“No sé qué voy a comer”: historias de venezolanos en cuarentena

Esta es una historia que transcurre en una residencia de alquiler de habitaciones, ubicada en el centro de Bogotá, específicamente en la calle 15 #10-25. Allí, bajo la administración de la señora Rosalba, conocimos a algunos de los 21 venezolanos que pagan diariamente un arriendo que les protege de dormir en las frías calles de la ciudad.

Todos los migrantes, a excepción de Rosalba, viven del “día a día”, es decir, no cuentan con un empleo formal. Dependen de los ingresos que pueden generar a través del comercio informal de golosinas en el transporte público, la venta  de “tinto” (café) en la calle o bien, del pago diario que reciben por trabajar en restaurantes u otros comercios.

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Rosalba, migrante venezolana. Foto: Captura de pantalla de video de José David Jerez, corresponsal de Todos Ahora en Colombia

“Apenas tengo dos mil pesos en la billetera”. Eso nos comentó Richard, quien salió en la mañana de este jueves 19 de marzo a vender café pero no tuvo un buen día. Mientras sucedía esto, otro inquilino salió con su carrito a tratar de hacer “los últimos pesos”. La decisión la tomó antes de que inicien los días de cuarentena en la capital.

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Por su parte, Mairelis dijo que en el restaurante donde trabaja “se  vendían diariamente entre 180 y 190 almuerzos. Hasta ayer miércoles que no se llegó ni a 50 ventas”. Pese a ello se levantó temprano para ir a trabajar y al llegar, los propietarios le indicaron que no podían darle empleo debido a la caída en las ventas del local.

Marielis, migrante venezolana. Foto: Captura de pantalla de video de José David Jerez, corresponsal de Todos Ahora en Colombia

Es una historia que se repite. No solo allí en la residencia, sino en todos aquellos sitios en donde se encuentran venezolanos que viven del día a día porque, como comentaba Darley, “las personas no quieren comprar en la calle por temor a infectarse”.

Entre risas por los nervios a la entrevista y recuerdos de los buenos días; en los ojos de cada uno de ellos se notaba el temor por la incertidumbre de no saber si podrían comer durante de cuarentena. Algunos incluso bromeaban asegurando que “tocará levantarse lo más tarde posible para comer lo menos que pueda cada día”.

El temor está latente en cada uno de ellos. Principalmente por el estilo de vida que llevan, saben que son vulnerables a infectarse con el COVID-19. Sin embargo, no pueden darse el lujo de evitar buscar el sustento diario para ellos y para su familia. La responsabilidad, el compromiso y el deseo de supervivencia pueden más.

Por otro lado, Rosalba señaló que “en esta cuarentena nos toca estar encerrados acá (en la residencia) acatando las órdenes del gobierno para evitar cualquier tipo de contagio. Acerca de la incertidumbre sobre los alimentos, también indicó que tratarán de reunir entre todos para cocinar. Sin embargo reconoció: «necesitamos una ayuda para que todos puedan comer bien durante estos días”.

Ante este lamentable hecho, no queda sino, por un minuto, ponerse la mano en el corazón. Además colocarse en los zapatos de cualquiera de ellos, para entender la complejidad de la situación que atraviesa este grupo de venezolanos. Cada uno clama por la ayuda de cualquier organismo o persona que pueda ayudarlos en estos días de encierro preventivo en Bogotá.

El llamado es para dar a conocer la difícil situación que atraviesan cientos de migrantes venezolanos ante una pandemia que no distingue raza o sexo y, por supuesto, ante la escasa claridad de políticas públicas por parte del Estado colombiano ante este numeroso grupo de extranjeros que no saben a dónde acudir en busca de ayuda, no solo alimentaria, sino ante un posible caso de contagio con el virus.

Para cualquier donación o ayuda que deseen brindar a este grupo de venezolanos, pueden comunicarse directamente con la  Sra Rosalba a través de Whatsapp al: 301 469 6011.

La tensión del migrante

Además de la disyuntiva sobre no saber qué o cómo harán para poder alimentarse durante la cuarentena, la preocupación de estos migrantes se extiende más allá del territorio colombiano. Una de sus principales razones es que acostumbraban a enviar a Venezuela un promedio de 5.000 pesos cada dos o tres días (poco más de un dólar) para ayudar a su familia. Sin embargo, debido a las consecuencias de la pandemia, no saben cuándo podrán volver a ayudarlos.

Si bien es cierto, ninguno de ellos ha dejado de pagar su arriendo diario, con el creciente temor hacia el COVID-19, que ha generado la suspensión de clases, el llamado a trabajar desde casa en algunas empresas, y el reciente llamado a cuarentena hecho por Claudia López, la alcaldesa de Bogotá, con la finalidad de aprender de esta crisis y, por supuesto, evitar la propagación del virus, ha influido directamente en la vida de todos los venezolanos que viven en esa residencia ya que, con la disminución de personas que salen a las calles en Bogotá,  el cierre de locales comerciales por las bajas ventas y por temor a infectarse, sumado al descubrimiento de que el virus puede sobrevivir por horas en diversos tipos de superficie, vulnera la posibilidad de obtener recursos para pagar el techo y poder comer.

2 responses to ““No sé qué voy a comer”: historias de venezolanos en cuarentena

  1. Cómo hago para contarles mi historia ? Soy mamá de tres Nina, de 5 , 2, y recién nacida , vivo en Bogotá

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