Un reencuentro en pausa: Otra navidad a distancia, con una pantalla de por medio 

Al emigrar hay algunos escenarios que en principio no se ponen sobre la mesa, como lo difícil de pasar fechas especiales lejos de casa, cumpleaños y navidades. “Nos veremos muy pronto”, es la promesa de ese último abrazo antes de partir a otras tierras, mientras tanto, la pantalla, se convierte en la mejor ventana para estar cerca, en medio de la distancia.

Navidad a distancia: historia de la diáspora venezolana. Foto: Cortesía

Ahora es noticia: Nahuel, el argentino venezolanizado que come hallacas en diciembre y arepas todo el año 

Katherine Moreno no sabía que dos años después de haber pisado suelo argentino y dejar su hogar en Venezuela, en su tercera navidad lejos de casa, seguiría sintiendo ese “guayabo” que asegura no ha podido aliviar con el tiempo. Esta vez con un sentimiento agregado: un reencuentro en pausa por la pandemia.

Lo que se esconde detrás de una sonrisa 

En sus primeras navidades en Argentina la joven venezolana prefirió trabajar, en ese momento como mesera, para “distraer la mente” esas fechas llenas de nostalgia. Mientras el cielo brillaba con fuegos artificiales en una playa de Uruguay, se escuchaban las copas sonar a la salud de todos y veía a sus clientes abrazarse y brindar por un nuevo año, se secaba las lágrimas a escondidas recordando a su familia.

No tuvo tiempo de verlos por videollamada porque estaba trabajando, pero confiesa que así lo prefirió, porque sabía que iba a “pegarle” mucho no abrazar a los suyos esos días recientes a su llegada al país sureño. Y a decir verdad, son muchos los venezolanos en el mundo, que para estas fechas están atendiendo a otros, cumpliendo con sus trabajos y guardando detrás de esa sonrisa de amabilidad, todo un sentimiento de añoranza. 

“En realidad no me dio tiempo de pensar si quiera, estaba con mucho trabajo ese día, así que en esas noches no me di el permiso de extrañar. Y es algo que muchos hacen, a nadie le gusta trabajar una noche de navidad o año nuevo, muchos lo hacen porque no les queda de otra, y otros por ponernos una coraza, porque sabemos que tenemos que ser fuertes, que no es fácil, pero nos aferramos a ese reencuentro con nuestra gente”, expresó.

Aferrarse al reencuentro en Navidad

Katherine habla con su mamá a diario, también con su papá, hermanos y sobrinos, el estar conectados les hace más llevadera la distancia. Verse por videollamada es la manera que han encontrado para abrazarse, acompañarse y vivir cada momento de estos años juntas. 

En los cumpleaños aquí y allá, se hace una torta, soplan las velas juntos, a unos 4992 kilómetros de distancia; no han faltado las lágrimas pero tampoco las carcajadas por la mala conexión que tienen en Venezuela, lo que hace que cada videollamada sea toda una odisea. “Nos reímos mucho porque lograr una foto cuando nos llamamos es casi imposible, se queda pegada su cámara pero realmente es nuestro espacio, y nos alivia mucho poder vernos así sea unos minutos diarios”.

Expectativa vs realidad

Sus cálculos para volver a ver a su familia, se acortaban a meses después de haber tomado ese vuelo a Buenos Aires. Pero claro, que en la experiencia del migrante, los plazos varían y no es tan fácil como planearlo. “Cuando llegas te das cuenta que va para largo, que hay que esperar un tiempo más de lo planeado, que no depende todo de ti, sino de cómo se vayan dando las cosas”. 

El primer año trabajó duro con el objetivo de estabilizarse y poder reencontrarse con su mamá. Ambas aferradas a esta idea, cuando llegaban esos bajones emocionales, pensaban en que faltaba poco para ese abrazo tan esperado. Cuando finalmente, todo estaba dado para un reencuentro, algo de fuerza mayor les jugó en contra.

Un reencuentro en pausa

Cuando en las noticias anunciaban la pandemia y se estableció la cuarentena mundial, además de pensar en el riesgo de la enfermedad, Katherine pensaba en la posibilidad de pasar otra navidad sin su madre. Como muchos, pensaron que el tema de la COVID-19 duraría apenas unos meses, pero ya cerca de la fecha, no les quedó más que resignarse y suspender los planes, no podían hacer nada más. 

“Habíamos planeado y esperado tanto vernos este año, que realmente ha sido frustrante y a ambas nos ha causado mucha nostalgia. Es algo que hemos deseado tanto pero tanto que pensamos que por fin podríamos estar juntas durante unos meses, pero esta vez fue la pandemia”, dijo con voz entrecortada.

Navidad a distancia

La joven confiesa que desde que emigró su emoción por la navidad se ha ido desvaneciendo. Aunque está agradecida de la vida que ha logrado formar en Argentina, no estar con su familia, comer el plato típico hecho entre todos, y las tantas tradiciones que siempre disfrutaron hace que vea estas festividades como “un día más”.

“Creo que es un sentimiento compartido entre muchos migrantes, y es que no nos prepararon para esto. Le ponemos la mejor actitud, compartimos con gente querida que se ha convertido en familia en nuestro nuevo hogar, pero siempre extrañamos, siempre deseamos volver a tener la mesa llena en navidad”.

El abrazo en la distancia

Enviarles regalos y ver las caras de felicidad al recibirlo ha sido un bálsamo para estos días. Es una manera de abrazarse en la distancia. Aunque probablemente al colgar esa llamada, se venga el llanto. Lo que muchos viven y poco cuentan, por la negación mutua de la tristeza de quienes se van y quienes se quedaron.

¡Feliz año! Se desean doblemente, por la hora de diferencia que tienen entre Argentina y Venezuela. La tecnología hace magia en estos tiempos; brindar virtualmente, cenar a miles de kilómetros, imaginarse el olor de las hallacas de mamá, o reírse mientras ve por videos recibir el regalo del Niño Jesús a los pequeños de la casa. Poder estar aquí y allá y de a poco llenar el alma.

Aunque las tradiciones en Argentina son diferentes para Navidad, mantiene sus costumbres venezolanas. Katherine come su plato típico, coloca gaitas, se come las 12 uvas, corre con una maleta por la calle, y las tantas ocurrencias que hacía en casa y que lleva a donde quiera que va.

Cuando faltan 5 pa`las 12 y no siempre se logra esa llamada, las fallas de conexión, el colapso de las comunicaciones lo hace casi imposible. Toca decirse feliz año en diferido, mandarse un audio y fotos, para hacerse presente. “Es un guayabo que no pasa. Pero sí aprendemos a vivirlo de la mejor manera, acompañándonos en la distancia, llenándonos de amor y estando presentes en cada momento. Porque al final eso es la familia, la que sin importar la distancia, siempre está”.

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