Las historias detrás de los varados en Argentina y un regreso a casa frustrado por Conviasa

Muchos de los que salían de Ezeiza, Buenos Aires el pasado 27 de diciembre, compraron un boleto sin retorno, pues el objetivo de su viaje es regresar a su país. Y otros tantos, venían de otras provincias de Argentina, por lo que no tienen lugar donde quedarse y poder descansar dignamente durante estos días, mientras Conviasa decide finalmente cuándo permitirles volar.

Historias de los venezolanos varados en Argentina

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La señora María es una de estas personas. Con 83 años viajó desde Córdoba con su hija Liliana, sin pensar que al llegar a capital encontrarían un completo desastre que les impide regresar a su tierra y abrazar a los suyos.

Por su avanzada edad, quedarse a dormir en las sillas de un aeropuerto no es lo más apropiado. De hecho tuvo un pequeño accidente al quedarse dormida en estos asientos y caerse al piso. «Por suerte un amigo se la llevó a su casa, porque otra noche en el aeropuerto no hubiera soportado. Yo tampoco doy más, pero decidí quedarme con las maletas por si surge alguna novedad de último momento», contó Liliana en entrevista a Clarín.

Una segunda despedida para la que se prepara esta familia venezolana

La venezolana confesó que este momento se ha convertido en un sube y baja de emociones. Ambas han llorado hasta el cansancio, además de lo difícil de la situación, por la tristeza que las embarga. La señora María se regresa a Venezuela, pero Liliana, su hija, continúa en Argentina. Todavía no se sienten listas para la despedida.

«Sabemos que no nos vamos a ver en persona nunca más y eso tiene un peso gigante, que se opacó con toda esta vergüenza que hizo Conviasa. Pero mamá se vuelve porque no se pudo adaptar, primero por el frío, después por las temperaturas sofocantes y finalmente porque extraña su casa y a sus otros hijos», expresó con emoción la enfermera.

Una pareja de jóvenes decide retornar a Venezuela después de dos años

Fernando y Luisanny, son novios. Ambos de Puerto La Cruz y con 24 años. Juntos planificaron este viaje para ponerle fin a la aventura de emigrar y retornar a Venezuela después de dos años.

Aunque son jóvenes, no escapan del agotamiento que les ha generado estos días. No solo por no poder dormir bien en las sillas del aeropuerto donde esperan desde el pasado lunes, sino por la preocupación que los embarga porque ya gastaron el poco dinero que tenían adicional y no saben qué pasará con ellos.

Según contaron, ambos llegaron a trabajar un promedio de once horas diarias. Sin embargo, aún así no sienten que lograron lo que buscaban en el país sureño.

«Yo nunca pude ejercer con mi tecnicatura en inglés, así que trabajé en empresas y comercios haciendo de todo para solventar el alquiler, pero nunca alcanzaba. La inflación y el precio de los alimentos aceleró el regreso, no pensábamos que sería tan compleja la economía argentina», expresó Luisanny.

Mientras que Fernando, con título de Técnico audiovisual, rescata la experiencia laboral y personal que tuvo en su paso por el país. «Si bien tuvimos que atravesar la pandemia, que no es un tema menor, advertimos que están pasando las mismas cosas que ocurrían en Venezuela cuando empezó la caída libre, por lo cual, para estar en una situación similar, preferimos estar en casa, con nuestras familias y sin pagar alquiler», contó. «Retornar nos genera sensaciones encontradas”.

Más testimonios de los venezolanos varados en Ezeiza

Dayana y John son otros de los rostros de resignación que se encuentran en el aeropuerto de Ezeiza. Dos noches en vela y «las horas que nunca pasan», dicen mientras acarician a su perrita Chelsea. «Fue todo muy vertiginoso en las últimas semanas y encima esta incertidumbre innecesaria de nuestra aerolínea de bandera…”, dice Dayana mientras cuenta la razón por la que decidieron regresar a Venezuela. Su novio, que es paciente diabético, fue despedido de su trabajo en octubre de este año, y a partir de ese momento el panorama se les complicó. “Con un solo sueldo es imposible vivir aquí».

La pareja caraqueña llegó a La Plata en el 2018 y allí se instaló. Sorteando los momentos difíciles y aprovechando los más holgados que les permitía llegar bien a fin de mes. Pero, además de sus situaciones personales, el escenario económico y sobre todo la inflación en Argentina fueron muy influyentes a la hora de tomar la difícil decisión que los llevará de vuelta a casa.

“La verdad es que retornar nos genera sensaciones encontradas porque sabemos que vivir en Venezuela es depender de nuestros padres, vivir con ellos, cuando acá, con todo lo que costó, logramos una cierta independencia. Acá trabajando nos permitió pagar el alquiler, los impuestos y la comida, algo imposible en nuestro país», dijo también John en conversación con Clarín.

La pareja lamenta que no les diera tiempo de buscar otro trabajo, porque en un parpadeo los precios se dispararon de una manera impresionante, al punto que no podían cubrir los gastos. “Antes de entregar el departamento en La Plata vendimos todo lo que teníamos para poder comprar arañando uno de los pasajes, el otro nos ayudó un familiar que vive en Inglaterra. Acá en Ezeiza llevamos tres días y gastamos 10.000 pesos en nada, porque lo único que comemos son los combos de McDonald´s», sentenció.

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