La pesca: salvavidas económico para los jóvenes de Nueva Esparta

La pesca es un oficio ancestral para los margariteños. Las familias a orilla de playa están vinculadas al trabajo del mar y los niños comienzan a conocer cada detalle de esta labor desde que comienzan a caminar sobre las redes que tejieron sus abuelos.

Pescadores en Nueva Esparta. Foto: Cortesía
Foto: Mario Guillén. Todos Ahora

No es ajeno que los jóvenes sientan atracción por la pesca, pero en estos momentos donde existe una emergencia humanitaria compleja en el país y que se siente con más fuerza en el estado Nueva Esparta por su condición de insularidad, son muchos los chamos que se han embarcado en un bote para ganarse la vida.

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Neiluis Aguilera comenzó a trabajar como pescador cuando tenía 14 años y cursaba el primer año de bachillerato. La situación del país lo obligó a salir de su casa para conseguir dinero por su cuenta y así ayudar a su familia, que no atravesaba un buen momento económico.

“Siempre me quise ganar mi plata. La situación económica familiar me hizo salir a buscar trabajo con los pescadores, porque lo que me daban mis padres no me alcanzaba y pronto tuve que apoyar en mi casa para comprar comida”.

Neiluis dice que como trabajador del mar nunca saben cuánto pueden ganar en una calada.

“No tenemos un sueldo estimado. A veces ganamos 5 o 10 dólares (por calada), todo depende”.

Asegura que la pesca es un trabajo de mucho peligro y hay riesgos a los que se exponen cada vez que salen a faenar.

“El bote y el mandinga (red para pescar) se pueden pegar, podemos caernos al agua. El motor se ‘desenturca’  y nosotros podemos rozar el motor. Hay muchos peligros”.

Este joven pescador, de tan solo 17 años, afirma que hay muchos jóvenes en Nueva Esparta que están dejando los estudios para dedicarse al trabajo del mar.

La pesca en Nueva Esparta: joven navegando desde la niñez

Cuando Jesús Hernández tenía 10 años dejó las aulas de clases y se fue con su tío al muelle del Valdez de Porlamar, para aprender el arte de la pesca. Una vez conoció el oficio y el valor del dinero, decidió no regresar a la escuela.

Ya tiene 9 años de experiencia y se especializó en la reparación de motores, algo primordial para que tengan una buena faena.

Jesús asegura que en la pesca se gana buen dinero, mucho más que en cualquier trabajo normal.

“En una buena calada se gana 50 dólares, pero eso va a depender. Todos trabajamos para que la faena sea exitosa, pero también depende de las condiciones del mar”.

Los jóvenes pescadores dicen no tener opciones

Leonel Villarroel no tuvo otra opción que trabajar como pescador, luego de tener que retirarse del liceo donde cursaba el cuarto año de bachillerato.

“Me dediqué a la pesca, porque no tenía otra alternativa. La pesca tiene momentos que da y otros que no. Hay ocasiones  que vas a la mar a calar y agarras pescado, pero a veces pasan hasta dos meses sin agarrar nada”.

Leonel comenta que ingresar al mundo de la pesca no es complicado, pero se requiere de disciplina.

“Esto es para gente que le eche ganas, de que sirve venir a la mar y que te estén regañando. Tienes que hacerte el fuerte y hacer todo lo que te manden. Eso es la pesca”.

Este joven de 19 años cuenta que muchos jóvenes han dejado los estudios por dedicarse a la pesca.

“Muchos salen a la calle a buscar la papa. Aquí mucha gente se ayuda. Aquí vienen niños y les regalamos un tobo de sardinas, ellos lo cambian por arroz, harina, mangos o panes. Tú sabes, buscando la manera de sobrevivir”.

 

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