¿Quién era Mayerling Blanco, la venezolana asesinada de forma cruel por su pareja en Argentina?

Los titulares de medios argentinos desde el pasado lunes reseñan el nombre de Mayerling Mariana Blanco Bravo, venezolana de 25 años de edad, a quien su expareja le quitó la vida a puñaladas, de forma cruel, en presencia de su pequeño hijo.

Mayerling Blanco, venezolana en Argentina. Foto: Cortesía

Maletas llenas de sueños

Mayerling era oriunda del estado Barinas, la tercera de cuatro hermanos, era la única mujer. Ellos la recuerdan como una chica alegre, luchadora, carismática y trabajadora. “Era una excelente madre, excelente hija y hermana, súper noble”.

Como muchos venezolanos dejó tierras venezolanas en busca de un mejor futuro, de oportunidades para crecer y brindar calidad de vida a su hijo.“Sus sueños y metas eran grandes, quería llegar lejos con su trabajo y poder establecer su propio negocio”, contó su amiga y madrina del niño, Yaribel Bello.

La joven pisó Buenos Aires por primera vez hace dos años. Primero viajó su pareja y padre de su hijo, José Antonio Rangel Moyetón, y luego llegó ella con su pequeño hijo. Según cuentan sus allegados, después de años de convivencia con este hombre, estaba emocionada con la idea de empezar de cero y construir un bienestar para su propia familia, aunque con el tiempo todo se fue desvaneciendo.

Mayerling Blanco

El tan esperado reencuentro de Mayerling con su familia

La ilusión del reencuentro con su gente siempre la mantenía presente, anhelaba profundamente poder acortar los kilómetros de distancia y volver a ver a sus padres y hermanos. “Ella estaba pagando una especie de bolso para reunir dinero y poderse ir a Chile, vernos en Perú o llevarnos a Argentina”, detalló su hermano Sergio.

Mayerling tenía en sus planes a corto plazo poder compartir una fecha especial nuevamente con su mamá, la señora Debora. Querían encontrarse un día de las madres, un cumpleaños o pasar navidades juntos. Para ella su familia siempre era lo primero y así se lo hacía saber a todos los que la conocían “Hablaba siempre de sus seres queridos y vivía por su hijo Matías, él era todo para ella”.

“Quería tener su propio spa”

En el país sureño, Mayerling tuvo varios empleos, pero el último fue su gran pasión, trabajaba como esteticista. Disfrutaba de su trabajo y se dedicaba de lleno a lo que hacía. Pasaba la mayor parte del día en el spa ubicado en la zona de Palermo y de acuerdo a sus compañeras, siempre se le veía sonreír y atender con mucha amabilidad y dulzura a cada cliente.

Una de sus metas era trabajar muy fuerte para poder tener su propio spa. Pero según refería a sus más cercanas amigas, soñaba con hacerlo al regresar a su tierra. Quería ser la mejor esteticista, y se lo proponía cada día que iba a su lugar de trabajo.

“Mariana trabajaba con nosotras desde hace pocos meses, llegó por un anuncio de búsqueda para su puesto. Entrevisté a muchas profesionales, pero cuando estuve con ella no dudé ni un minuto en saber que era la indicada”, expresó con emoción Ailyn, la dueña del spa.

Mayerlin Blanco

Agenda completa toda la semana

Sus compañeras de trabajo aseguran que solo tienen cosas buenas que decir de Mayerling. “Era una excelente profesional, una excelente compañera, siempre llegaba con una enorme sonrisa, siempre estaba súper dispuesta y con la misma energía desde que llegaba hasta que se iba. Todos los clientes la amaban y tenía su agenda completa toda la semana”.

Además valoran que nunca generó un conflicto en el lugar y se adaptó rápido a su equipo de trabajo. Las contagiaba con su dulzura y alegría, y de esa forma la quieren recordar, tras despedirla este jueves en los actos velatorios. “Mariana dejó una huella inolvidable en ÁmbarSpa. Siempre la vamos a recordar de esa manera, alegre, dulce y sonriente. Y siempre será un referente como profesional y como persona”, agregó Ailyn.

Su ancla a Venezuela

Cuando hablaba con sus allegados era común que mencionara sus ganas de volver en algún momento a Venezuela. Quería tener su propia casa, pero en su país. Estar estable y cómoda en su tierra “Papi yo me voy pero regreso. Te voy a mandar para que me vayas comprando mis cosas para tener mi casa, por mi y por mi niño”, eso le dijo en una de sus conversaciones al señor Manuel, su papá.

Todos los días hablaba con su papá, más que una relación de padre e hija, tenían una gran amistad y confianza. Hablaban todos los días y suspiraban por darse ese próximo abrazo. “Ella quería que yo viajara a verla, que pasara un tiempo en Argentina con mi niña y con mi nieto”.

En su casa en Barinas se guardan todos los recuerdos de su niñez. Una comunidad que se suma al dolor por una gran pérdida, de una joven que vieron crecer y partir con una maleta llena de sueños, que le arrebataron sin piedad.

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