En medio de la desidia, Maracaibo conmemora sus 491 años

Pese a las dificultades que se han visto obligados a padecer, la calidez de su gente y el caluroso clima diferencian a Maracaibo con otros destinos; siempre jocosos, las ocurrencias de los marabinos sacan una sonrisa al más gruñón.

Este 8 de septiembre, la primera ciudad de Venezuela está de cumpleaños. Irónicamente, Maracaibo, tierra donde se encendió el primer bombillo eléctrico del país y funcionó el primer teléfono, cumple sus 491 años totalmente apagada. Esta situación se debe a una severa crisis eléctrica que arrebata a los hijos de la Tierra del Sol Amada la alegría y las ganas de celebrar su aniversario.

Ahora es noticia: Festividad a la Virgen del Valle: la fe a vallita se demuestra en una celebración distinta

Golpeada por la crisis

¿Nada que celebrar? Golpeada por los embates de la crisis del país, aquejada por la escasez de agua y apagones, este nuevo aniversario de la capital zuliana, que la sitúa a escasos 9 años de cumplir medio milenio, encuentra a la tierra amada por el sol sin el vigor que antaño la caracterizó.

Maracaibo cumple un nuevo aniversario en medio de grandes carencias. En la calle, los ciudadanos claman por más muestras de cariño para la ciudad. Muchos se preguntan cómo la capital petrolera del país luce en tal estado de abandono, con calles deterioradas, sin semáforos ni alumbrado público, sin sitios de recreación aptos.

Sus habitantes quisieran no tener los ánimos por el suelo para conmemorar su día, pero la realidad de cada ciudadano es tener que vivir todos los días con horas de desvelo sobre su cuerpo, aunado a la grave situación económica que golpea el bolsillo del venezolano.

Debate histórico

El 8 de septiembre de 1529, el alemán Ambrosio Alfinger, quien fue el gobernador de la primera provincia venezolana, bautizó la capital zuliana como “Villa de Maracaibo”, pues carecía de un cabildo que le confiriera el carácter de ciudad al momento de su asentamiento.

Tuvo cuatro nombres; “Nueva Anda Lucia”, la llamó Alonso de Ojeda en 1501; Alfinger la nombró Villa de Maracaibo en 1529; Alonso Pacheco la renombró como Ciudad Rodrigo en 1569; y en 1574, Pedro Maldonado la consagró como Nueva Zamora de Maracaibo.

Al otro lado del puente General Rafael Urdaneta, un voseo autóctono de la metrópolis y un coloquial “¡Qué molleja, primo!” reciben a foráneos que visitan la Basílica de la Chinita, la Plaza Baralt, el Malecón, la Vereda del Lago, la Iglesia Santa Bárbara y el bulevar Santa Lucía.

Poco para celebrar y mucho que lamentar en Maracaibo

Los habitantes se quejan de las condiciones en las cuales se encuentra Maracaibo, sin que ninguna autoridad ofrezca respuesta a sus demandas. Para los ciudadanos uno de los más grandes problemas son los cortes de electricidad, que se puedan dar a cualquier hora del día.

Maracaibo, la ciudad que fue fundada en tres oportunidades, demostró de sus inicios su tenacidad por permanecer en el tiempo, una lucha constante ante las adversidades que la ha hecho fuerte para enfrentar situaciones difíciles para brillar con luz propia.

Vías casi desoladas y en completa penumbra, repletas de basura y escombros; kilométricas filas de vehículos a las puertas de las gasolineras, y decenas de personas cargando todo tipo de envases plásticos con agua, se han convertido en la escena constante de la ciudad occidental de Maracaibo, la segunda mayor de Venezuela.

Sólo queda el recuerdo de sus luminosas y modernas avenidas en las que era fácil cruzarse con lujosas camionetas tripuladas por ricos hacendados o empresarios vestidos a la última moda que hacían pensar a muchos en el esplendor de un país petrolero.

Comparte con nosotros tu opinión ¡Déjala aquí abajo!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver