Un negocio disfrazado de alcabala policial

Lo que se conoce criollamente como “matraqueo o bajarse de la multa” está presente como un negocio en cada cuerpo policial venezolano. Quienes para no decomisarte la mercancía, el carro, la moto o lo que tengas y que eso “según ellos” no esté en regla deciden negociar.

Esto con la finalidad de que “ambas partes” se beneficien. Es curioso observar como ellos hablan con aquella diplomacia, algunos abusan del tecnicismo para persuadir a quien lo escucha y hacer creíble su argumento.

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Con la negociación, entra en juego aquella complicidad de que, si no quieres que te decomisen la mercancía o el carro, existe la posibilidad de que pagándoles un monto en moneda extranjera puedas continuar por tu camino “libremente”, así como si no hubiese pasado nada.

Un claro ejemplo de “el negocio” policial

Sin embargo, aunque vivamos en un país donde se habla más de dólares que de bolívares. No todos tienen la opción de “soltar” 20 dólares o más tan fácilmente y menos en una alcabala policial.

Así le sucedió a Mónica, una Valenciana quien desde hace más de 11 años, trabaja todos los días en la elaboración de tortas y dulces.

Mónica comentó vivir un día caótico esta semana, a su esposo le iban a decomisar la moto porque el certificado de responsabilidad civil estaba vencido.

Pese a que su esposo explicó al policía que debido a la cuarentena no había podido renovar el certificado, el oficial ignoró la situación e insistió en que la moto sería llevada a fiscalía.

Sin embargo, la negociación hizo de las suyas, 20 dólares fueron suficientes para que el policía no decomisara la moto y así el esposo de Mónica quien se encarga de los repartos pudiera seguir trabajando.

“Provoca salir corriendo de este país”

La indignación de Mónica creció con este episodio, sus ánimos se desvanecieron pues lo que se había ganado ese día por la venta de unas tortas tuvo que dárselos al policía “provoca salir corriendo de este país” comentó con voz quebrantada.

Para Mónica este tipo de situaciones le genera mucha impotencia, pues aún hay quienes pese a la situación se ganan el mínimo centavo trabajando honradamente.

Este no es el único problema para Mónica

Asimismo, en la entrevista explicó la odisea para conseguir el gas, la misma debe pagar 10 dólares por una bombona “no entiendo como hay gas solo para los revendedores”.

Por consiguiente, explicó el problema para adquirir el combustible, una rutina que consta de largas horas en una fila llenas de quejas y hasta peleas.

Finalmente, Mónica se aferra en las buenas acciones porque son las que generan victoria. Por su parte seguirá luchando y manteniendo su espíritu emprendedor “aunque sea difícil debo continuar” finalizó.

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