Zulianos en vulnerabilidad por las fallas de servicios públicos

El desamparo ante la casi inexistencia de los servicios públicos en la región zuliana, aunado a la hiperinflación, el desabastecimiento y la diáspora, entre otros factores, ha modificado la cotidianidad de los zulianos. Su gente alegre, con apego al núcleo familiar y extremadamente creyente de la fe católica siempre es su sello. Hoy la ciudad del sol amada luce solitaria, oscura y triste.

Las fallas de los servicios públicos se agudizaron en el transcurso del año. Los apagones y planes de racionamiento eléctrico impuestos apagan poco a poco varios sectores de Maracaibo hasta llegar a perturbar la cotidianidad familiar, laboral y estudiantil. A los zulianos esta constante vulnerabilidad les ha robado la salud mental.

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A punta de leña y tobo viven los zulianos

La crisis en los hogares zulianos comenzó a trastocar otros elementos: el agua y el gas en cilindros. El gas doméstico en cilindros también desapareció, por lo que comunidades enteras deben cocinar con leña. Situación que además ha traído como consecuencia la deforestación.

Los zulianos deben hacer kilométricas colas para “carreterar” agua de otros sectores, cañadas o zonas donde los mismos vecinos han roto tuberías madre en medio del desespero. La insalubridad por la falta de agua y de dinero para comprar productos de aseo personal han ocasionado la proliferación de escabiosis, hepatitis y cuadros infecciosos a nivel intestinal.

Gabriela Suárez, ama de casa, no tiene ninguna de las dos cosas. «Este año me ha dado bronquitis dos veces por cocinar con leña. No consigo la bombona por ninguna parte y donde la he conseguido me quieren cobrar 50 dólares por la de 10 kilos, eso es impagable».

Crisis universitaria en los zulianos

En el caso de los universitarios la situación no es diferente. La falta de efectivo para desplazarse, de alimentación y la migración de profesores y alumnos ha traído como consecuencia deserción y abandono de carreras.

Anderson Gutiérrez, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica Cecilio Acosta, contó a Todos Ahora que debido al COVID-19 ver clases virtuales es una situación alejada a la realidad, los servicios de internet y electricidad en la región son precarios.

 «Yo estudio y trabajo. Muchas veces debía decidir si ir al trabajo o a la universidad, porque tenía que comprar el efectivo y no me alcanzaba. Las condiciones en las que recibíamos clase no eran las mejores».

David Ferrer, estudiante de la Facultad de Ciencias de la Universidad del Zulia, recalcó el mal estado en el que está su casa de estudios: «Este último año ha sido el sepulcro de la universidad, es duro, pero es la realidad».

Transporte no, gasolina no

La situación es un caos, hay un abandono total en mejoras de la vialidad y alumbrado. Los vehículos están deteriorados, sobre todo los de las rutas que entran a los barrios. Desde que empezó la cuarentena colectiva y social ha salido más transporte a la calle y eso se debe a que ya no existe una tarifa fija, sino que el chofer impone el costo del pasaje, que ronda los 100.000 bolívares para las rutas urbanas y hasta 80.000 para extraurbanas.

La escasez de combustible, persiste como en todos los estados del país y hasta en la misma capital. Ciertos sectores son los privilegiados de contar con el suministro garantizado de la gasolina.

Ambulancias se han convertido en una nueva víctima de la crisis de ...
No hay gasolina. Foto cortesía

Maracaibo es el ojo del huracán en toda esta crisis. Hay un colapso total a todo nivel que altera la cotidianidad de los maracaiberos a gran escala. Es muy difícil recuperar la normalidad dentro de los círculos familiares y sociales, porque no hay garantías.

Maracaibo apagada

En relación al servicio de energía eléctrica, la entidad zuliana tiene más de un año sumergido en la crisis eléctrica más larga en la historia de la región petrolera y cuna de la segunda ciudad más importante de Venezuela, la ciudadanía valora negativamente el funcionamiento del servicio.

Los zulianos a pesar de padecer constantes fluctuaciones en sus hogares todos los días, también experimentan con frecuencia interrupciones del servicio eléctrico, una realidad evidenciada, sobre todo, después de los eventos de apagones ocurridos durante los meses de marzo y abril del pasado año.

Desde que empezó el distanciamiento social y las medidas preventivas de obligatorio cumplimiento en el país ante la presencia del COVID-19, los zulianos califican que se han adaptado a una incertidumbre normalizada, que están en un ciclo interminable e inhumano, ya que vivir en la región se ha convertido en un reto en plena cuarentena social.

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