Día 66: Ansiedad por culpa del sistema eléctrico

Decidí dividir el día en cuatro bloques de los cuales dos se supone que debo tener sistema eléctrico y los otros dos no. Esto para tratar de coordinar con el nuevo Plan de Administración de Carga (PAC) donde la rotación entre la ida y venida de la luz “será cada seis horas” según Corpoelec y su séquito de autoridades.

Recuerdo el marzo del 2019, ese mega apagón que oscureció al país durante cinco días continuos. Por las redes rodaban recomendaciones para mantener la calma y la principal de ellas era tratar de no abandonar la rutina. Que el cuerpo y la mente sigan manteniendo actividades cronológicas. Aunque los cortes de luz son “momentáneos” no elimina la continuidad. Ese es el comienzo de la ansiedad.

Mi subconsciente tratando de mantener la cordura pensó en este plan estratégico donde se agenda por bloques durante el día, dos con aquellas actividades que necesariamente necesite la electricidad y otros dos donde puedo sustituir esa prioridad o realizar tareas que no necesite el servicio.

Ya con una rutina armada y un cálculo estimado, nada puede fallar, frase usada para dar fortaleza aunque se esté consciente de que en Venezuela todo es incierto y cualquier cosa puede pasar. El PAC funcionó unas dos semanas. Luego las seis horas se convirtieron en ocho, después en 10. Unas veces subía a 12 o 18 y otras bajaban a dos o cuatro horas, sin contar los continuos bajones donde los bombillos parpadean y luego deslumbran con ansias de explotar.

Aquí nada sorprende, si para la época de Truman Capote en Caracas era posible que media casa alumbrara y la otra oscureciera por una pequeña falla, según el relato del Poster un suceso común que poca extrañeza causaba en otra época, en otro gobierno, en otra Venezuela ¿Qué se puede esperar para estos momentos? El PAC no es el comienzo, tampoco el final, todo puede empeorar. Puedo deducir que apenas vamos, todavía, en el 50% de lo que depara el Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Aunque los cálculos muchas veces no son exactos, y salto de la emoción cuando logro el estimado, ya que significa un alargue de vida para cada electrodoméstico y dispositivo eléctrico apagado o desenchufado a tiempo. Sin embargo continuó con mis cuatro bloques agendados, unos con más horas que otros pero siguen siendo cuatro.

En Mérida se puede decir que la luz llega a rato, los índices de estrés y de ansiedad se han elevado. A veces no se sabe que es peor; esperar que la luz llegue o esperar que la luz se vaya. Ese temor de no saber cuándo la quitarán, si no te preparas a tiempo y algún equipo se te llega a quemar.

Una especie de rutina para calmar la ansiedad

Tan solo para ponerlos en contexto, el día tiene 24 horas y comienza a las 12:00 AM. Llega la luz. Lo que significa que se pudo haber ido a las 6:00 PM del día anterior o antes. Todo depende del ánimo con el que trabajen los «amigos» de Corpoelec.

Dura aproximadamente cuatro horas. A las 4:00 AM suspenden en el servicio. Este sería el primer bloque con luz. Para dormir hay dos opciones; una acostarte el día anterior temprano a eso de las siete u ocho de la noche o esperar despierto a que se hagan las 12 y dormir a partir de las cuatro.

Seguiría el primer bloque sin luz desde las 4:00 AM hasta las 12:00 PM y así sucesivamente dando un resultado de ocho horas con servicio eléctrico y 16 en tinieblas. Aunque esto de las rutinas todos lo manejamos diferente.

Por ejemplo, mi amiga Emily Fernández me cuenta que su rutina depende de la luz. Igual que la de todo freelancer en estas condiciones. “Trabajo con mi computadora y no me afecta tanto el internet porque trato de buscar lo que necesito y tenerlo a la mano para trabajar diseños, textos y lo que necesite, pero igual la compu no me aguanta mucho sin luz”.

Ella también se crea sus propios monólogos en esto de mantener la calma porque además, del desastre eléctrico se lidia con una pandemia que conllevó a una cuarentena, donde se agudizó todo tipo de servicio público.

“Yo estoy al borde de la locura y sé que muchos están igual que yo. Es una cosa que amanece y digo ¡Ay! Tengo luz, voy aprovechar. Tengo que hacer esto y lo otro. Cargar el teléfono, el jugo del almuerzo… La luz se me va ir a tal hora. Resulta que no se va a la hora y eso me da más ansiedad porque pienso que ya casi se va, que falta poco y me pongo más loca porque no se va cuándo  le corresponde. Me da más ansiedad el saber que pronto se irá y no se va, todo en cuestión de minutos».

«Luego por algún momento pienso que no se va por ejemplo, al medio día sino a las dos de la tarde, pasan 10 minutos y quitan la electricidad. Paso todos los días pensando en eso, creo que le estoy dando fuerza a ese hecho», dijo.

