Bolívar: «Trabajar en la mina El Sindicato es el infierno a puertas cerradas»

Rafael (nombre ficticio para proteger su identidad), es un joven de 24 años de edad oriundo de Puerto Ordaz, estado Bolívar, que contó su experiencia en exclusiva para Todos Ahora sobre su vida siendo minero al sur de la entidad, específicamente en la mina El Sindicato, una de las más peligrosas de Tumeremo.

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La crisis obligó al muchacho a ir a trabajar a la mina El Sindicato en Bolívar

El joven recordó que salió el 20 de agosto de 2018 a las dos de la tarde de la localidad de El Frío, municipio Sifontes, Tumeremo, acompañado de un amigo.

El muchacho narró que el equipaje que llevaba sobre sus hombros se llama guayare (un bolso tejido) con un peso de 20 kg entre comida, ropa y algunos utensilios de cocina para poder preparar alimentos en el camino.

Para poder llegar a la mina más cercana viajó tres horas en moto y cuatro días caminando, además pasó por una alcabala, que es custodiada por los gariteros, como se le conoce al grupo de hombres que representan las bandas criminales que operan en los pueblos mineros.

Asimismo, en la garita le pidieron información como por ejemplo de dónde venía, a dónde iba, a qué mina, si iba de comerciante o a trabajar la mina. Y aparte de eso, le revisaron el equipaje.

El trayecto a la mina El Sindicato narrado por el joven:

Día 1 caminando

Recuerdo que descansamos en la primera garita, en el sitio estaba cerca un río, agarramos agua para cocinar, y después de preparar algo de comer recogimos todo y continuamos caminando.

Sin embargo, por falta de una linterna no continuamos, nos quedamos en medio de la nada, guindamos los chinchorros y descansamos hasta el siguiente día.

Día 2 caminando

Ese día no preparamos nada de comida por falta de agua, nos alimentamos con una lata de atún para los dos, recogimos todo y seguimos caminando hasta las 12:00 a. m. En el lugar encontramos un riachuelo, y tomamos mucha agua, ya que estábamos deshidratados.

Asimismo, cocinamos, pudimos bañarnos, beber agua, y también descansamos un rato. En ese momento llegaron unos motorizados que se dirigían a la mina El Sindicato y nos dijeron que a dos horas estaba otra garita, nos alistamos rápido y nos fuimos.

 Día 3 caminando

Caminamos por dos horas para poder llegar hasta la garita, acampamos ese día con un aproximado de 50 personas, nos sentimos más seguros estando acompañados.

 Día 4 caminando

 A las 6:00 a. m. nos fuimos sin comer porque no teníamos con qué y en el camino conseguimos agua para beber. Sin embargo, mi cuerpo estaba muy débil, así que aprovechamos para descansar.

Las personas que estaban en el sitio nos preguntaron a dónde íbamos y qué íbamos a hacer allá. Estando en el lugar le pedí la cocina prestada al dueño de la garita para poder cocinar, nos bañamos, y llenamos pimpinas con agua para beber en el camino.

Después de cinco horas caminando el cuerpo me pedía reposo, me sentía colapsado, vomité, boté toda la comida y el agua, tuvimos que quedarnos en un pueblito llamado La Pica, justamente llovió, nos mojamos toda esa noche, y pasamos mucho frío.

 ¿Cómo es vivir y trabajar en la mina El Sindicato siendo tan joven?

 “La vida en las minas se resume en cumplir normas y trabajar. Quien se descarría, paga caro las consecuencias”, relató Rafael, quien se vio forzado a trabajar en la minería desde muy joven para poder sostener económicamente a su familia. Tiene tres años en el sur de Bolívar, y con su actual trabajo ha podido ayudar a su madre que sufre de cáncer colorrectal.

Después de cruzar la garita, sortear a los hombres armados, y caminar cuatro días sin parar fue posible encontrar la mina buscada, un lugar que fácilmente se puede comparar con una cárcel a cielo abierto.

El joven asegura que se trata de un infierno a puertas cerradas, pero lo dice con temor, por miedo a represalias de parte de quienes ejercen el control en la mina El Sindicato.

En la mina trabajan aproximadamente 200 mineros, siendo custodiados por delincuentes (encargados del orden y son los que piden oro como forma de pago al terminar el proceso de trabajo).

La vida de los mineros es difícil

El joven contó que la vida de los mineros es difícil, ya que el trabajo no es seguro, la comida se acaba rápido y no se consigue oro de inmediato para comprar alimentos, tampoco tienen seguridad de un techo para poder vivir en condiciones dignas.

«Tenemos que vivir el día a día buscando la manera de producir en donde haya un chance para trabajar y conseguir un lugar, para que al final entre los malandros y los molineros te quiten el 45% de lo que haces o lo que produces», dijo el muchacho.

Dentro de una mina se sortean tantas cosas como por ejemplo el deseo de pertenecer a una banda criminal, el joven contó que muchas veces pensó que era la única salida para su desafortunada realidad. «Quería formar parte de los gariteros, quería ser malandro, ellos ganan más por amedrentar a la gente», dijo.

Mina El Sindicato en Bolívar / Foto.

Grupos criminales

Aunque no hay reglas escritas en ningún lugar, Rafael sabe que los grupos criminales que operan en la mina El Sindicato han instaurado una suerte de semáforo de violencia.

El muchacho contó que a la primera falta, el minero recibe una paliza, paga una multa o debe irse de la mina. Si incurre en un delito, se le mutila alguna extremidad del cuerpo. A la tercera, el castigo es la muerte por descuartizamiento.

Rafael explicó que su intención no era ser delincuente, pues sí lo pensó. Sin embargo, nunca llegó a concretar con los gariteros porque tenía miedo de no volver a casa.

 La mina El Sindicato en Bolívar le ha dejado marcas para toda su vida

 Las cicatrices que lleva en sus piernas, manos y rodillas son la consecuencia de tener que trabajar en una mina donde los delincuentes ganan más por mandar, y los mineros trabajan día y noche esperando que la situación mejore.

Por otro lado, debido a la Emergencia Humanitaria Compleja (EHC) los jóvenes entre 18 y 30 años de edad en Bolívar, ya piensan en trasladarse a las minas a buscar un mejor futuro, sin saber que la realidad que les espera es diferente.

Este es el caso de Rafael un muchacho que se trasladó a la  mina El Sindicato, esperanzado de que encontraría estabilidad económica, pero lo que nunca se imaginó es que sería el infierno a puertas cerradas.

 

 

 

 

 

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