“Prefiero barrer que robar”: historia de un joven venezolano en Bogotá

Como es bien sabido, la complicada situación social, política y económica que atraviesa Venezuela, como resultado del deterioro constante de la economía, de la hiperinflación, así como del quiebre de empresas y el recorte de libertades sociales y políticas, han llevado a muchos venezolanos a abandonar su país para buscar mejores oportunidades en el extranjero.

Este es el caso de Alejandro Rondón, un joven venezolano que se vio forzado a dejar su país cuando apenas tenía 19 años de edad y, eligió como lugar de destino, a la República de Colombia en compañía de su padre, para buscar una mejor calidad de vida para ellos y su familia.

Ahora es noticia: Aída Merlano, la ex congresista colombiana que es imputada judicialmente en Venezuela

Su historia en Colombia ha sido complicada, ya que luego de dos años (actualmente tiene 21), él aún no ha podido estabilizarse en el país ya que no cuenta con papeles. Inicialmente vivió en el departamento de Sucre, una región costera de Colombia que, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para el 2016 poseía una población de 859.909 habitantes.

Nos contó que allí recibió el apoyo de la comunidad, quienes les brindaban alimentos, así como artículos de primera necesidad, sin embargo, económicamente no era lo que buscaba, ya que no logró conseguir un empleo estable y constante, lo que lo llevó a migrar a otra región de Colombia.

El sitio donde decidió probar suerte nuevamente fue en el Departamento de Antioquia, allí vivió específicamente en Medellín, una de las ciudades más importantes a nivel y que presenta un desarrollo constante en su economía e infraestructura.

En la mencionada ciudad, Alejandro logró conseguir un empleo en un establecimiento de comida, que le permitió, no solo establecerse económicamente en un arriendo y cubrir todas sus necesidades, sino también, a través de una buena administración financiera, traerse a su mamá desde Venezuela, para poder brindarle la calidad de vida que ella se merecía.

Sin embargo, esta etapa de bonanza se vio afectada ya que en muchas ocasiones, la migración saca lo peor de las personas quienes, para bien o para mal, pese a tener un empleo (no siempre formal, pero sí estable) se empiezan a sentir vulnerables de que, por motivos de eficacia, eficiencia y efectividad, sienten que en cualquier momento pueden despedirlos si no se esfuerzan como sus demás compañeros o bien, cuando llegan extranjeros (en este caso venezolanos), que por una menor paga, pueden trabajar la misma cantidad de horas que un trabajador legal.

Más de la historia de Alejandro

El empleo en el establecimiento de comida, Alejandro empezó a tener problemas con sus demás compañeros de forma constante, hasta el punto en el que, por su integridad y, para no causarle problemas a sus empleadores, se vio forzado a abandonar su trabajo para volver a la búsqueda de otra nueva oportunidad.

Las cosas no mejoraron para él y su familia en Medellín luego de ese acontecimiento, por lo que decidieron nuevamente intentar una oportunidad, esta vez en Bogotá, la capital de Colombia, con la esperanza de volver a tener un empleo que le diera buenos frutos económicos como ese que una vez tuvo.

“Prefiero barrer en las calles que robar”, dijo Alejandro

Con los ahorros que él y su mamá tenían, lograron llegar a Bogotá y poder arrendar, además de un sitio para vivir, un pequeño espacio en donde su progenitora vende empanadas, lo cual le permite una independencia económica. Sin embargo, los  ingresos que generan no son lo suficientemente altos como para que Alejandro trabaje allí diariamente.

Luego de saber que sus ahorros mermaron, que no puede trabajar con su mamá y de que no ha conseguido empleo, le preguntamos que si había pensado en caer en la delincuencia, a lo que respondió: “no, yo prefiero tomar una escoba, barrer en las calles y pedir colaboración a quien quiera y pueda hacerlo, antes que ir a robar”.

También nos informó que ha recibido propuestas para delinquir en la sociedad, bien sea robando o vendiendo sustancias psicoactivas y que se ha negado rotundamente, porque su formación, su forma de ser y su corazón, no son así. No obstante, sí ha visto como otros venezolanos, a través de la desesperación han caído lamentablemente en estos actos.

A pesar de que con las colaboraciones no llega a obtener el dinero equivalente a un día de trabajo en Colombia (32.288 pesos colombianos, incluyendo el “auxilio vial”, lo que equivale a unos 38,59 dólares diarios aproximadamente), al llegar a su hogar en “El Restrepo” (una zona al sur de Bogotá), proveniente de la zona donde trabaja (en Cedritos, a unas dos horas de distancia en transmilenio), le dice a su mamá que ya ha comido, para que ella no se preocupe.

Sin embargo, todo lo que Alejandro ha atravesado no le impide salir diariamente a las calles con una sonrisa, ya que está agradecido por el trato que ha recibido en Colombia y está ahorrando para poder comprar “un puesto” de café y alquiler de teléfonos, lo que le permitirá tener un ingreso diario y constante que le permitirá salir adelante y mejorar su calidad de vida.

Sobre Venezuela

Al tocar el tema de la coyuntura política, la gira del Presidente (E) Juan Guaidó y sobre el fin de la tiranía de Maduro y el comunismo en Venezuela, le preguntamos a Alejandro si se regresaría inmediatamente a su país natal y su respuesta fue un rotundo: “No”, ya que considera que, si bien es cierto es beneficiosa la caída del régimen, son demasiados los problemas que tendría que resolver el nuevo gobierno, sobretodo a nivel económico, y por esa razón, preferiría , a pesar de tdo, seguir en Colombia mientras se estabiliza la situación venezolana.

PEP ¿para qué?

A pesar de que él no cuenta sino con su Cédula de Identidad, también le preguntamos si contaba con el Permiso Especial de Permanencia (PEP), ya que, en el 2018, el gobierno colombiano realizó un censo para todos aquellos venezolanos que entraron al país de forma irregular (sin sellar pasaporte o sin poseerlo), y de esa forma, bajo criterios como el de no haber cometido crímenes, proporcionarles un PEP que les permitiría trabajar de manera legal, acceder al sistema de salud, etc.

Alejandro logró obtener este PEP, sin embargo, cada vez que se presenta en algún empleo y, a pesar de contar con ese Permiso, termina solicitándole fotocopia del pasaporte y, como no lo posee, finalizan su proceso de contratación o en su defecto, como él mismo nos contó: “me dicen que no importa que no tenga pasaporte, me hacen firmar y cuando leo, dice que necesito el pasaporte y al final no me llaman”.



Comparte con nosotros tu opinión ¡Déjala aquí abajo!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Volver