«Mi discurso: Se va ir la luz, se va ir la luz, ¿qué raro que no se ha ido la luz?, de seguro ya cambiaron de horario porque se tenía que ir a las siete”. Me cuenta Emily en una conversación habitual para los jóvenes ahora.

Antes se habla de temas más interesantes ahora se discute cuánto dura la luz, cuántas horas de sueño se ha perdido y el retraso que puede generar en el trabajo si no te levantas a la hora que sea que la luz aparezca.

Una consulta virtual

Mérida es el primer estado de Venezuela con mayor tendencia a los suicidios seguido de Trujillo. La COVID-19 más la crisis social y económica ha agrandado esta situación. La ansiedad en casos graves y sin ningún tipo de atención, puede llevar a la muerte.

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) activó varios grupos de apoyo que ofrecen ayuda a quienes lo necesitan.  La Federación de Psicólogos de Venezuela ofrece ayuda gratuita a la población y en su página www.fpv.org.ve “ofrece una guía de apoyo emocional en tiempos de Covid-19. Dicha publicación ofrece tips para sobrellevar la cuarentena”.

Por otro lado, en la cuenta de twitter @fpv_vzla, la federación da ayuda permanente a través de la línea 0212-416.31.16 o 0212-416.31.18.

Aunque para tener una definición más exacta de lo que estamos hablando; la ansiedad por producto de los constantes cortes eléctricos, está la psicóloga Yorelis Acosta; psicóloga clínico y social. Jefa del área sociopolítica del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Cendes UCV).

Acosta afirma que “la ansiedad está entre las enfermedades mentales más comunes, cerca del 12% de los adultos se ven afectados por los trastornos de ansiedad cada año. Enfrentan síntomas como nerviosismo, agitación, tensión, corazón acelerado y dolor en el pecho, entre otros”.

Sobre los síntomas, varían según la persona e identifica términos similares a este padecimiento que solemos combinar con el estrés y la angustia. “Se han descrito cerca de 100 síntomas psicológicos, físicos, conductuales, cognitivo y sociales. Pero son dos los principales que definen el sufrir de ansiedad; un estado de alerta constante con una alta activación fisiológica y un pensamiento anticipatorio trágico”.

Entonces, según esa definición tendríamos la siguiente ecuación: el estado de alerta es ese mantra incierto del no saber cuándo se irá la electricidad y el estar preparado para cuando el momento llegue, sería el pensamiento anticipado trágico que promueve la negatividad de un deterioro para los electrodomésticos, el sueño o la comida.

También, Acosta afirma que “la ansiedad se presenta cuando estamos frente a un peligro real o imaginario y no es del todo una enemiga ya que, en muchos casos nos prepara para reaccionar rápidamente y enfrentar aquello que nos preocupa. Es decir, nos activa”.

Para no confundir términos, la psicóloga aclara que “la ansiedad, estrés y angustia se usan como sinónimo. En todos se produce una reacción caracterizada por una alta activación fisiológica, el estrés es un proceso más amplio de adaptación al medio. La ansiedad es una reacción de alerta ante una amenaza y la angustia hace referencia a una sensación más física caracterizada por una presión en el pecho, en el estómago y se acompaña de un temor inminente de morir o de perder el control”.

A veces los adultos nos enfocamos tanto en los problemas y sin saber cómo perciben esta situación los pequeños de la casa. Resulta que la ansiedad la vemos en niños, porque no escapan a comprender las situaciones del contexto actual. Hay situaciones que quitan tranquilidad y por tanto quitan salud mental.

Esa intranquilidad en la que vivimos, ese estado de alerta, ese sobresalto o el sentirnos vulnerables, el no tener control de algunas cosas, ese contexto incierto. Porque además cuando pensamos en los servicios públicos y hay un cronograma para que te llegue el agua o para el racionamiento eléctrico, esperas que eso se cumpla y eso da, cierta molestia pero a la vez cierta tranquilidad para poder organizar las actividades diarias. Pero, dan unas normas que no se cumplen, un horario que no se cumple. Entonces, eso genera mucho más malestar.

“Hay gente que está deprimida, hay gente que está desesperada y si todo eso se une a que perdiste el trabajo o que donde trabajabas no está abierto en este momento por el aislamiento o los temores que posiblemente puedas perder el trabajo, que se acaben los ahorros. Todos esos son elementos que están acabando con la tranquilidad.

Todos tenemos nuestras preocupaciones, pensemos ahora en el inicio a clases y le cambiamos todo el esquema de estudio. Incluso los más grandes, los adolescentes, la gente de la universidad tampoco se siente en calma con esta nueva forma de estudiar porque se dieron cuenta que no tienen todas las competencias o porque no tienen un buen internet o porque tienes una computadora que se debe compartir con otros miembros de la casa. Entonces todos estamos afectados y nos vemos alterados emocionalmente.

