejos, es sencilla y ligera; se nota su intención de ser comprensible; y es que el tema planteado necesita ser explicado de forma clara.
Así Ruciman comienza planteando, cómo normalmente esperamos que el derrumbe de los sistemas democráticos sea espectacular. Un acontecimiento público y suficientemente conocido, al que en la historia moderna ya se le ha atribuido hasta un ceremonial emotivo.

Sin embargo, la democracia ha muerto muchas veces en varios lugares del mundo; y no siempre de forma contundente y espectacular. De hecho, son tantos los sistemas políticos actuales seudo democráticos, que es prudente hablar de la transformación y mutación de la democracia; en otras formas de gobierno, lo que da cuenta de que quizá ya la democracia comienza a vivir su fin histórico.

Alternativas al modelo democrático ¿Podemos probar otro sistema?

Ahora bien, no se vaya a considerar que este ensayo, es pesimista por su posición ante la democracia. Por el contrario, la exploración de Ruciman se avienta sobre un debate bastante actual e ilustra el futuro. Incluso se da a la tarea de exponer algunas alternativas futuras, como ejemplo posible:

– Estado corporación funcionaría como una gran empresa dirigida por un consejo que, al igual que sucede en la mayoría de las empresas, no es elegido por la ciudadanía. En este modelo los ciudadanos son meros clientes y, como tales, más que inmiscuirse en política, solo quieren que la “empresa” con la que mantienen relación funcione correctamente. Este modelo está caduco y supondría un retroceso considerable, por lo que el autor lo desecha.

– El autoritarismo Pragmático es el actual modelo chino. En apariencia es un modelo que funciona: la economía china crece sin parar. Sin embargo, los ciudadanos no gozan de todas las libertades. Eso sí, esa falta de libertad el Estado la suple dándoles todo lo que puedan necesitar. Es el modelo que cada vez se extiende subrepticiamente a un mayor número de países: un rápido crecimiento económico y un fuerte sentimiento nacional que refuerza los beneficios colectivos sobre la libertad individual.

– La epistocracia es el gobierno de “los que saben”. Se trataría de de establecer un sistema ponderado del voto, discriminando a aquellos ciudadanos que estén peor informados sobre temas políticos, económicos o sociales que afecten a un determinado gobierno. El problema obvio de este método es cómo se puede establecer quiénes son los ciudadanos que más saben y quiénes son los que menos.

– La robotcracia sería un gobierno tecnológico. En el que sean las máquinas las que sustituyan a los humanos en la toma de decisiones políticas. Para ilustrar mejor, David Runciman menciona el caso de una empresa tecnológica que anunció, estaba trabajando en un sistema de inteligencia artificial capaz de mostrar a los votantes qué debían votar antes de que ellos mismos lo supieran.
Lo que parece lógico, pues con la cantidad de datos que se guardan ahora mismo de todo el mundo, sería perfectamente posible saber por adelantado qué opción política conviene más a sus gustos y a sus necesidades.

– La Nueva Anarquía este último enfoque plantea que por encima de todo está la necesidad de libertad absoluta para el ser humano. Los avances tecnológicos pueden hacer realidad este sistema. Pero, para el autor, este sistema no deja de ser una utopía irrealizable.

Pero ¿Qué pasa con la democracia?

Luego de aventarse sobre las alternativas a la democracia; Ruciman concluye que, lo que sucede con la democracia es algo similar a un conflicto de la madurez. Como aquel que sufren los hombres de mediana edad a los 40 o 50 años, donde sienten la necesidad de reinventarse y comienzan a tomar riesgos.

Como comprarse una moto esperando que la suerte le acompañe; porque podría acabar muerto. Sin embargo, también podría sobrevivir y adquirir nuevas experiencias.

Es decir, la democracia puede sobrevivir, pero tiene frente así retos de adaptación institucional y de legitimidad muy fuertes. Debe reevaluar sus principios y comprender las nuevas necesidades humanas; sin dejar perder su esencia.

El final de la democracia es un camino trazado, pero no determinado

Por último, Runciman deja una puerta abierta a la acción política como acto colectivo. Proponiendo que de quedar capacidad de vida para el sistema democrático, se necesita acción política.

Porque, a diferencia de quienes se hayan sentados sobre la idea de que el gobierno del pueblo no es posible, y solo es discurso populista o negación elitista. David sugiere que el gobierno del pueblo (demo, ‘pueblo’; cracia, ‘gobierno’) debe ser proactivo y vocacional, procurando su acercamiento a las necesidades sociales y no distanciándose de ellas. Porque de lo contrario aquel sistema democratico tan alabado, sí llegaría a su seguro fin.

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