Un condón, un cigarrillo y 20 minutos por 2 y 3 bolívares en efectivo

Hernán Spooner es un vigilante de un parque de atracciones mecánicas ubicado en el parque Ayacucho de Cumaná, que para ganarse la vida se rebusca con el alquiler de su caseta de vigilancia a las trabajadoras sexuales que hacen vida en el sector.

Spooner relató que la estructura de latón, en principio, no era utilizada como garita de vigilancia, era el espacio de control de una atracción, por ende, él se la ingenió, ya que con la poca afluencia de personas no se le daba uso. Con el pasar de los días, sus amigas, quienes se ganan la vida vendiendo su cuerpo, le propusieron esta idea y de esta manera «matar un tigrito».

Prostitución en Cumaná / Foto cortesía: Todos Ahora

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Prostitución en Cumaná

El ciudadano aseguró que a sus 58 años se ve en la necesidad de hacer esto, ya que no cuenta con los recursos económicos suficientes para sostenerse.

El también vigilante detalló que su nacionalidad es americana, sin embargo toda su vida se ha desarrollado en Venezuela. Sus padres lo trajeron a este país hace más de 50 años y aquí vivió junto a ellos hasta que quedó solo.

Spooner no comparte con su familia, sus hermanos viven en Estados Unidos, y no conoce a sus sobrinos ni cuñados; lo que es un asunto pendiente en su vida.

Era conductor y propietario de una reconocida unidad de transporte público

Antes de ser vigilante, Spooner era conductor y propietario de una reconocida unidad de transporte público conocida como «La Bambucha» con la que se mantuvo durante años.  Con la crisis que se vive en el país, le tocó paralizar su buseta por no tener cómo mantenerla. Con el tiempo le tocó venderla como chatarra para saciar el hambre.

Gracias a un primo que falleció y quien era dueño del conocido centro de atracciones, se fue a trabajar a ese lugar como vigilante hace ocho años aproximadamente y piensa mantenerse ahí hasta el fin de sus días, pese a que en oportunidades no le pueden pagar su sueldo por la falta de ingresos en las atracciones.

El americano aseguró que no abandona su puesto de trabajo, ya que ahí ha logrado «al menos sacar para un bocado de comida, e incluso a veces me pagan en trueque con productos de alimentación». Esto también lo ve como un compromiso moral con su difunto familiar, quien le dio ese empleo en un momento duro para él.

Finalmente este chófer, vigilante y extranjero comentó que no ha podido conseguir otro trabajo por ese compromiso moral, además que solo llegó a un sexto grado y que hasta ahora él con lo que le envía su familia de los Estados Unidos y su «rebusque» es con lo que logra sostenerse.

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