¿Para qué alcanza el sueldo de un empleado público en Carabobo?

Para nadie es un secreto que el sueldo de un empleado público en Venezuela está muy por debajo de los precios con los que trabaja el mercado. Esto, a su vez origina que los trabajadores no puedan cubrir, ni siquiera, la mitad de sus necesidades mensuales.

Salir a la calle a comprar comida es una tarea difícil que viven los venezolanos a diario. El momento de pagar se asemeja a una película de terror. A medida que pasan los días, los ciudadanos pagan más bolívares por menos productos.

Ahora es noticia: Día 52: Colas por gasolina, una experiencia denigrante en Carabobo

Por ello y para mostrar la realidad de estos trabajadores, el equipo de Todos Ahora realizó una entrevista en exclusiva a una empleada pública en el estado Carabobo. La misma será llamada María Pérez para proteger su identidad, ya que confesó que podía perder su trabajo si sus jefes se enteraran de estas declaraciones.

La historia de María Pérez

María tiene 32 años de edad y es madre soltera de dos niños de cuatro y siete años. Vive con sus padres y trabaja, desde hace tres años, como personal de mantenimiento en un colegio público del estado Carabobo. Su rutina laboral comienza a las 6:30 am y finaliza a las 12:30 pm de lunes a viernes.

Al trabajar en una institución educativa pública, el  Ministerio de Educación es el ente encargado de pagarle al personal. No obstante, María comentó que para obtener ese empleo le tocó laborar durante siete meses sin ningún tipo de remuneración. “Era la única opción que tenía, dejé currículos en varios lugares pero nunca me llamaron” comentó la trabajadora.

La realidad de un empleado público

Hoy en día, cuando llega el momento de cobrar, el ministerio deposita en la cuenta de Pérez 480 .000 bolívares mensualmente. Los mismos, divididos en 130.000 bolívares los 10 de cada mes y 350.000 bolívares restantes los días 25. “El mes pasado el primer depósito me alcanzó para un jabón de tocador y un huevo y con el segundo compré una harina y un pedacito de queso» afirmó.

Para Pérez, el desafío más grande es aguantar la tristeza y el dolor profundo de saber que sus hijos, que están en pleno crecimiento, muchas veces solo tienen para comer arroz blanco con mantequilla. Las frutas, verduras y proteínas desaparecieron desde hace mucho tiempo de la alimentación de su familia. “A pesar de que mis hijos me daban ánimo diciéndome que se estaban comiendo el arroz más rico de todos, era inevitable sentir el dolor”, comentó la empleada pública.

Triste pero cierto

Asimismo, María añadió que sus hijos suelen quejarse muy poco de comer constantemente el mismo menú. El día de ayer les dio arroz con mantequilla y café de desayuno. Aunque confesó que hoy iba por el mismo camino, decidió endeudarse con una harina y, más dos huevos que le regaló una vecina, pudo solventar la comida del día.

Pérez expresó que algunas veces suele ayudarse gracias a los trabajos extras de limpieza que se le presentan. Con esto, más lo que puedan aportar sus padres, compran arroz, granos y si alcanza, un trozo de queso o mortadela. Esto, para luego “pedirle a Dios que nos caiga de maravilla y nos llene» enfatizó.

Por último, María decidió enviarle un mensaje de aliento a todos aquellos venezolanos que se encuentran en una situación igual o peor a la de ella. Los invitó a siempre dejar reposar la esperanza en Dios. Pues, según ella “él es el único que nos puede ayudar en esos momentos donde pensamos que no hay posibilidad de nada, por supuesto que para esto siempre debemos mantener la fe en él”.

Comparte con nosotros tu opinión ¡Déjala aquí abajo!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Volver