«Aquí tenemos que hacer de todo e inventar para sobrevivir», dice mujer con muletas hechas con troncos en Sucre

Malena Figuera, una mujer discapacitada de Carúpano, municipio Bermúdez del estado Sucre, comentó que a las 5:30 de la mañana se levanta, se asea, toma sus muletas «recicladas», y con mucho esfuerzo recorre algunos metros hasta llegar a su trabajo donde consigue «para el diario», esa es la rutina de todos los días, desde hace dos años.

Mujer discapacitada en Sucre
Mujer minusválida en Sucre. Foto: Cortesía 

A está sucrense, de 57 años de edad, le amputaron su pierna izquierda hace 5 años debido a un accidente automovilístico. Desde entonces, ha sufrido la verdadera realidad de vivir como una persona minusválida en Venezuela y afrontar la crisis compleja y humanitaria que atraviesa el país.

Sin una silla de ruedas y sin recursos para adquirir unas muletas en condiciones que le permitan movilizarse con facilidad, a Figuera le tocó ingeniárselas para crear un mecanismo que le diera la oportunidad de salir de su casa y no postrarse en una cama. Ella, inventó sus propias muletas hechas de troncos de árboles (madera rústica) y telas para hacer las almohadillas.

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«No me quedó otra opción. No son las muletas más cómodas, pero me sirven para andar y salir a trabajar. Aquí tenemos que hacer de todo e inventar para sobrevivir», expresó la ciudadana.

Malena, trabaja ayudando a un comerciante informal en el terminal de pasajeros de Carúpano. Se encarga de vender agua a todas las personas que visitan el recinto para viajar a otras localidades. «Con este trabajito consigo efectivo diario y puedo comprar más barato la comida. Así es que me ayudó y puedo comer. De no ser por esto, estaría grave», aseguró Figuera.

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Desde que tuvo el accidente que le causó estar en esas condiciones, no ha recibido ayuda por parte del ningún ente.

Comentó además que ha solicitado en reiteradas ocasiones a la alcaldía de su municipio y diversas instituciones públicas un mejor equipo que le facilite su movilización, pero no ha sido atendida su solicitud.

En la entidad no hay un ente público que le preste apoyo directo, ni les garanticen el desarrollo integral a las personas con discapacidad. Mucho menos planes que impulsen realmente la integración social y laboral a este sector de la población, indicó.

«Para mí es imposible costear unas muletas o silla de ruedas. Me las tengo que inventar para comer, imagínate para comprar un aparato de esos. Esto es de lo que vivo (refiriéndose a su trabajo), no hay manera», afirmó Malena.

A pesar de su dificultad, está mujer ha demostrado tener gallardía para salir adelante. Pero, su clamor se mantiene intacto. Mantiene las esperanzas de obtener algún día unas muletas o silla de ruedas para mejorar su vida.

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