Día 52: Colas por gasolina, una experiencia denigrante en Carabobo

Desde hace varias semanas el país ha estado padeciendo la falta de gasolina, algo irónico tras ser un país petrolero. A través de las redes sociales me he dado cuenta del caos que esto ha producido y es que eso agregado a toda esta pandemia que nos ha tenido nerviosos a los venezolanos por la caída de la economía, han sido dos factores que definitivamente significan una pesadilla.

Mi nombre es Jesús Rojas, soy carabobeño y padre de familia, vivo en el municipio Guacara. Como todos, me he visto en la gran necesidad de surtir gasolina a mi vehículo. Sin embargo, la obtención del combustible la definiría como una humillación a los ciudadanos. Las largas colas, irrespeto de las autoridades, corrupción y descontrol son solo algunas de las cosas que se vive a diario en la eterna espera.

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Hace un par de días hice mi más reciente cola. Antes de irme como es de costumbre, mi esposa me entregó una lonchera con arepas y un termo con el café que tanto me encanta. Llegué a las 12 del mediodía y no podía creer la cantidad de carros que tenía antes de mi, fui el número 493 y desde entonces inició el proceso de espera.

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El orden de los vehículos dependía de acuerdo a la ubicación del tanque de la gasolina y la coordinación estaba bajo responsabilidad de un general quien se ganó a pulso el desprecio de los que estábamos presentes por el irrespeto y abuso de poder que ejercía en el lugar. En muchas ocasiones manifestaba cosas como “ese carro no me gusta, sáquenlo que hoy no va a surtir” sin importarle el sacrificio que la persona haya hecho.

La delincuencia en las colas

Al llegar la noche admito sentir nervios porque estábamos en una zona peligrosa, sabía que la delincuencia tenía a su merced una gran variedad de víctimas y así fue, me convertí en testigo del asalto realizado a una señora muy cercana a mi puesto de espera donde le arrebataron su teléfono celular unos motorizados y como era de esperarse nadie la ayudó. Sin embargo, al día siguiente rastreó mediante el GPS su dispostivo y reflejaba que el ladrón estaba bastante cerca, espero lo haya descubierto.

Fue sin dudar una noche donde el sueño y yo mantuvimos un contundente divorcio. No quería saber nada de él tras vivir la experiencia del robo. Al amanecer sentí el cansancio acumulado de esa noche. Pero, el entusiasmo hizo gala en mi al ver llegar el camión de PDVSA exactamente a las 5:00am hasta que la corrupción hizo caída y mesa limpia.

Muchos fueron los beneficiados del contacto directo con los guardias al punto de descubrir que inicialmente surtieron 100 personas protegidas por lo mismos y luego nosotros. Un hecho que marcó en todos indignación al punto de levantar nuestra voz exigiendo el derecho que por correspondencia teníamos y fue entonces que empezó el proceso de surtido luego de horas de estrés, descontrol, hambre y molestia.

Finalmente, retorné a mi hogar exactamente a las 4:00pm cumpliendo 28 horas de espera por la gasolina. A partir de ese momento surgió en mi una interrogante con gran peso de curiosidad ¿Qué más se puede humillar al venezolano? Estamos viviendo una muy difícil situación y sin rumbo de mejora. Toda esta experiencia es denigrante y deprimente, pareciera que este hueco cada vez se vuelve más profundo.

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