Crónica | La angustia de vivir el coronavirus en un centro centinela de Barquisimeto

La palabra coronavirus aún causa temor en la población, quienes arrojan positivo en una prueba de COVID-19 pueden llegar a imaginar muchas cosas, entre ellas la muerte.

Barquisimeto, Lara

Es común que las personas rechacen la opción de hospitalizarse para tratar este virus, aunque otras lo toman de la mejor manera, hasta que acuden a un centro centinela y todo cambia.

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Tal es la historia de una pareja relató a Todos Ahora, a quienes nombraremos como María y José para proteger su identidad.

Hace dos semanas, estos barquisimetanos dieron positivo para coronavirus tras presentar algunos síntomas previo a la realización de la prueba. Una vez confirmaron que el virus estaba en su cuerpo, María y José decidieron internarse en la Villa Bolivariana uno de los centros centinela  de Lara, ya que querían prevenir que su situación de salud empeorara y no pudieran cubrir los gastos que esto les generara.

Al llegar al sitio e instalarse, María y José recibieron buena atención, comida y los medicamentos necesarios, cumplieron con el reposo recomendado y se sintieron en confianza. María considera que, los médicos y enfermeras, entre ellas algunas de nacionalidad cubana, cumplen sin cesar con su labor.

Sin embargo, la estructura de espacio no está diseñada para llevar este tipo casos, ya que  alojan en diferentes apartamentos a los enfermos y esto hace que la observación y la valoración por parte de los expertos en el área de la salud sea tardía.

Comienza la angustia en el centro de recuperación

Dos días después de haber llegado a dicho recinto, vivieron una desagradable experiencia, pues José cedió las llaves de su vehículo a uno de los empleados del lugar para que  él le llevara unas cosas a la habitación y el muchacho junto con tres hombres optó por sacar el carro del lugar sin autorización y no volvió sino hasta la noche.

Más de diez horas de angustia, les valió a esta pareja estar en dicho centro centinela. Desde que desapareció el vehículo en horas de la mañana hasta que fue devuelto, el muchacho no respondía su teléfono. No fue sino hasta después de varios reclamos que  María y José hicieron a los superiores, cuando vieron que llegó nuevamente su carro al lugar en horas de la noche.

A pesar del cansancio y la sintomatología que José tenía en el momento, se vio obligado a revisar por completo el vehículo. En ese momento, constató el estado en el que había sido entregado. Se dio cuenta de que llegó con el tanque de gasolina completamente vacío.

Pasaron las horas y María y José se fueron a descansar. Al siguiente día vieron que el muchacho que cometió el abuso seguía laborando en el sitio y los atendía a ellos. Desde entonces, estos pacientes comenzaron sentirse en desconfianza. Pues surgía una preocupación en cuanto a cómo se desencadenaría el hecho.

Sin darle más importancia, pero con cautela, José y María pasaron ocho días más aislados en la Villa Bolivariana. Su estado de ánimo decayó. Dejaron de comer y no estaban bien psicológicamente. Así que finalmente decidieron solicitar el alta para irse a casa y continuar con el reposo hasta superar el virus.

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