La realidad de una madre soltera en Venezuela con uno de sus hijos en estado de desnutrición

Iriyeili Cubero es una mujer cumanesa, de la Franja de La Llanada, de 30 años de edad, madre soltera de cuatro niños, y uno de ellos en estado de desnutrición luego de ser diagnosticado con amebiasis.

Referencial / Cortesía
La realidad de una madre soltera en Venezuela con uno de sus hijos en estado de desnutrición

La joven relató que gracias a Dios y una tía de su niño, él se pudo salvar de la muerte. «No le voy a agradecer al hospital, lo tuve que sacar porque no me lo evaluaban, si no es por la tía de mi bebé, se me muere mi hijo».

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Cubero contó que su hijo cayó en estado de desnutrición luego de que se viera en la obligación de dejarlo bajo el cuidado de familiares y vecinos. Desde entonces, se infectó con parásitos en el colon, esto durante la pandemia. Ella, para poder sobrevivir, tenía que caminar más de 16 kilómetros diarios en la ida y vuelta. Es su rutina salir a partir de las tres de la mañana al mercado, donde se gana la vida vendiendo productos del mar.

14, 11, siete y dos años son las edades de los niños de esta madre, que tiene un poco más de una década trabajando por su cuenta en el mercado municipal para poder llevar el pan de cada día a sus hijos.

El sufrimiento de esta madre, también por una bombona de gas

Tras la caída en el estado desnutrición del último de su descendencia, ella no se puede quedar sin el recurso gasífero, por lo que se vio en la necesidad de solicitar un informe médico del infante y con este dirigirse a la planta de llenado que se encuentra a unos cinco kilómetros de su hogar con la bombona en el hombro y poder «facilitar» el proceso de llenado. «A veces me toca esperar hasta cinco horas, trancar la avenida o aguantarme los maltratos del personal de gas comunal para ser atendida» aseguró la ciudadana.

¿Es suficiente lo que ganas para mantener a tus cuatro hijos?

«Gracias a Dios, me alcanza para alimentarlos» dijo la progenitora, al tiempo que asegura que no es tarea fácil. Existen días buenos, otros no tanto. Se vuelve agotador tener que todos los días despertar a las tres de la madrugada para salir a ganarse la vida.

«Yo no soy mujer que depende de un hombre. Nunca me ha gustado eso. Desde hace un poco más de 10 años trabajo en un mercado», afirmó.

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