Día 85: El Zulia vive una crisis de nunca acabar

Mi día inicia a las 6:00 de la mañana y termina a las 7:00 de la noche. El resto de las 11 horas del día son «un verdadero calvario». En mi sector, en el municipio San Francisco, se raciona la energía eléctrica sin horarios fijos durante la noche y la madrugada.

El Zulia está pasando por uno de los momentos más complejos de su historia contemporánea. Todo esto vino después del apagón, o sabotaje eléctrico, según se quiera leer, experimentado en el país el pasado 07 de marzo, del año 2019.

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Omar Prieto, gobernador impuesto por el régimen, y Willy Casanova, alcalde de Maracaibo, indicaron que los racionamientos disminuirían. Pero hasta la fecha continuamos sufriendo las consecuencias de la corrupción, la desprofesionalización del sector y la indolencia. Y si protestamos solo recibimos represión.

La inseguridad alimentaria se agrava debido a que algunas familias solo tienen en sus hogares cocinas eléctricas. Al no poder utilizarlas por las persistentes fallas se ven obligadas a cocinar en leña, o simplemente se acuestan sin comer.

Mi vida y la de miles de personas en la región zuliana se reduce a su mínima expresión. Sin servicios se derrumban las posibilidades reales de leer, informarse, comunicarse, dormir, entretenerse, acceder a internet. O simplemente llevar una vida normal y hasta trabajar.

La crisis de sentido

La marcada ausencia de alimentos, suministros básicos, crisis sanitaria, inseguridad, deterioro de los servicios públicos y desabastecimiento, hacen de mi vida en la entidad un modo de supervivencia post apocalíptico. La región zuliana es un verdadero caos. La asistencia médica es precaria, la deserción escolar básica y universitaria es la más elevada de todo el país.

La hecatombe del sistema eléctrico nacional cambia las dinámicas diarias de la ciudadanía: dependiendo de la hora en la que quitan el servicio cambia completamente el día. Con luz las horas “vuelan”. «Cada minuto vale oro porque lo que hacíamos antes durante el transcurso del día ahora debemos hacerlo en solo unas horas porque nunca sabemos qué pueda pasar».  

A esta crisis que padecemos los zulianos, en general, se le agrega las complejidades del manejo del distanciamiento social. Decretado a nivel nacional en respuesta a la pandemia de la COVID-19. 

La prohibición de funcionamiento de toda la actividad comercial, hace que la población se vea forzada a permanecer confinada en sus hogares. Con el consiguiente aumento de la demanda eléctrica residencial, ante una precaria situación.

Crisis de agua y aparición de enfermedades

Centenares de localidades de la entidad no reciben agua potable por tubería desde hace más de una década. Y en plena crisis de coronavirus, donde la principal recomendación es lavar constantemente las manos, se nos hace imposible ejecutar la medida.

Muchos son los sacrificios que inventamos para conseguir al menos una pimpina con agua para ingerir, cocinar y asearnos. Nos hemos visto en la obligación de gastar más de lo que ganamos en los camiones cisternas o simplemente almacenar agua de la lluvia.

La escasez ha generado la aparición de enfermedades en la piel. También de zancudos, dengue, escabiosis y hasta difteria porque muchos optamos por usar hasta el agua que destilan los aires acondicionados para bañarnos y lavar los platos. Los habitantes seguimos padeciendo las consecuencias de la desinversión nacional y regional.

Atormentada y en emergencia

Para mí, la llamada «tierra del sol amada» es hoy un crisol de problemas donde los más afectados somos sus pobladores. Condenados a situaciones inhumanas, racionamientos eléctricos, vivir sin internet, ni telefonía residencial, con agua potable racionada, rodeados de basura y con miedo a la inseguridad.

Todo este sinfín de problemas han influenciado significativamente en el estado de ánimo y humor de todos los que habitamos y padecemos la terrible situación. Especialmente cuando es de noche. No dormir bien tiene consecuencias en el bienestar físico y mental de quienes lo padecemos.

Pese a que en la actualidad continúa el deterioro en medio de los racionamientos y carencia de los servicios públicos en general, las personas hemos creado cierta resiliencia ante esta situación. Se trata, en la medida de lo posible, de no dejarse afectar.

Una tragedia silenciada

Hemos enfrentado por más de un año condiciones adversas. Estas van desde cortes de electricidad, extendidos a varios días, limitaciones para conseguir alimentos, medicinas y agua potable. Las restricciones en el suministro de combustible y el casi inexistente servicio de transporte, a pesar de ser una región con importantes reservas de petróleo.  

La vida para nosotros los zulianos no es digna. Nuestra rutina normal es una tragedia silenciada. Sin poder comprar comida refrigerada por miedo a que se dañe. O vivir al margen del transcurrir del día a día. Se necesita una vida completa para poder contar la triste realidad y el infierno que vivimos los ciudadanos del estado petrolero de Venezuela en medio de la COVID-19. Es triste como día a día se te aminora el sueldo o ganancias mientras no puedes salir de tu casa. Sin electricidad, sin gas, sin telefonía, sin internet y sin agua.

One response to “Día 85: El Zulia vive una crisis de nunca acabar

  1. Mejor descripcion imposible. Solo le faltó escribir que a pesar de esa crisis , los zulianos siguen componiendo y cantando gaitas , que las 60 y pico de emisoras FM siguen al aire y que aun , a pesar de todo , el zuliano no ha perdido su humor y su esperanza. Un ejemplo de ello , las riñas callejeras NO SON NOTICIA ni aparecen como causal de notas policiales.

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