Por ejemplo, el año pasado estaba de viaje en Barquisimeto y una señora me dijo “¿Usted es la profesora de las emociones? Es que cada vez que se va la luz mi hija se viene en sangre” O sea la niña se asusta, porque interpreto yo que también puede haber un manejo desde el miedo de la familia, una mamá que también pierde el control porque aunque tú te cuides puede ser que hay días que te sientas más susceptible o que todo te sale como al revés, entonces hay que tener mucha fortaleza emocional para poder ir sobrellevando estos procesos” cuenta la psicóloga Acosta en referencia de algunas situaciones vividas.

En un informe reciente de la OVV Mérida revelan algunos suicidios presentados durante la cuarentena y establecen que “este confinamiento trae para muchos un efecto anímico que, de no controlarse, podría afectar a quienes están en el encierro. En el mes de abril, en la población de Santa Cruz de Mora, un hombre de 39 años se quitó la vida, aparentemente producto de una depresión. De acuerdo a la reseña de los medios, la víctima se ahorcó en su residencia luego de sobrellevar una depresión por no poder salir a trabajar como obrero.

Una zona alejada

Carmen Fernández en Mucutuy, en uno de los pueblos del sur de Mérida, vive la falta de servicio eléctrico desde otra perspectiva. Allá no existe el PAC, simplemente días continuos sin luz o sin señal. Quien logra cazar una barra de cobertura en algún punto del día o zona del pueblo, corre la voz para que todos los habitantes alcen su brazo y logren comunicarse con el mundo exterior.

Ella se queja de que no puede tener ni cinco minutos de distracción o entretenimiento a través del televisor, porque el internet es muy escaso. En Mérida, sobre todo en los pueblos, han implementado el internet satelital y los vecinos que piden prestado un poco del servicio, deben pagar la tarifa establecida por el dueño.

“Cuando nos sentamos frente al televisor es el momento donde podemos distraernos, así sea solo con canales nacionales. Pero, hasta para eso sufrimos niveles de tensión porque ni siquiera se puede uno distraer luego de un día de trabajo debido a la falta de luz” desahoga Carmen de forma deprimida pues, también comenta la falta de mantenimiento en los alimentos y los atrasos en la producción agrícola para quienes no cuentan con alternativas como una planta eléctrica.  

Una solución fracasada

Por WhatsApp existen grupos establecidos por ciudadanos de diferentes zonas del estado y reportan a diario cuando la luz llega o se va en sus hogares. Además, circula la información actualizada de Corpoelec y de la misma forma si han sufrido alguna perdida debido al deterioro eléctrico.

Una madre comenta que “el tema de la electricidad ya se está tornando delicado a nivel emocional, ya que, no es solo este, viene aunado el encierro, la falta de comida, de trabajo… El tener que permanecer encerrado en tu casa y a oscuras, sin poder hacer nada, considero yo que ya es un tipo de castigo, de tortura,  es como querer acabar con la vida  de los ciudadanos poco a poco. No sé si han leído en algún momento, aquella tortura que existía, en donde amarraban a la persona y constantemente le caía una gota de agua las 24 horas del día, lo que terminaba con la muerte de este y si no, un daño psicológico súper fuerte”.

Mientras tanto el Plan de Fortalecimiento del Sistema Eléctrico trabaja en mejoras del parque de Generación para normalizar el servicio en Los Andes.

La razón que acuñan a las fallas es “debido a la fuerte sequía que se registra en el país, los embalses de las dos centrales hidroeléctricas han alcanzado la cota mínima de la represa, por lo que la generación hídrica se encuentra minimizada”.

Y por supuesto, dan una solución denominada “Plantas térmicas, una ayuda extra” donde Corpoelec trabaja en la recuperación de las unidades uno y dos de la Planta Don Luis Zambrano, ubicada en El Vigía, municipio Alberto Adriani del estado Mérida.  “Esta central tiene la capacidad de generar con la M01 = 120MW y M02 = 60 MW para un total de 180MW”.

Lo que es verdad, es que el sistema no da abasto para todas las zonas que ocupa ya que “el parque generador de los andes, distribuye la energía -de manera equitativa- entre los estados Táchira, Mérida, Barinas, Trujillo y Alto Apure, por lo que la producción realizada es compartida entre estos cinco estados, a los cuales -debido a la baja generación- también se les está aplicando el Plan de Administración de Carga en estos momentos, con el mismo porcentaje de afectación y en bloques de seis (6) horas”. Información emitida por Prensa CORPOELEC – Oficina Táchira.

A pesar de todo el desastre, la psicóloga Acosta sugiere que “la incertidumbre no es un estado emocional y debemos aprender a vivir con ella. Lo que se hace para que aparezca la ansiedad es: agrandar los peligros y minimizar los recursos.

Las técnicas para disminuir la ansiedad es manejar las situaciones de manera menos amenazante, entrenar en habilidades sociales como la solución de problemas o la toma de decisiones. Pero, también hay maneras naturales de disminuir los síntomas; hacer ejercicio para quemar la energía producida por la ansiedad, la relajación y la meditación ayuda a reducir los pensamientos apresurados. Igualmente, llevar un diario u otras formas de escritura pueden ayudar a lidiar mejor con la ansiedad”.

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