Venezolano en Perú realiza obras de arte con chimó, café y cacao

Resultaría increíble imaginar dibujar con chimó (pasta de tabaco) café y cacao, pero para Franko Gercegg no hay imposible. La mayoría de sus pinturas son hechas a base de estos insumos y con una técnica impecable.

Vivir del arte no es para todos, pero cuando la pasión existe no hay barrera que impida lograr los sueños.

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Franko es su nombre artístico, en honor a su hijo, pero en realidad se llama Edwin Gercegg, quien con sus manos le da vida a obras desde los 8 años de edad, gracias a las influencias de su padre quién también se dedicaba a las artes plásticas.

Hace pinturas, ilustraciones digitales y esculturas que sin duda han dejado una huella.

Sus inicios como pintor

«Gracias a Dios mi papá me dio la libertad de yo hacer arte en el taller sin ningún límite y ahí fue donde yo comencé en el mundo de las artes con mi papá de maestro» relató Gercegg a Todos Ahora.

Estudió Ingeniería en sistemas y Mecánica Industrial, pero nada le satisfacía más como las artes y crear con sus manos. Explicó que nunca ejerció su carrera porque siempre estuvo trabajando haciendo esculturas y pintando. Esa fue su infancia y su vida, lo que realmente le apasionaba.

«Yo creo en Dios y creo que los dones que nos da él debemos explotarlos y de esa forma honrar ese don que le regalaron a uno. Yo me inspiro de las vivencias por las que paso, por las que me cuentan por el dolor y sufrimiento de las personas», dijo.

Pasta de tabaco para recordar sus orígenes

El artista plástico reside en Perú y comentó que para mantener viva esa llama de nacionalismo decidió comenzar a hacer sus obras a partir de pasta de tabaco, es decir, chimó. Es una expresión de amor hacia su tierra Venezuela y sobre todo, tiene admiración por la gente dentro del país, paisaje incluyendo la vida aborigen que allí se mantiene.

«Yo quería hacer algo diferente, siempre enfocarme en Venezuela, pero darle un valor simbólico a las obras como tal y me decidí por el chimó. A veces lo hago con café venezolano, con cacao de Chúa», explicó.

Debido la migración, la cultura venezolana se ha expandido por el mundo, por ello Franko busca que Venezuela se dé a conocer en cada rincón del mundo con sus obras hechas con café, chimó y cacao, uno de los elementos más distinguidos del país.

Un venezolano en Perú que siempre piensa en su país

«Yo hago arte folclórico, yo hago artes folclóricas venezolanas porque englobo mucho las tradiciones venezolanas. A veces creo obras con doble sentido o motivo, así como nosotros los venezolanos somos», expresó.

Detalló que siempre en sus obras coloca animales que podemos encontrar en el llano venezolano, en el Amazonas y busca involucrar la naturaleza con el hombre.

Su mayor fuente de inspiración es toda la cultura que envuelve al país, y a pesar de estar lejos, cada día se siente más inspirado.

Tuvo que emigrar de Aragua a Perú hace cuatro años por las razones de muchos otros venezolanos, la crisis que está presente en el país. Sin embargo, el tiempo que ha estado allí le ha dado vivencias que ha permitido sentir empatía y amor por el país que lo acoge.

Venezolano en Perú

Llegó con miedo porque lo que más quería era hacer arte, trabajó como mesonero y dibujando mascotas hasta que consiguió una empresa donde demostraría sus dones para hacer esculturas. Allí comenzó a monetizar su arte en ese país.

Franko, es un artista que ha vivido muchas dificultades en su vida, pero siempre con una mirada fija, que es enaltecer a Venezuela con su arte, poder cuidar a su hijo y volverlo a ver, además de seguir creando ilustraciones, esculturas y pinturas.

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