Hallacas lejos de casa: el ingenio venezolano para llevar sus tradiciones a la mesa

Estar lejos de la familia, es una de las cosas más duras que les ha tocado a los venezolanos que emigraron por la crisis humanitaria que atraviesa el país. Si durante todo el año la nostalgia dice presente, en diciembre, un sentimiento de añoranza se esconde detrás de cada foto, cada plato y cada canción que escuchan; y es que extrañar se hace mucho más duro en navidades.

Hallacas, una tradición que no se pierde pese a estar fuera de Venezuela. Foto: Cortesía

Pero también, la mayoría se llena de optimismo para seguir adelante y se las ingenian para trasladar las costumbres típicas del venezolano y llevar el tricolor a otras tierras.

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Sin hallacas no hay Navidad 

Yuly Ruiz, tiene 48 años y dos en Argentina; como la mayoría, emigró no por elección; la situación crítica del país la hizo tomar un par de maletas junto a su esposo, solo 100 dólares en el bolsillo y emprender un viaje a otras tierras, sin nada asegurado y lleno de incertidumbre.

Esta es su cuarta Navidad lejos de casa, y aunque fue un año difícil decidió darle vida a su mesa estas fechas, y a través del plato típico navideño, sentirse más cerca de casa. Tenía todo en contra para hacer las tan esperadas hallacas, altos costos y una supuesta escasez en las hojas, pocos ingredientes en su nevera, y presupuesto bajo, pero lo logró.

“Yo acostumbro a comprar los ingredientes con tiempo, pero este año todo fue de momento, improvisado, fuimos juntando hasta que logramos hacerlas. No podía faltar mis hallacas en la mesa”.

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¿Hojas caídas del cielo?

Esta semana el descontento se hizo presente en los venezolanos en el país sureño, por el sobreprecio notable con el que muchos negocios de connacionales vendieron las hojas, alegando además que estaban agotadas. Fueron muchas las familias que quedaron sin la posibilidad de comprar hojas este año, pero también el ingenio salió a relucir.

A falta de hojas compradas, unos las envolvieron con papel aluminio, y otros como Yuly, solicitaron el apoyo de sus vecinos argentinos. Cerca de su casa, al oeste de Buenos Aires había visto largas hojas de plátano en diferentes espacios, de inmediato se le ocurrió acercarse con su esposo y pedir permiso para obtener algunas de estas hojas, y sin problemas le dijeron que sí.

Pudo comprar solo un paquete de hojas, por lo que estas regaladas venían como caídas del cielo para completar su misión del plato típico. En principio solo tenía un pollo, carne, y pocos ingredientes, pero junto a su hija pudieron completar todos los ingredientes y hacer un  total de 50 hallacas. “Siempre veía en mi recorrido unas hojas de plátano cerca de dónde vivo y pensaba en mis hallacas pero no pensé que iba a terminar acudiendo a ellas. Nuestro plato navideño quedó hermoso y delicioso a pesar de costar tanto, fue con mucho sacrificio y humildad pero lo logramos.”, contó entre risas.

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Ver el vaso medio lleno

Hablar con Yuly es llenarse de optimismo, una sonrisa de principio a fin, y las ganas con las que enfrenta cada momento que le ha tocado desde que salió de su país hace casi 4 años, porque sus primeros intentos fueron en Brasil y Perú.

“No ha sido fácil, no hemos tenido suerte como para conseguir un buen empleo. Mi familia y amigos dicen que tengo un don, dicen que cocino así tenga lo más mínimo y me queda delicioso. Creo que Dios me premió con esa habilidad en mis manos y con la actitud ante la vida”. 

Y aunque siempre trata de ver el vaso medio lleno y agradecer por lo poco o mucho que pueda tener alrededor, cuando se habla de Venezuela su voz se quiebra por completo. “Lo que más extraño de mi país es estar con mi familia, nada como estar con mis seres queridos en mi Venezuela, en mi Venezuela de antier, donde no importaba nada sino compartir en familia”.

Tiene a toda su familia en Venezuela, a su hijo en Perú,y a su otra hija en Argentina con ella, pero pensar que su familia está pasando necesidad le afecta mucho, le sigue doliendo el saber que no se fue de su país porque quiso, sino por obligación. “Ese sentimiento por nuestro país es muy fuerte. No hubiese querido irme de mi tierra, pero nos tocó. Caer y levantarse es lo que toca”.

Ella es la radiografía de muchos migrantes venezolanos, que a diario demuestran que con altas y bajas, la mayor reflexión siempre termina siendo que se necesita muy poco para sentirse feliz. 

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