Día 88: José, un joven que perdió la fe durante la cuarentena

Mi nombre es José. Me siento frustrado como todo joven en estos tiempos de cuarentena. Acostado en mi cama, con la luz apagada, y los audífonos puestos y sin poder evitar sentirme mal por muchas cosas.

Así transcurre todo

Se supone que me graduaría este año y ese logro se sumaría al del 25 de marzo, la fecha de mi cumpleaños. Un día en la que quería celebrar doble, brindar doble, y gritar doble.

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Vivo con mis padres: Maritza y Fernando, y mis dos hermanos Maria y Emilio. Estando en casa todos hemos aprendido a conocernos.

Siempre mantuve la idea de que conocía a mi familia, pero con la cuarentena los he conocido mucho más. Todos somos muy diferentes. Nuestra única similitud es nuestro apellido el cual no me importa tenerlo.

Este tiempo en casa me hizo conocer una parte de mi familia que no conocía, y es que, mientras estamos encerrados no conversamos, no jugamos, no reímos. Por un momento llegué a pensar que el problema era yo, pero no.

Cuando los problemas económicos apremian

Martes 9:50pm

Como todas las noches, mi casa es muy silenciosa, los rostros de mis padres reflejaban agonía. Siempre me preguntaba ¿qué pasaba? ¿Por qué actuaban tan indiferentes conmigo?

El martes por la noche me levanté de mi cama porque escuché ruidos en el pasillo de mi casa, caminé despacio para que nadie se de cuenta de mi presencia, y en la cocina estaba mi mamá conversando con mi papá sobre la situación económica de la casa.

Mi madre se dirige a mi papá para decirle que no puede más. «Ya no tenemos casi dinero ¿Cómo le decimos a nuestros hijos que la empresa no está produciendo y que deben empezar a olvidarse de muchos beneficios?

Martes 10:30pm

Por su parte, la respuesta de mi papá se limita a un «Maritza ¿en qué momento Dios nos abandonó?».

Mi padre asentando la cabeza le repetía a mi madre que «Dios nos había abandonado». Sus argumentos se sustentaban en la pandemia, la crisis. De todo ello responsabilizó a Dios.

Siempre fuimos creyente del amor de Dios, sobre todo mi padre, por eso era raro oírlo hablar de esa manera, no creía lo que estaba escuchando.

Sí, tenemos graves problemas económicos en casa y sin darme cuenta le reproché muchas veces la atención a mis padres. Pensé que no me querían, que merecía atención, pero entendí que la misma situación los tenia deprimidos.

Mis padres se abrazaban y se consolaban mutuamente. La única opción que tenían era su fe y encomendarse a Dios. Y a pesar de lo contradictorio de sus palabras, ellos estaban seguros que Dios era suficiente para enfrentar esta crisis en el hogar.

Martes 11:30pm

En ese momento entendí por lo que estaban pasando mis padres, las dificultades y problemas económicos habían arropado a mi familia.

Esa noche me encerré en mi habitación, no quería estudiar y no quería comer, la depresión estaba arropando mi vida, e incluso me mantuve despierto toda la noche pensando qué podía a hacer para ayudar a mis padres, esa misma noche le escribí a un amigo, que vende y compra teléfonos, y así vender mi celular y otros aparatos electrónicos que tenía guardados en una caja.

Miércoles 8:00am

La madre toca la puerta del cuarto, José abre y sonriente le da un abrazo, la madre lo abraza y le pide perdón por todo lo que había pasado días atrás, josé le susurra al oído:

-Madre te quiero, todo saldrá bien, voy a vender mi teléfono y con eso invertimos en   algo.

-No hijo, entre todos podemos ayudar, le dice la madre.

-No perdamos la fe, madre.

La madre de José tuvo dos semanas en depresión, su padre trataba de afrontar la situación, sus hermanos se rebuscaba como podía, José trataba de sacar su carrera universitaria  en medio de la cuarentena, con la esperanza de poder graduarse, aunque José vendió su teléfono para ayudar a sus padres, este duro escenario de la pandemia ha causado en su familia un desgaste emocional y económico.

Como toda las familias en el mundo, ellos no estaban preparados para afrontar esta terrible realidad.

Foto: Cortesía

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